{"id":19893,"date":"2009-08-18T07:25:17","date_gmt":"2009-08-18T05:25:17","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/avenida-pio-xii\/"},"modified":"2009-08-18T07:25:17","modified_gmt":"2009-08-18T05:25:17","slug":"avenida-pio-xii","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/avenida-pio-xii\/","title":{"rendered":"Avenida P\u00edo XII"},"content":{"rendered":"<p>Se ha discutido mucho acerca de la conveniencia del cambio de nombres de calles, plazas y avenidas y ensanches, referentes de significados militares, que con s\u00f3lo pronunciarlos evocaban dolor, mucho dolor, en la memoria individual de quienes heredaron a\u00f1os de orfandad y de tristeza. <\/p>\n<p>En mi opini\u00f3n, que los militares, al menos en este pa\u00eds, no han tra\u00eddo beneficio alguno a la sociedad, sino todo lo contrario. En el sentido de su inutilidad estructural, recuerdo lo que Baroja puso en boca del japon\u00e9s Kurosi: \u00abNo puedo aspirar al aprecio del mundo; no he creado nada; no he inventado nada. No soy m\u00e1s que un militar\u00bb. As\u00ed que todo lo que suponga una limpieza de placas con nombres de militares, sean victoriosos o perdedores de guerras pasadas, lo tengo como profilaxis tan necesaria como urgente. Los militares jam\u00e1s formaron parte del bien com\u00fan. <\/p>\n<p>En justa correspondencia, considero que la sociedad civil tambi\u00e9n deber\u00eda arrojar al olvido toda esa plural onom\u00e1stica de curas, obispos, cardenales y papas, que remiten las paredes de callejas, plazuelas, avenidas y parques. Y lo hacen gracias a la inestimable ayuda de ciertos pol\u00edticos municipales, que anteponen sus creencias, cuando no su integrismo religioso, a valores estrictamente c\u00edvicos, v\u00e1lidos para todos los ciudadanos, creyentes o no. <\/p>\n<p>No tengo ninguna propensi\u00f3n afectiva hacia ning\u00fan Papa. Pero si hay alguno del que me cuesta asimilar sus significantes \u00e9se es el de Eugenio Pacelli, alias P\u00edo XII. <\/p>\n<p>Su estudiada imparcialidad ante el nazismo y el exterminio de los jud\u00edos, tuberculosos, gitanos, ni\u00f1os, d\u00e9biles mentales, mujeres embarazadas, homosexuales&#8230; sigo juzg\u00e1ndolo como fruto de una mente retorcida, calculadora, producto de una inteligencia fr\u00eda, despiadada y cruel, impropia de un ser humano. En \u00abEl Vicario\u00bb, obra dram\u00e1tica de Rolf Jochhuth, representada en 1963, suger\u00eda que Pacelli hab\u00eda actuado como un filonazi, preocupado \u00fanicamente por salvaguardar los intereses econ\u00f3micos del Vaticano. Y conclu\u00eda que P\u00edo XII era la encarnaci\u00f3n de la inteligencia de un criminal y no la de un representante de Dios en la tierra. Nada extra\u00f1o, si se repara en que dicha relaci\u00f3n pleon\u00e1stica -entre criminalidad y papas-, ha sido en la historia de la Iglesia demasiado habitual. <\/p>\n<p>Yo no s\u00e9 si P\u00edo XII fue german\u00f3filo y filonazi de pro. S\u00f3lo s\u00e9 que en su existencia existen dos hechos que arrojan ciertas sospechas y, sobre todo, perplejidad a raudales sobre su masa encef\u00e1lica. <\/p>\n<p>En 1938, su antecesor P\u00edo XI, Aquiles Rati, encarg\u00f3 la redacci\u00f3n de una enc\u00edclica al jesuita LaFarge, pidi\u00e9ndole expresamente que condenara en ella el racismo y al antisemitismo de los nazis. Con LaFarge colaboraron dos jesuitas m\u00e1s, Gustav Gundlach y Gustave Desbuquois. A finales de septiembre de 1938, LaFarge fue a Roma con la enc\u00edclica \u00abHumanni Generis Unitas\u00bb (\u00abLa unidad del g\u00e9nero humano\u00bb), que entreg\u00f3 al general de los jesuitas, P. L\u00e9dochowski. <\/p>\n<p>Aunque parezca mentira, la enc\u00edclica nunca lleg\u00f3 a publicarse. \u00bfRazones? L\u00e9dochowski, convencido de que el verdadero peligro para el catolicismo y para la humanidad era el comunismo y no el nazismo, se las ingeni\u00f3 de forma artera -en algo se le ten\u00eda que notar que era jesuita-, para dilatar la entrega del citado texto al Papa. En realidad, se ignora la fecha exacta en que el citado documento lleg\u00f3 a manos de P\u00edo XI. Se habla de finales de a\u00f1o y comienzos de 1939. Lo que s\u00ed es seguro es que el texto no lo ley\u00f3 antes del 21 de enero. La enc\u00edclica antinazi, la \u00abHumani Generis Unitas\u00bb, estaba sobre la mesa de trabajo del Papa en el momento de su muerte, la noche entre el 9 y 10 de febrero de 1939. Muerto P\u00edo XI, sobre su enc\u00edclica cay\u00f3 una hormigonera de silencio pasando al olvido m\u00e1s sospechoso. De tal modo que, cuando se public\u00f3 en 1995, el esc\u00e1ndalo fue monumental. <\/p>\n<p>Su sucesor, P\u00edo XII, que ten\u00eda direct\u00edsimo conocimiento de este texto, lo olvid\u00f3. Ni siquiera lo edit\u00f3 como homenaje a la memoria de su antecesor. Eso s\u00ed, \u00e9l, por su parte, estrenar\u00eda su papado con una nueva enc\u00edclica, la \u00abSummi Pontificatus\u00bb, publicada el 20 de octubre de 1939, es decir, con la guerra ya comenzada. <\/p>\n<p>La enc\u00edclica de Pacelli contiene numerosas insinuaciones antinazis, pero nunca su condena expl\u00edcita; tampoco, la repulsa de los campos de concentraci\u00f3n. Y es que P\u00edo XII, a pesar de la cacareada perspicacia e inteligencia con que se le ha caracterizado, albergaba ingenuamente la idea de que, no s\u00f3lo los treinta millones de cat\u00f3licos alemanes, sino la cultura y las tradiciones de Alemania, representaban una garant\u00eda y una esperanza de la reflexi\u00f3n y la moderaci\u00f3n. Para P\u00edo XII era imposible que Hitler -por cierto, tambi\u00e9n cat\u00f3lico-, y sus secuaces pudieran cometer semejantes cr\u00edmenes contra la humanidad. Parece como si el Esp\u00edritu Santo hubiese estado en paro&#8230; <\/p>\n<p>Durante todo el tiempo que dur\u00f3 su papado, a P\u00edo XII no se le oy\u00f3 jam\u00e1s una palabra contra el nazismo ni, menos a\u00fan, contra los campos de concentraci\u00f3n. No solamente eso. En 1942, cuando Europa era un clamor, del que formaron coro cardenales y obispos cat\u00f3licos, contra las masacres de millones de personas, P\u00edo XII, en el mensaje radiof\u00f3nico pronunciado en la Navidad de ese a\u00f1o, hizo o\u00eddos sordos a tales lamentos. En su discurso, no aparece ni la palabra jud\u00edo ni la palabra nazi. Ni, por supuesto, una condena del exterminio que se estaba llevando adelante con premeditaci\u00f3n y alevos\u00eda por parte del nazismo. <\/p>\n<p>La verdad es que, si se hace un balance de sus intervenciones p\u00fablicas, topamos con la agria evidencia de que, al final de la guerra, P\u00edo XII no conden\u00f3 nada: ni el bombardeo alem\u00e1n de Londres, ni el aliado de Dresde y de los dem\u00e1s objetivos de Alemania; ni, m\u00e1s tarde, el de Hiroshima y Nagasaki. <\/p>\n<p>El calificar\u00eda su actitud de \u00abimparcialidad\u00bb. Algunos la adjetivaron de c\u00ednica, c\u00f3moda, ego\u00edsta y criminal. \t\t\t<\/p>\n<p>Adjet\u00edvese como se quiera. Lo cierto es que se trata de una imparcialidad que, adem\u00e1s de igualar a v\u00edctimas con verdugos, da mucho mal que pensar. Porque, \u00bfdesde cu\u00e1ndo la imparcialidad es incompatible con la acci\u00f3n de condenar al verdugo y al asesino de v\u00edctimas inocentes? <\/p>\n<p>Con este antecedente, no extra\u00f1ar\u00e1 que P\u00edo XII se convirtiera en Avenida. P\u00edo XII ser\u00e1 emblema de quienes nunca condenar\u00edan los cr\u00edmenes del franquismo. El silogismo es muy simple. Si el papa de la imparcialidad no conden\u00f3 el nazismo, \u00bfpor qu\u00e9 diantres Sanz, Barcina, Del Burgo y dem\u00e1s conmilitones upeneros han de condenar las atrocidades del r\u00e9gimen franquista antes, durante y despu\u00e9s de la guerra? <\/p>\n<p>Eso ir\u00eda contra la imparcialidad hist\u00f3rica. La de P\u00edo XII, claro.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Se ha discutido mucho acerca de la conveniencia del cambio de nombres de calles, plazas y avenidas y ensanches, referentes de significados militares, que con s\u00f3lo pronunciarlos evocaban dolor, mucho dolor, en la memoria individual de quienes heredaron a\u00f1os de orfandad y de tristeza. 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