{"id":19558,"date":"2009-08-13T06:56:10","date_gmt":"2009-08-13T04:56:10","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/poder-violencia-legitimidad\/"},"modified":"2009-08-13T06:56:10","modified_gmt":"2009-08-13T04:56:10","slug":"poder-violencia-legitimidad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/poder-violencia-legitimidad\/","title":{"rendered":"Poder, violencia, legitimidad"},"content":{"rendered":"<p>El caso de De Juana Chaos ofrece la oportunidad de reflexionar sobre la legitimidad que puede tener un Estado, o quien a \u00e9l se opone, a la hora de utilizar la violencia. No me voy a referir a la manera concreta en que han actuado los diversos poderes del Estado espa\u00f1ol, los tres coincidentes en que hab\u00eda que aplicar la ley de una manera especial al preso vasco. Este escandaloso procedimiento que ha sido denunciado por juristas con una m\u00ednima verg\u00fcenza, la sociedad espa\u00f1ola lo ha asumido con naturalidad, al igual que esa misma sociedad no se escandaliz\u00f3 ante la excarcelaci\u00f3n del torturador Galindo y de otros jefes del G.A.L. Lo que pretendo plantear es el derecho del Estado espa\u00f1ol a juzgar a De Juana Chaos, por muy horrendos que parezcan ser sus cr\u00edmenes, cuando son el resultado de un ataque a un Estado al que De Juana y la organizaci\u00f3n a que pertenece no reconoce. Se me replicar\u00e1 que cualquier Estado tiene derecho a perseguir a quien act\u00faa de manera hostil contra sus s\u00fabditos y a defenderse en general y, a m\u00e1s abundancia, nos encontramos ante un Estado existente, al que atacan quienes son tambi\u00e9n de hecho s\u00fabditos suyos. Todo esto es cierto, pero no es suficiente para que tal Estado se arrogue legitimidad para imponer su ley y su violencia a las colectividades y grupos que lo perciben como una imposici\u00f3n. <\/p>\n<p>Cuando hablo de legitimidad lo hago en un sentido moderno, el que se reclama de los principios de valor universal, porque representan el reconocimiento de la igualdad fundamental de los individuos y de las colectividades que \u00e9stos configuran. Un Estado no tiene legitimidad por el hecho de ser una realidad f\u00e1ctica, sino en la medida en que se acomoda a tales principios como condici\u00f3n ineludible. Se asume que un Estado no tiene derecho a contravenir tales valores ni frente a sus s\u00fabditos, ni frente a otros Estados. La pretensi\u00f3n del Estado de estar legitimado para cualquier decisi\u00f3n, porque no reconoce superior, pertenece a \u00e9pocas hist\u00f3ricas pasadas. Hoy el derecho internacional obliga a los estados -no solo por los compromisos mutuos que hayan adquirido unos frente a otros mediante la firma y aceptaci\u00f3n de tratados de derecho internacional- sino sobre todo, porque la misma coexistencia de tales estados y de sus respectivos s\u00fabditos se apoya en el momento presente en el respeto de derechos humanos en relaci\u00f3n con el individuo, y, adem\u00e1s, por la obligaci\u00f3n que impone la comunidad internacional de que ninguno de sus estados miembros hostigue a otro de una manera gratuita y arbitraria, prevali\u00e9ndose de su mayor potencia. <\/p>\n<p>En la teor\u00eda el reconocimiento de esos valores, y manera de comportarse, se encuentran garantizados por organismos internacionales en los que la mayor\u00eda de los estados coinciden y dictan normas relativas al respeto de los mismos. Est\u00e1n previstas instancias jur\u00eddicas a los que los Estados contraventores pueden ser llevados y condenados en ellas. A decir verdad, parece que se han previsto todos los mecanismos, pero lo cierto es que los conflictos intra e interestatales no han dejado de ser realidad permanente. Es m\u00e1s, la mayor parte de las comunidades estatales han conocido situaciones conflictivas de gran virulencia y muchas de ellas son reconocidas como soberanas y con derecho a imponer la ley de resultas de la violencia que han ejercido sobre otros Estados que se opon\u00edan a sus objetivos. En tales circunstancias los poderes emergentes no han tenido ning\u00fan tipo de consideraci\u00f3n con quienes representaban al Estado enemigo, crey\u00e9ndose con el derecho a dispensar muerte y destrucci\u00f3n, sin paliativos, sobre el poder constituido de los Estados reconocidos. <\/p>\n<p>Desde luego, no me estoy refiriendo a realidades hist\u00f3ricas, sino a situaciones muy cercanas y actuales. La comunidad internacional no tiene reparo en aceptar a quien ha conseguido sus objetivos y se configura en Estado, aunque haya pasado por encima de los cad\u00e1veres de miles de inocentes. El paso de bandido a honorable pol\u00edtico lo concede el ser recibido en las canciller\u00edas y cuando los organismos internacionales estiman conveniente que es bueno alcanzar acuerdos con quienes tienen de hecho una fuerza: especialmente si se le reconoce capacidad de representar a una colectividad. Todo esto es consecuencia de la disposici\u00f3n de la mayor\u00eda de los colectivos humanos a ejercer una violencia destructiva sobre otros colectivos, en el caso de que perciban seriamente amenazados sus intereses. Esta actitud es el principio b\u00e1sico por el que se gu\u00edan todos los Estados y, desde luego, los que se consideran integrantes de la cultura occidental, la que m\u00e1s hincapi\u00e9 hace en la necesidad de resolver los conflictos por medios pac\u00edficos. <\/p>\n<p>Lo que resulta m\u00e1s irritante es la pertinacia de los estados y sociedades m\u00e1s agresivos a reconocer que todos ellos son los principales responsables de la violencia. Que la ciudadan\u00eda americana llegue a exclamar con sorpresa \u00ab\u00a1por qu\u00e9 nos odian!\u00bb, pone de relieve la capacidad selectiva de percepci\u00f3n sobre los hechos reales que tienen los americanos. Pero esta actitud de los americanos, que parece sorprender a los europeos, es la misma que aparece en casi toda Europa, y desde luego en Espa\u00f1a, cuando la mojigater\u00eda de los bienpensantes lleva a horrorizarse ante los cr\u00edmenes de los terroristas y pasar por alto los de los estados y sus sistemas judiciales y policiales. <\/p>\n<p>La imagen que tienen el hombre y la mujer de la calle sobre la violencia admira por su simpleza, si no fuera porque muchos somos conscientes de que es resultado de la selecci\u00f3n mental, implementada por el conjunto de medios de car\u00e1cter propagandista y de informaci\u00f3n. Es irritante tener que escuchar que los concejales y representantes de los partidos institucionales espa\u00f1oles se sienten acosados y deben ser protegidos para evitar la agresi\u00f3n, cuando sus cong\u00e9neres abertzales se encuentran indefensos ante las arbitrariedades del sistema judicial y fueron los primeros en resultar perseguidos hasta la muerte por los poderes del Estado que actuaban en las cloacas. Resulta obscena la existencia de una direcci\u00f3n especial dentro del Gobierno de la Comunidad aut\u00f3noma vasca dedicada a la atenci\u00f3n a las v\u00edctimas del terrorismo y que puede seleccionar qui\u00e9nes merecen ser tenidos en esta consideraci\u00f3n por las instituciones y qui\u00e9nes no son acreedores a la misma, aunque unos y otros sean v\u00edctimas de la violencia pol\u00edtica. De esta manera se fabrica la imagen maniquea de la violencia. Esta metodolog\u00eda consigue difuminar los factores y realidad de la violencia presente. No tiene en cuenta el prop\u00f3sito de destrucci\u00f3n de la naci\u00f3n vasca que aletea en el planteamiento general del Estado espa\u00f1ol y se explicita en la misma constituci\u00f3n espa\u00f1ola. Tal prop\u00f3sito empapa al conjunto del sistema institucional espa\u00f1ol y se manifiesta de una manera m\u00e1s cruda en la manera de actuar y expresarse de los funcionarios de orden p\u00fablico de lo m\u00e1s bajo del escalaf\u00f3n: \u00ab\u00a1qu\u00e9 bonito ser\u00eda el Pa\u00eds vasco sin vascos!\u00bb <\/p>\n<p>La percepci\u00f3n que tiene el ciudadano espa\u00f1ol medio de la cuesti\u00f3n resulta totalmente pervertida. La causa \u00fanica y responsabilidad de la violencia es E.T.A.; con ello se libera a su imaginario de toda actuaci\u00f3n violenta que sea producida por el Estado espa\u00f1ol. A\u00fan m\u00e1s; toda agresi\u00f3n f\u00edsica en contra los disidentes vascos, ilegalizaci\u00f3n de partidos, persecuci\u00f3n de actividades de car\u00e1cter socio-cultural, como puedan ser sociedades, peri\u00f3dicos y dem\u00e1s, es contemplada como leg\u00edtima actuaci\u00f3n defensiva. Desde luego, jam\u00e1s se recuerda la muerte y desaparici\u00f3n violenta de tantos abertzales que la han sufrido, porque el sistema judicial se encarga de diluirla, bien porque la reduce a un hecho aislado que no obedece sino a la iniciativa del ejecutante, bien porque las diligencias del sistema judicial se quedan en v\u00eda muerta y resulta, finalmente, imposible culminar un procedimiento de investigaci\u00f3n que dejar\u00eda en evidencia a las m\u00e1s altas instancias del Estado. Como dijo un ministro, \u00abNo hay pruebas, ni las habr\u00e1\u00bb. Esto no quiere decir que no haya habido asesinato. <\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/www.euskaldunak.info\/sorauren\/\">:: Navarra estado vasco \/ Nafarroa euskal estaua<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El caso de De Juana Chaos ofrece la oportunidad de reflexionar sobre la legitimidad que puede tener un Estado, o quien a \u00e9l se opone, a la hora de utilizar la violencia. 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