{"id":19284,"date":"2009-08-11T11:22:38","date_gmt":"2009-08-11T09:22:38","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/la-nacion\/"},"modified":"2009-08-11T11:22:38","modified_gmt":"2009-08-11T09:22:38","slug":"la-nacion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/la-nacion\/","title":{"rendered":"La naci\u00f3n"},"content":{"rendered":"<p>La redacci\u00f3n de los nuevos estatutos de Catalu\u00f1a y Euskal Herria ha avivado el viejo debate sobre el t\u00e9rmino naci\u00f3n. Es un debate absurdo, naturalmente, porque hace ya muchos a\u00f1os que la naci\u00f3n fue definida como una comunidad natural de personas cuya historia, cultura, lengua y territorio comunes la lleva a tener conciencia de s\u00ed misma. Lo normal, cuando esa conciencia existe, es que la naci\u00f3n se dote de instituciones pol\u00edticas propias y que, consecuentemente, se constituya en Estado. Pero eso no siempre es posible, sobre todo si dichas instituciones, como es el caso de las de Catalu\u00f1a y Euskal Herria, se hallan subordinadas a la voluntad de otra naci\u00f3n. De hecho, \u00e9sa es precisamente la ra\u00edz de la mayor parte de los conflictos que afectan a la humanidad. Es una vieja historia que parece no tener remedio. Pasan los siglos, pero los seres humanos seguimos sin superar el at\u00e1vico af\u00e1n de dominaci\u00f3n. La \u00fanica diferencia estriba en las formas; ahora son mucho m\u00e1s amables y civilizadas pero tambi\u00e9n m\u00e1s astutas y perversas. Ahora ya no se domina a los pueblos en nombre de Dios, se les domina en nombre de la democracia. Es tanto o m\u00e1s efectivo y, adem\u00e1s, suena menos absolutista.<\/p>\n<p>Dos de los elementos caracter\u00edsticos de esta estrategia son el negacionismo y el desprecio. Es decir, la negaci\u00f3n de la historia del pueblo subordinado y el desprecio por todo aquello que configura su identidad. A partir de ah\u00ed, todo cuanto diga o haga ese pueblo ser\u00e1 considerado puro delirio nacionalista. El delirio de una comunidad que necesita inventarse un pa\u00eds, una bandera, un himno, una cultura, e incluso un nombre, para justificar la existencia de una naci\u00f3n que a ojos del mundo s\u00f3lo cabe en su imaginaci\u00f3n. De ah\u00ed que sean tantas las voces espa\u00f1olas pol\u00edticas, jur\u00eddicas, intelectuales o medi\u00e1ticas que niegan sin rubor la nacionalidad catalana o vasca. El problema, sin embargo, no es el c\u00famulo de falsedades y el odio \u00e9tnico que propagan esas voces contra catalanes y vascos, sino el hecho irrebatible de que, jur\u00eddicamente, tienen raz\u00f3n cuando afirman, como el ministro espa\u00f1ol de Defensa, Jos\u00e9 Bono, que \u00abCatalu\u00f1a puede ser una naci\u00f3n en el sentimiento de quien lo tenga, pero una cosa es el sentimiento y otra la ley. Con la ley en la mano, Catalu\u00f1a no es una naci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Pues bien, es cierto. Porque, si bien basta con un sentimiento colectivo para adquirir conciencia de naci\u00f3n, es el reconocimiento jur\u00eddico de esa conciencia lo que acredita la existencia de la naci\u00f3n. Por tanto, cuando se produce una disonancia entre la conciencia nacional de un pueblo y su falta de reconocimiento internacional, lo m\u00e1s normal y saludable es que ese pueblo decida sentar las bases para dejar de ser un sentimiento y convertirse en una naci\u00f3n reconocida. No hay nada malo en el sentimiento, toda naci\u00f3n lo tiene, Espa\u00f1a y Francia tambi\u00e9n, pero sirve de bien poco si ca- rece de traslaci\u00f3n jur\u00eddica. Catalu\u00f1a y Euskal Herria, por ejemplo, se encuentran inmersas en ese proceso de autoconcienciaci\u00f3n, un proceso que exige abandonar la catalanidad o la vasquidad emocional y sustituirla por la catalanidad o la vasquidad jur\u00eddica, que es la \u00fanica que conlleva la soberan\u00eda nacional. Toda v\u00eda que no conduzca a esa estaci\u00f3n es una v\u00eda muerta. Ni siquiera la federalista. De hecho, la federalista es una trampa del espa\u00f1olismo moderado con el fin de ganar tiempo y distraer la atenci\u00f3n de catalanes y vascos con un hipot\u00e9tico cambio de modelo de Estado que, en verdad, jam\u00e1s ha pasado por su mente realizar. Es m\u00e1s, aunque la estaci\u00f3n federalista existiera, el conflicto con Espa\u00f1a persistir\u00eda por tres razones: el federalismo es incompatible con una verdadera conciencia nacional; dicha f\u00f3rmula no implica el recono- cimiento o la acreditaci\u00f3n internacionales; y, para federarse, hay que partir primero de una igualdad que no se da en la relaci\u00f3n que mantienen Catalu\u00f1a y Euskal Herria con Espa\u00f1a. Y aun en el supuesto de que esa igualdad llegara a darse, para ello ser\u00eda necesario que Espa\u00f1a renunciase voluntariamente a su condici\u00f3n de naci\u00f3n hegem\u00f3nica y que vascos y catalanes, a su vez, rebajasen, contentos y felices, su reci\u00e9n adquirida soberan\u00eda. Cosa absurda en el primer caso e improbable en el segundo.<\/p>\n<p>Por todo ello es de importancia capital que el t\u00e9rmino naci\u00f3n aparezca en el articulado de los estatutos catal\u00e1n y vasco. Aceptar, como han hecho CiU, PSC e ICV, que el texto catal\u00e1n diga finalmente en el pre\u00e1mbulo que \u00abciudadanos y ciudadanas catalanes sienten Catalu\u00f1a como una naci\u00f3n\u00bb es, adem\u00e1s de una estupidez, una claudicaci\u00f3n hist\u00f3rica. Una estupidez, porque s\u00f3lo un pueblo carente de autoestima puede definirse a s\u00ed mismo como una emoci\u00f3n. Una claudicaci\u00f3n, porque no supone el m\u00e1s m\u00ednimo avance desde un punto de vista jur\u00eddico. Las razones esgrimidas por Espa\u00f1a son que no todos los catalanes piensan que Catalu\u00f1a es una naci\u00f3n. Cierto. \u00bfPero entonces por qu\u00e9 no se aplica el mismo criterio en la Constituci\u00f3n espa\u00f1ola? Al fin y al cabo, si Catalu\u00f1a y Euskal Herria son Espa\u00f1a, es vidente que hay espa\u00f1oles que no creen que Espa\u00f1a sea una naci\u00f3n. Euskal Herria deber\u00eda mantenerse firme en este tema y no caer en la misma trampa. Para una naci\u00f3n con conciencia de serlo, un Estatuto no puede ser jam\u00e1s un fin en s\u00ed mismo. Un Estatuto nacional es siempre la transici\u00f3n entre dos constituciones, la que ten\u00eda esa naci\u00f3n antes de verse subordinada a otra y la que tendr\u00e1 cuando recupere la soberan\u00eda que le fue arrebatada.<\/p>\n<p>Tampoco es admisible una frase que, siguiendo el esquema de Pasqual Maragall, diga algo as\u00ed como \u00abel pueblo vasco es una naci\u00f3n y Espa\u00f1a una naci\u00f3n de naciones\u00bb porque, a pesar de que permite introducir el t\u00e9rmino naci\u00f3n, constituye una trampa sem\u00e1ntica. De hecho, se trata de un fundamento racista. Para empezar, el t\u00e9rmino \u00abnaci\u00f3n de naciones\u00bb carece de base jur\u00eddica. No existe esa condici\u00f3n ni ning\u00fan pueblo puede atribu\u00edrsela. Admitirla supondr\u00eda admitir tambi\u00e9n que hay naciones y subnaciones y que, de acuerdo con este criterio, Espa\u00f1a es un pueblo superior y Catalu\u00f1a y Euskal Herria son pueblos inferiores. Estar\u00edamos, como digo, frente a un principio racista seg\u00fan el cual el mundo se dividir\u00eda entre pueblos superiores e inferiores o, lo que es lo mismo, entre pueblos soberanos y pueblos subordinados.<\/p>\n<p>Otro elemento trampa es el de la historia. Espa\u00f1a recurre a \u00e9l a menudo porque genera un debate que s\u00f3lo desgasta a la otra parte. Mientras Espa\u00f1a se avala por su propia condici\u00f3n de Estado, Catalu\u00f1a y Euskal Herria se ven obligadas a buscar pruebas en el pasado. En cierto modo, es como si el derecho a la libertad de un ser humano dependiese de su \u00e1rbol geneal\u00f3gico. No es aconsejable entrar en ese terreno, salvo en situaciones desapasionadas de naturaleza acad\u00e9mica, puesto que dicho debate, al ser desigual Estado frente a naci\u00f3n sin Estado conlleva un desgaste in\u00fatil de energ\u00eda para la parte m\u00e1s d\u00e9bil y suele acarrear una gran frustraci\u00f3n.<\/p>\n<p>Catalu\u00f1a y Euskal Herria no tienen que demostrar su condici\u00f3n de naci\u00f3n porque sencillamente lo son. Pero esa verdad no se fundamenta s\u00f3lo en su pasado, sino en su firme voluntad de ser. Quiero decir que aunque no hubiesen sido jam\u00e1s un Estado como eran los estados en su d\u00eda, aunque el Estado navarro, pongamos por caso, no hubiese existido y el pueblo vasco, en lugar de ser uno de los m\u00e1s antiguos del mundo, tuviese s\u00f3lo cien a\u00f1os de historia, bastar\u00eda con su voluntad de autogobernarse para que ning\u00fan otro pueblo pudiera oponerse a su autodeterminaci\u00f3n. Pues bien, con las naciones pasa lo mismo que con las personas: no es su origen lo que les da derecho a decidir, sino su sola, sencilla e inviolable existencia.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La redacci\u00f3n de los nuevos estatutos de Catalu\u00f1a y Euskal Herria ha avivado el viejo debate sobre el t\u00e9rmino naci\u00f3n. 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