TV3, de nacional de Cataluña a nacional de España

TV3 es hoy una emisora ​​profundamente españolizada. Todo su marco mental, todos sus referentes, todas las informaciones referidas a Cataluña, toda la concepción de sus telediarios responde a una visión del mundo y de la vida netamente hispanocéntrica. Y lo más terrible, lo dramático del caso, es que el hispanocentrismo de TV3 no es pasivo, inconsciente, como el de muchos catalanes, sino activo y militante, lo que la convierte no solo en la televisión españolizada que ya es, sino en una televisión españolizadora. ¿Significa esto que toda la gente que trabaja se encuentra en esta línea? ¡No, claro que no! Pero el miedo a represalias atenaza muchas bocas. Sin embargo, hay que decir que la gente de plantilla, la que no debe sufrir por su puesto de trabajo, tiene muchas menos excusas que la contratada. Es el personal fijo catalanocéntrico quien debería decir «hasta aquí hemos llegado». De lo contrario, quien calla consiente.

Hay voces que ven agentes españoles en cada rincón de la cadena. Yo no diría tanto. No es acertado ver a agentes en todas partes. No lo es porque no se ajusta a la verdad. Y, si se me permite, diré que ojalá fuera así, porque quisiera decir que bastaría con apartarlos para que todo fuese sobre ruedas. Cataluña ha sufrido una secular españolización, como nación sometida que es, y son muchos los catalanes, también independentistas, que no detectan el mensaje subliminar que contiene el prisma informativo de los telediarios ni las frases con las que se redactan las informaciones ni el marco referencial desde el que son transmitidas. Quiero decir, en un estado de españolización social, es psicológicamente comprensible que a mucha gente, redactores también, les pase desapercibida esta españolización o que piensen que poner el dedo en la llaga de esta realidad es hacer un grano demasiado grande. Es más fácil denigrar al denunciante, que tener que reconsiderar en profundidad la propia actitud. Por eso hay que diferenciar entre el periodista españolizador pasivo y mayoritario, que actúa por inercia y no reflexiona sobre lo que dice ni en cómo lo dice, y el periodista españolizador consciente, que utiliza el medio y el lugar estratégico que ocupa para fijar en el cerebro del espectador que Cataluña es España.

¿Y cómo hacen esta manipulación?, se preguntará alguien. Pues sirviendo al espectador una noticia catalana dentro de un marco referencial español. Por ejemplo, si se nos llama el número de coches vendidos este año en Cataluña, seguidamente se nos alecciona con los vendidos en España; si se nos habla de los hábitos alimenticios de los catalanes, seguidamente se nos habla de los hábitos alimenticios de los españoles; si se nos dice cuántos feminicidios se han cometido en Cataluña, seguidamente se nos alecciona diciéndonos los cometidos en España; etc. O también la praxis habitual de considerar a los feminicidios catalanes como feminicidios españoles. Es decir, se trata de que fijemos en nuestro cerebro que Cataluña, por sí misma no es nada, nada de nada; es sólo un rincón español que nunca tiene cifras propias y nacionales, sólo tiene cifras desglosadas de un todo llamado España. En otras palabras: para TV3, Cataluña no es un todo en sí misma. Y a fuerza de repetirnos, salvo en cuestiones folclóricas, que el nombre de Cataluña debe ir siempre tutelado por el nombre de España, el espectador indolente traga la lección y la encuentra normal. Es necesario, por tanto, estar mucho más dispuestos a cómo se nos dice la noticia, en qué contexto y en qué formato, que a la noticia en sí misma, ya que la manipulación está justamente allí. Allí, y en la intención de querer hacernos creer que las víctimas de los feminicidios que se cometen en el resto de la Unión Europea no tienen ningún valor. Las únicas víctimas verdaderas son las “españolas”. Por eso, mirando TV3, se piensa que en Francia, Italia, Alemania, Bélgica, etc., no hay feminicidios. Sólo los hay en la España de TV3. Quizá algún lector dirá: “¿Cómo debería hacerlo una televisión catalanocéntrica?” Una televisión catalanocéntrica nos diría los feminicidios de Cataluña, o de los Países Catalanes (que es la audiencia de TV3), y, en su caso, el total de la Unión Europea.

Otro elemento que TV3 utiliza como herramienta españolizadora son las noticias españolas que en Cataluña no tienen ningún fundamento informativo. Son noticias que, con una duración de 25 o 30 segundos, inserta entre el pliego de informaciones de los TN. Hago seguimiento, y un día, en otro artículo, mostraré una recopilación detallada. Aquí, sin embargo, voy a decir algunas a título ilustrativo manteniendo el titular oficial de TV3: “Un hombre agredido en Torre Pacheco, Murcia”; “Alerta de aguaceros en Toledo”; “Tres muertos por un golpe de viento en Coria del Río, Sevilla”; “Mujer asesinada en La Coruña”; “Mujer asesinada por su marido en Málaga”, “Crimen machista en Cartaya, Huelva”, “Expropiación de los terrenos de un hotel en Carboneras, Almería”… Son noticias impropias de TV3, ya que no guardan relación alguna con Cataluña ni con ningún catalán; son noticias que sólo tienen sentido en un medio local, nunca en otra televisión, sea catalana, francesa, italiana, etc. A menudo, ¡ni siquiera TVE se hace eco de ellas! TV3, sí. Y es que TV3 las necesita para manipularnos el cerebro y lograr éxito en su labor españolizadora.

Otro tema es el nombre de TV3. En realidad, el nombre oficial es ‘Televisió de Catalunya’, que es el que aparece en los créditos de todos los filmes cinematográficos en los que la emisora ​​ha aportado algún capital. Es el nombre natural y el que, justamente por eso, debería haber propiciado esta síntesis en el logo: TVC1, en vez del estúpido TV3. Y a partir de ahí: TVC2 (en lugar de Canal 33), etc. Nada menos que lo que hizo el País Vasco con Euskal Telebista: ETB1 y ETB2. Al respecto, he hablado sobradamente en los libros “Despullant Espanya” (2001), “Senyor President” (2003) y “TV3 a traició” (2006). En ”Senyor President”, decía: “¿Quiere prueba más fehaciente del sometimiento catalán a España, que incluso cuando somos libres de poner el nombre que queramos a nuestras cadenas de televisión elegimos TV3 y Canal 33 (dos veces tres) en vez de TVC1 y TVC2?”. Pues para darnos cuenta de la dimensión del despropósito, basta con imaginar este televisivo en una Cataluña Estado. ¿No sería aún más grotesco que ‘Televisió de Catalunya’ tuviera el 3 españolista, en vez del 1 catalán, como nombre de marca? Podría ocurrir, incluso, que una cadena privada, con buena lógica, decidiera aprovechar el espacio nominal vacío y llamarse TVC1 y TVC2, lo que dejaría a la televisión pública nacional catalana en el bonito tercer lugar hispanocéntricamente autoadjudicado. Todo ello, como vemos, es la consecuencia de trabajar con el mapa de España en la cabeza. Si en lugar de tener el mapa de España, tienes el de Cataluña, no cometes tales barbaridades. Se trata simplemente de saber quién eres.

Por si fuera poco, el gobierno catalán, ha querido profundizar en el hispanocentrismo poniendo de manifiesto que incluso los nombres de TV3 y Catalunya Ràdio le parecen demasiado arraigados en Cataluña, y se ha sacado de la manga la majadería «3cat» y 3catinfo», que no quieren decir absolutamente nada. Y es que se trata justamente de eso: de borrar raíces emocionales, de desnudar este país de todo aquello que pueda establecer la más mínima diferencia con España. Sabe el Gobierno nacionalista español de Salvador Illa que los nombres de las cosas son muy importantes, porque crean vínculos y afectos, y, para evitarlo, nada mejor que sustituir estos nombres por logos impersonales, sin alma, creados por individuos enajenados. Sin miramientos y refiriéndose a TV3 y ‘Catalunya Ràdio’, Rosa Romà, presidenta de 3Cat, ha afirmado que «estas marcas no desaparecerán, tienen más valor que nunca». Pues sí, es necesario tener muy pocos escrúpulos para esconder la verdad. Pero es que de lo que se trata es de “conseguir el efecto sino que se note el cuidado”. Basta con ver cómo el nombre de estos dos medios ha desaparecido de los labios de todos los redactores, reporteros, corresponsales y enviados especiales. Ahora todo es 3catinfo. El cargo de presidenta de ‘3cat’, ya lo dice todo. Y si a esto le añadimos la españolización conceptual de contenidos de la cadena que dirige Sigfrid Gras, que reniega de la cultura y promueve la vacuidad del ji-ji, ja, ja, el resultado no puede ser más desolador. Quizás se dirá que TV3 es líder de audiencia. Y es cierto. Los TN, como si fuera una sección fija de fanfarria, nos lo recuerdan cada mes. Pero es un argumento tramposo, dado que son muchísimos los catalanes que miran TV3 porque no pueden ver ninguna otra cadena en catalán. Para poder decirte líder de un ranking, debes tener competidores, y TV3 no tiene ninguna en catalán. Ninguna. Así es fácil, ¿no? No hay nada como ser único para ser siempre el primero.

Por si fuera poco, España ha creado 2Cat, la oferta televisiva de TVE, que emitirá en catalán vía La2, y que tiene exactamente el mismo objetivo: españolizar Cataluña en catalán. Dado que la gente, ante los medios en lengua española, adopta medidas preventivas, la españolizarán en catalán. La idea es: ofreceremos los partidos de La Roja en catalán para intentar que Cataluña, a la que prohibimos tener selección propia, sienta suya la selección que le imponemos”. Pues así es como hemos llegado, con la acción colaboracionista, persistente y clandestina de Esquerra Republicana –premiada con colocación de nombres españoles de todos los que en manos actuales: mueven los hilos desde los despachos de Pedro Sánchez y Salvador Illa. 2Cat, 3Cat… nombres de un mismo tronco ideológico.

En diciembre de 1982, el Ateneu Barcelonès fue el escenario desde donde se hicieron públicos los principios fundacionales de ‘Televisió de Catalunya’: “En Cataluña no puede haber reconstrucción nacional, recuperación plena y total de nuestra identidad cultural y lingüística sin una televisión institucional, de alto grado de profesionalización, de altura de miras en cuanto a planteamiento la televisión, planteamientos de vuelo gallináceo, nos llevarían a una televisión que nos disminuiría, más que engrandecernos”. Pues bien, estamos en 2025, ha transcurrido casi medio siglo, y esa cadena que vimos nacer con lágrimas en los ojos es hoy una cadena que trabaja en Cataluña por la construcción nacional de España.

EL MÓN