Disculpadme la imagen, pero me parece muy gráfica. Cuando haces una fotografía de grupo siempre hay quien aguanta la respiración para no hacer barriga. Pero la cosa funciona sólo si el fotógrafo es rápido. Porque, de lo contrario, la respiración acaba escapándose y la barriga vuelve a salir. Que es la sensación que creo que España, el españolismo si desea que sea preciso, experimenta.
Han pasado unas cuantas semanas escondiendo la barriga y tratando de aparentar que tienen el terreno medido, que el independentismo baja claramente, que todo ha sido un calentón y basta y que la población empieza a pensar que hay alternativas más sensatas, y todas coinciden en valorar (¡oh, casualidad!) que España merece la pena. Pero, de repente, no han podido aguantar más la apariencia y el aire se les ha escapado estrepitosamente en forma de venta de entradas, de declaraciones, de encuestas espectaculares y de otras percepciones difíciles de ocultar. Y la barriga ha reaparecido, ha retornado a la posición original, con la desesperación de los que la ocultaban.
De todos los indicios acumulados estas últimas horas se destaca, por el eco que ha tenido, la encuesta publicada por El Periódico, las dos encuestas para ser exactos. Como todas las de este estilo, es obvio que hay que observarla con precaución. Pero, partiendo del resultado de las pasadas elecciones, la evolución del electorado catalán que se dibuja parece lógica. Más lógica que la operación de imagen, lo de la tripa, desatada durante semanas y semanas por el españolismo.
Sea como fuere, pronto habrá un par de encuestas más, incluida la del CEO en julio, que podrían consolidar la imagen que se ha establecido este fin de semana, y que dice que el bloque soberanista crece, que el referéndum lo quiere la inmensa mayoría de la población y que lo quiere de inmediato. Si puede ser, este mismo año.
Con estos elementos sobre la mesa, este otoño promete ser extraordinariamente importante. Y quizás el palmo ya será una medida incluso demasiado ancha…








