Sin investigar el escarnio del aceite de ricino

LA planificación de la sublevación militar del 36 se valió tanto para llevar a efecto los miles y miles de sus crímenes, como para ocultar su verdadero carácter fascista de los odios, envidias y miserias de la gente. Sin embargo, todo ese inmenso número de asesinatos y ofensas de todo tipo estaban perfectamente controlados y previstos por los sublevados, que cuando quisieron terminar con ellos, lo hicieron.

Para disimular su responsabilidad en aquel enorme genocidio, se le inventaron, a lo que era más que una pura y dura sublevación militar, eufemísticos nombres como el de cruzada y Guerra Civil. Los autores intelectuales de aquel genocidio, entre ellos las autoridades eclesiásticas involucradas en la urdidura de aquel drama, no han reconocido su responsabilidad.

Sin embargo, hay algunas actuaciones que ponen en evidencia el carácter premeditado y planificado de la opresión, en la que se produjeron los miles de asesinatos. Esta premeditación militarmente calculada hace que caigan sobre la responsabilidad de los sublevados no solo los fusilados y quienes fueron objeto de salvajes opresiones, sino también la inmensa mayoría de los muertos en el bando vencedor, los cuales también fueron víctimas de los sublevados.

Uno de los cruelísimos episodios, que pone en evidencia el carácter planificado y premeditado de la opresión en la retaguardia, es el de la aplicación del aceite de ricino a las mujeres, algunas aún muchachas adolescentes. El escarnio consistía en pasearlas atadas por el pueblo, después de cortarles el pelo al cero, vestirlas con una camisa o camisón y darles a beber aceite de ricino para que fueran cayéndoseles sus heces piernas abajo. Todo ello en ocasiones, después de haberlas violado o tras haber apresado y llevado a paseo a algunos de sus familiares.

Las mujeres sometidas al cruel escarnio de aceite de ricino quedaron marcadas de por vida. La inmensa mayoría de ellas vivieron toda su vida con el estigma de su insuperable humillación social.

La aplicación de esta humillación fue general y simultánea en la retaguardia de todos los territorios, que quedaron en poder de los sublevados. No se trataba por lo tanto de ninguna ocurrencia de algunos pueblos. Tampoco hubiera sido ni posible ni presentable, si no hubiese obedecido a una actuación perfectamente planificada. ¿Cómo iban a encontrar aceite de ricino en todos los pueblos que lo utilizaron, si no es ni lo era entonces un producto de presencia generalizada?

Ciertamente, la inmensa mayoría de los fusilados son hombres, como se puede ver en la lista de los más de 3.500 de Navarra. También es cierto que el impacto de la gravedad que contiene el hecho de los fusilamientos prevalece sobre todos los demás aspectos de la cruelísima opresión. En las propias obras e investigaciones sobre la opresión fascista del 36, las alusiones al cruel escarnio del aceite de ricino a las mujeres resultan marginales y de segundo orden.

Sin embargo, la investigación del escarnio del aceite de ricino a las mujeres tiene una profunda justificación no solo por la reparación moral a una opresión machista, aunque sea tardía, sino sobre todo porque sería la ocasión para poner de manifiesto la planificación de toda aquella opresión.

En el Parlamento de Navarra han trabajado durante muchos meses una ponencia para investigación de la opresión del 36 y culminó con una consensuada propuesta, que constituía la mejor base para consensuar una ley que hubiese evitado cualquier oportunismo. Sin embargo, tanto en dicha ponencia como en el debate posterior de la ley, se obstruyó la investigación sobre los episodios del aceite de ricino propuesta por Aralar. Lo más incomprensible es que esa obstrucción se haya llevado a cabo con base en la actuación parlamentaria del PSN.

Lástima. El tiempo se está acabando. Hoy por hoy tendría virtualidad un requerimiento gubernamental o parlamentario a cada uno de los entes locales para formar un primer mapa, que ayudaría al resto de la investigación y daría pistas y argumentos sobre la planificación de la opresión por los sublevados.

Noticias de Navarra