Rusia (I)

Es un hecho que la URSS perdió la guerra fría, pero lo es también que Occidente, EEUU y la UE interpretaron que los vencidos tenían que aceptar las condiciones impuestas por los vencedores, a pesar de las garantías dadas a la URSS de Gorbachov con ocasión de la reunificación alemana de que la OTAN no avanzaría hacia el este y que la UE no incorporaría estados procedentes del antiguo imperio y área de influencia de la URSS. Fue este pacto lo que permitió el fin ordenado de las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial en Europa.

La protesta más formal que real de Rusia con relación a la disolución de Yugoslavia, a la guerra en Libia o en la invasión de Irak, fue interpretada, como acertadamente señala Alexander Lukin en un reciente ensayo, tanto por EEUU como por la UE, como una falta de alineamiento con la política occidental que se corregiría una vez Rusia fuera adoptando una política económica más capitalista y una práctica política más en línea con las democracias occidentales. La predicción no se ha cumplido.

Pero la OTAN ha incrementado en 12 el número de estados asociados, todos ellos procedentes de la órbita soviética o de antiguos estados del Pacto de Varsovia, y la UE ha incrementado el número de Estados miembros en 16… Pensar que Rusia no reaccionaría ha llevado a Occidente a una política que para los ojos rusos es agresiva e imperialista. Hay una parte de razón en este argumento más allá de la falta de democracia en Rusia que no puede ser un argumento para justificar cualquier política de Occidente. La respuesta inteligente y pragmática, por eficaz, a la oligarquía rusa es probablemente mucho más la colaboración que la confrontación.

Rusia ha necesitado veinte años, desde 1990, para rehacer su economía pero el alto precio del petróleo y el gas y la abundancia de hidrocarburos de su amplio territorio le han dado una fuerza económica y también política que le permite desarrollar una proyección exterior confrontada con Occidente en defensa de su área de influencia. Para gran parte del pueblo ruso, la pérdida del imperio con la desaparición de la URSS fue la mayor catástrofe del siglo XX a partir de la creencia de que fue la Unión Soviética quien salvó Europa del fascismo y del nazismo, y es por tanto lógico que haya una voluntad de recuperar parte del antiguo poder e influencia a partir del orgullo de ser un pueblo diferente e importante en el mundo al que Occidente no le reconoce el peso que realmente tiene.

Muchas de las antiguas repúblicas soviéticas, Lituania, Moldavia, Georgia, Ucrania, tienen minorías rusófonas que quieren seguir manteniendo vínculos con Rusia, y esto ha dado lugar o a confrontaciones armadas, que en algunos casos han desembocado en la partición de estados entre las áreas mes prorrusas y más prooccidentales, casos de Moldavia y Georgia, o a una inestabilidad y conflicto que se enquista porque se convierte en guerra civil y es por tanto difícil de resolver, caso de Ucrania.

En el caso de Estonia y Lituania, estados de la UE, la minoría rusa, respectivamente un 6% y un 12% de la población, no puede votar en elecciones nacionales ni tiene idénticos derechos que el resto de la población. Es esta dificultad objetiva para la integración de dos grupos étnicos y culturales diversos, junto con la voluntad de los rusos de constituirse en minoría diferenciada, lo que dificulta hacer una política transversal e integradora el origen de los problemas que, en grado máximo, han desembocado en guerra en Ucrania.

Es cuestionable si esta voluntad rusa de influencia en las antiguas repúblicas soviéticas tiene el objetivo de reconstruir su imperio o de constituir asociaciones o comunidades de estados para promover el libre comercio y facilitar la influencia económica de Rusia. La Comunidad Económica Euroasiática que impulsa Moscú, y de la que forman parte Bielorrusia, Kazajstán, Kirguistán y Tayikistán, tiene más claramente el objetivo segundo que el primero y lo mismo se puede decir del intento de constituir una comunidad de estados entre Georgia, Turkmenistán y Ucrania. De hecho, ninguno de estos estados quiere perder su independencia y volver bajo el dominio ruso, pero sí que ven con interés expandir su propia área de libre comercio, su mercado y la mejora de sus exportaciones.

 

Joaquim Coello I Brufau
EL PUNT – AVUI