Durante la magnífica entrevista que le hizo ayer Mònica Terribas al exministro Rodolfo Martín Villa, el ahora imputado consideró oportuno decir: » Voy a defender la Transición, cuyo Capítulo más Importante es la reconciliación entre los españoles, que Tiene un valor mucho mayor que la propia democracia política. Eso fue posible por la ley de amnistía de 1977 […]». Terribas tuvo el acierto de decir: «La Transición, señor Rodolfo Martín Villa, no vale la muerte de cinco personas […]». El aludido no se daba por aludido. Insistía una y otra vez en que quiere comparecer ante la juez que le imputa (la argentina María Servini) y ante el Congreso de Diputados para dar su versión de los hechos de Vitoria, el 3 de marzo de 1976, cuando una jornada de huelga terminó con cinco muertos y ciento cincuenta heridos de bala debido a la actuación policial. Rodolfo Martín Villa era entonces ministro de Relaciones Sindicales y se disponía a ocupar el cargo de ministro de Gobernación, aún durante el régimen franquista. Después aún había de ser ministro de Administración Territorial y vicepresidente del gobierno, primero con Adolfo Suárez y después con Leopoldo Calvo-Sotelo de presidentes. Todo un currículum.
A estas alturas de la película, hay un punto que debería quedar claro: cualquier persona que tuviera cargos de responsabilidad política en un gobierno del dictador Franco tiene las manos manchadas de sangre. La ley de amnistía que tanto le gusta a Rodolfo Martín Villa fue tan cojonuda que nadie ha tenido que responder de los cientos de miles de muertos y de exiliados que generó la dictadura franquista. Al contrario, se pasó página y se hizo ver que aquí no había pasado nada. Pero habían pasado auténticas atrocidades.
Un tipo como Martín Villa tiene el cinismo de ofrecerse a la juez y a las Cortes porque, como él mismo se encarga de recordar, tiene ochenta años y sabe que no irá a la cárcel. Tanto le da, pues, hacer un par de declaraciones, principalmente con el objetivo de cargar las culpas a personajes que ya no pueden replicar porque están criando malvas, pero que fueron tan o más indecentes que él. España siempre ha considerado que su Transición fue ejemplar porque se saldó con una cantidad no muy exagerada de muertos. Pero lo cierto es que los hubo. Y lo que es aún más cierto es que los que ocupaban entonces los principales cargos políticos no han querido saber nada. Se fabricaron una ley de amnistía como un traje a medida, y dejaron todo un país (España, con Cataluña dentro) sumido en el dolor y el desconcierto. Que ahora tengan ochenta años no les exonera de nada.
Que la petición de responsabilidades tenga que llegar desde Argentina lo dice todo sobre el sistema judicial español. Que el ex ministro Martín Villa, que como todos sus compañeros de gabinete firmaba «enterados» de las ejecuciones, se presente como un anciano pacífico lo dice todo sobre la presunta democracia española. Ni tienen vergüenza ni la conocen.
Ara








