La declaración unilateral de independencia del Parlamento tiene más ventajas que el referéndum
La indiscutible persecución de nuestra cultura, nuestra lengua, nuestros derechos históricos y nuestra economía que el gobierno español lleva a cabo requiere una rápida toma de posición de la política catalana, tras la definición hecha por la sociedad catalana con un 51 % de personas en favor de la independencia.
La política catalana ha de formular desde el Parlamento de Cataluña una respuesta inequívoca, y tan unitaria como sea posible. Y, con la acogida que el ministro Montoro dispensó al consejero de Economía, Andreu Mas-Colell, es evidente que la propuesta de «pacto fiscal» queda obsoleta si no quedaba ya antes. Por lo tanto, sin el escalón intermedio que, con palabras del presidente Mas, nos proporcionaría «la llave de la caja», el Parlamento sólo tiene una solución posible: adelantarse -deprisa- hacia la formación del Estado Catalán. Llegados aquí, debemos preguntarnos qué hoja de ruta es la más conveniente: 1. Un referéndum convocado por el gobierno de Cataluña. 2. Una declaración unilateral de independencia hecha por el Parlamento de Cataluña.
El Referéndum de autodeterminación, aunque suena muy bien desde el punto de vista democrático, plantea una serie de dificultades «reales» que pueden llevar a nuestro país en una situación difícil. La definición del censo a utilizar es la primera. El censo, para ser válido, debe tener en cuenta la reciente población extranjera que vive en nuestra casa. ¿Qué acotamiento de residencia se contemplaría? El censo, para ser válido, también debe establecer la acotación adecuada y justa de los empadronamientos procedentes del resto del Estado. En este segundo aspecto, el peligro de una avalancha de empadronamientos súbitos en los municipios catalanes de personas procedentes de toda España no es política ficción. Conocemos bastante bien el españolismo imperante para verlo capaz de proceder con el más grosero maquiavelismo.
El Referéndum de autodeterminación presenta otro peligro: la fragmentación de la sociedad catalana. No a causa de la lengua, como algunos pretenden, sino producida por la resonancia de trompetas de la muerte que se alzarían en los centros de poder españoles y de rebote en buena parte de la sociedad española. Las amenazas de infortunios de todo tipo se sucederían una tras otra. La identidad personal de los ciudadanos sería utilizada para hacer una real fragmentación entre las personas que se sienten sólo catalanas y las que se sienten catalanas y españolas a la vez. Sabemos por las encuestas que la opción de avanzar hacia la independencia se manifiesta en positivo sin discriminación identitaria. Pero, con las mentiras que se nos venderían, ¿resistirían estos catalanes-españoles las predicciones y los ataques de los Rajoy, de las Sánchez Camacho, de los Aznar, de los Rivera, de las Rosa Díez, de los Navarro, los Corbacho, de las Chacón, del mismo Rubalcaba, de toda la corte celestial españolista? ¡Qué fácil sería utilizar una predicción de destierro de todos aquellos que no fueran catalanes de pura cepa!
La declaración unilateral de independencia desde el Parlament de Cataluña tiene una ventaja que pone freno al maremágnum descrito antes. Evita enfrentamientos a priori. Ofrece como un hecho consumado la independencia de Cataluña que, no lo olvidemos, cuenta como hemos dicho con más de un 50% de apoyo ciudadano. Y puede, desde las plataformas parlamentarias, exponer civilizadamente los argumentos a favor y en contra del Estado Catalán. Claro que, para poder hacer esta declaración unilateral, se necesitan una serie de contactos internacionales, una serie de compromisos con Europa, con el gobierno de Estados Unidos, con los diversos agentes internacionales -sin olvidar a los chinos-. Con una connivencia amplia del mundo para ser aceptados como Estado Catalán.
Un Estado Catalán libre y solidario también con España, con quien establecería enlaces de colaboración económica con una reducción anual pactada. Un Estado Catalán «…de derecho, independiente, democrático y social, integrado en la Unión Europea», como preveía la pregunta de las consultas sobre la independencia de Cataluña.
El gobierno de CiU tiene la oportunidad histórica de capitanear este proceso. Sólo depende de la propia voluntad. De la voluntad y del coraje.








