DE todo lo acontecido el pasado domingo 20-N creo que lo más destacado no es, precisamente, la mayoría absoluta del PP, conseguida sin despeinarse, sin propuestas concretas -sólo con deseos- y, aun peor, sin ofrecer el liderazgo necesario en estos tiempos aciagos. No, lo más destacable es, en primer lugar, la causa de tal mayoría absoluta, es decir, el descalabro socialista en todo el territorio estatal. En segundo lugar, la reemergencia del voto abertzale en Euskadi, con una fuerza intuida pero hasta ahora no certificada por las urnas. Y en tercer lugar, el fracaso de las expectativas de sorpasso del PP para constituirse en segunda e incluso primera fuerza en Catalunya, mientras por el contrario ha sido CiU, por sorpresa, la que pasaba a ocupar por primera vez y a distancia, el número 1 del pódium electoral catalán. Los tres aspectos son destacables porque se escapan de una interpretación fácil, de manera que quien sepa analizarlos mejor dará con las claves de los meses venideros.
En cuanto a la derrota del PSOE, y aun no queriendo caer en visiones conspirativas, uno diría que los socialistas no es que no hayan podido ganar, sino que deseaban perder. Quizás tenían vista muy de cerca la que se avecinaba, y en el fondo, incluso preferían la victoria de la mayoría conservadora. La sospecha arranca a la vista de la malísima campaña electoral, que ya empezó fatal con el debate televisivo entre Rubalcaba y Rajoy, y siguió terrible intentado ocultar a Rodríguez Zapatero y trasluciendo un sinfín de deslealtades internas.
En Catalunya, que es donde he podido seguir mejor la campaña socialista, la cosa no podía ir peor. Una ministra del Ejército, huida durante estos últimos años en acto de servicio, regresaba con ataques sistemáticos al gobierno de CiU por el hecho de aplicar unos recortes obligados desde su propio gobierno. Errores como los del vídeo de los médicos-maniquí a los que se les morían los enfermos, o la sospechosa aparición de informaciones sobre juicios de antiguos casos de supuestas malas prácticas médicas, por no decir la no aparición en el último debate televisivo en TV8, solo sirvieron para acentuar una imagen de desesperación. Algunos creían que Chacón había venido a recuperar sus veinticinco diputados de 2008 para coger fuerzas para el combate sucesorio del PSOE, pero se marchará con catorce diputados -once menos-y con un PSC desconcertado y a las puertas del desguace.
Respecto a Euskadi, no me veo muy capaz de escribir sobre el gran resultado de Amaiur, pero es evidente que ahora quedan muy claros cuáles eran los miedos que tenían unos y otros de su retorno político a las urnas. Su triunfo resta legitimidad social al actual Gobierno vasco -no legitimidad política, en el sentido jurídico, que la conserva entera- y, en cualquier caso, le complica enormemente la vida. La alianza contranatura ahora se hace obsoleta y casi insostenible desde cualquier punto de vista. Quizás, de paso, habría que revisar la ley electoral que permite los importantes desajustes entre votos y diputados, pero eso siempre hay que discutirlo en frío y no al calor de unos resultados particulares.
Por otra parte, habrá qué ver que va a hacer Amaiur en las Cortes y si va a ser capaz de aprovechar con inteligencia un punto de partida posiblemente algo inflado por la falta de desgaste parlamentario. Sea como sea, si el fin de la lucha armada ya suponía un cambio de marco radical, los resultados del 20-N trasladan al plano político el final militar y policial de ETA. Nada va a ser igual y parece que todo está por hacer en Euskadi. Una gran oportunidad que no tengo ninguna duda de que no se le va a escapar a un pueblo tan castigado.
Finalmente, está el caso catalán. No se parece en nada al caso vasco, por mucho que en los mapas del domingo por la noche aparecieran pintados del mismo color, como si se tratara de la misma excepción. Si algo los acerca es el hecho de escaparse de la lógica electoral española, con lo cual parece certificarse, aunque sea en negativo, que constituyen proyectos nacionales distintos al español. Es decir, ambos territorios resisten los tsunamis azules y ambos presentan diques de contención propios y diferenciados. En el caso catalán, lo más interesante es que una semana antes, confundiendo deseo con realidad, algunos ya cantaban los funerales al soberanismo. Pero lo cierto es que, finalmente, los partidos unionistas, PSC y PP, han sumado 25 diputados frente a los 33 que obtuvieron en 2008. Y los soberanistas, con distintos gados de ambigüedad, han pasado de 14 a 22. No es poca cosa, particularmente a la vista de lo esperado.
ERC, manteniendo los tres diputados, pega un salto en la buena dirección después de debacles sucesivas en las dos últimas elecciones. ICV crece al abrigo de la indignación. Y a CiU, la noche del domingo, los militantes la recibieron, dentro y fuera de la sede electoral, a la voz de «independencia, independencia…» Una victoria quizás pírrica, en el sentido que de poco le va a servir en Madrid a Duran i Lleida, pero que en clave interna, es muy importante para el presidente Artur Mas, que ve nuevamente ratificada por los votos su dura política de contención presupuestaria.
La responsable del PP, Sánchez Camacho, quizás para despistar a su electorado del fracaso de expectativas -la distancia entre porcentajes de voto en España y en Catalunya sigue siendo la misma el 2011 que el 2008-, advertía a Artur Mas de su debilidad en Catalunya. Pero, a las pocas horas, ERC se ofrecía a CiU para un pacto estable. En Catalunya, el partido de la gobernación sigue muy vivo, al margen del a partir de ahora aburrido panorama español.
Solo me queda por añadir una última reflexión. Si el Partido Popular ha conseguida tal mayoría absoluta con casi los mismos votantes por no comparecencia del adversario, ¿conseguirá el apoyo social necesario para desarrollar la política que le va a exigir Europa? Dicho de una manera más cruda: vistas las urgencias europeas y el estilo político de Rajoy de vencer las dificultades a base de dejarlas pudrir -véase el caso Camps, entre otros- ¿va a durar cuatro años, esta legislatura?
* PROFESOR DE SOCIOLOGÍA DE LA FACULTAD DE C. POLÍTICAS Y SOCIOLOGÍA DE UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE BARCELONA
http://www.deia.com/2011/11/25/opinion/tribuna-abierta/no-es-azul-todo-lo-que-reluce







