Esta semana el mundo ha recordado el 70 aniversario de la liberación del campo de exterminio de Auschwitz-Birkenau. Y digamos exterminio, con todas las letras, por favor, dejémonos de eufemismos ofensivos para las víctimas y sus familiares como campo de concentración. Auschwitz sólo tenía una única funcionalidad: matar, asesinar, exterminar seres humanos.
Aunque han pasado siete décadas de la liberación de este campo de la muerte creo que todavía hay algunos estados en el mundo que no han hecho una revisión histórica lo suficientemente potente, una profunda reflexión sobre el pasado, para analizar cuál fue la relación gubernamental con el Holocausto y porqué se permitió que la especie humana llegara a ese punto de no retorno en pleno siglo XX.
Uno de estos estados es el español. Hablo de falta de revisión en términos históricos. De un pasado no tan lejano en el tiempo. Porque en España el franquismo no escondió en los primeros años de dictadura una fascinación nada disimulada hacia las leyes raciales de la Alemania nazi de Hitler, aliado natural, estratégico e ideológico del fascista Franco durante la Guerra Civil y buena parte de la posguerra española y, por tanto, durante buena parte de la Segunda Guerra Mundial. Con honradas y valientes excepciones por parte de algunos diplomáticos españoles, el aparato propagandístico del franquismo vendió las excelencias del nazismo en una población tan intoxicada informativamente como preocupada por los problemas domésticos
A partir del 1944 y sobre todo ya en 1945, con la victoria de las potencias aliadas Franco fue lo suficientemente hábil como para acercarse a los vencedores de la guerra pues estos veían en la dictadura española una garantía para que la siempre geoestratégica península ibérica no cayera en manos del comunismo. Comenzaba la guerra fría y Franco contó con el perdón diplomático de unos aliados que, democracia en mano, deberían haber expulsado al mísero general gallego por haber sido aliado incondicional de Hitler y Mussolini. La prensa oficial española olvidó por arte de magia el filonazismo español que había arraigado en las élites sociales y económicas y se vendió aquello de la neutralidad española. La falsa neutralidad española. Pregunten a las víctimas republicanas que murieron en los campos nazis de qué neutralidad hablamos.
Tras la muerte de Franco España se concentró en recuperar los mínimos democráticos y se olvidó de hacer la profunda reflexión sobre su pasado pronazi. Políticos, empresarios y personajes que en su día abrazaron la esvástica fueron amnistiados vergonzosamente. Jurídicamente, las leyes españolas situaban a la misma altura a los defensores de Hitler con los presos políticos que también fueron amnistiados por haber defendido la democracia. Todos fueron perdonados, todos, y los colaboradores del nazismo y los simpatizantes del antisemitismo durante la primera mitad de los cuarenta vivieron sin ningún remordimiento. El cuñado de Franco, Ramón Serrano Suñer, por ejemplo, murió la cama en 2003, a los 101 años, sin haber sido juzgado por un tribunal estatal o internacional. Cuando fue ministro de Asuntos Exteriores en 1940 tuvo contactos permanentes con las autoridades nazis (el 13 de septiembre de ese año se entrevistó con Hitler en Berlín y unos días después acompañó a Franco en el encuentro con el Führer en Hendaya). Siempre que desde Berlín le preguntaban qué había que hacer con los republicanos españoles capturados por la Gestapo en la Francia ocupada Serrano se remitía a los acuerdos de cooperación entre las policías españolas y nazi de 1938. Es decir, se lavaba las manos. Miles de españoles murieron en los campos de la muerte por culpa de siniestros personajes como Serrano.
En 2008 viajé a Jerusalén para dirigir un documental sobre el funcionamiento de las entidades israelíes que trabajan para que los últimos criminales de guerra nazis que aún viven el planeta se sienten ante un tribunal de justicia. Cuando pregunté a su director, Efraim Zuroff, qué colaboración tenían por parte del gobierno español me contestó que nula. Cero. Era en 2008 y en España mandaba el PSOE de Zapatero. Tampoco habían tenido más suerte con los gobiernos Aznar y González. España no quería saber nada de su pasado más oscuro. Amnistía. Olvido. Una actitud tan cobarde como denunciable. Hay trabajo que hacer, memoria para recuperar y mentiras por desenmascarar.
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