Navarra es Navarra

NAVARRA_navarra

Con frecuencia nos tildan de historicistas. Supuestamente, hemos venido a crear división y a establecer dificultades en el proceso de liberación de Euskal Herria. Algo que ni siquiera entra dentro de nuestros planes: porque no debe liberarse un ente socio-cultural (“Pueblo Vasco”), sino el ente jurídico-político (Nabarra).

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Interesante semblanza de la Zona Vinícola de Haro (Argazkia: Hermano Templario)

Nosotros, sin embargo, no consideramos que hayamos venido a crear discordia. Muy al contrario, asociaciones y entes como Martin Ttipia nacieron con la firme intención de clarificar la huella socio-cultural que el Estado de Nabarra ha dejado en el País. Y así hemos venido haciéndolo desde hace ya cinco años. Radicada en Araba, nuestra asociación tiene sus miras puestas también en esas tierras limítrofes que al sur de nuestra provincia conservan aún el acervo socio-cultural de Nabarra.

Como diría Ana Pastor, presentadora de El Objetivo, nosotros les brindamos los datos para que sean ustedes quienes saquen sus propias conclusiones. Y los datos hablan por sí mismos. La pasada semana, un servidor paseaba por Haro y se encontraba con un vagón decorativo junto al acceso a una de las más representativas bodegas de la localidad. Aún sin ser un experto en lingüística vasca, me percaté del origen claramente vascón de la mayoría de las localidades reflejadas en el gran barril colocado junto al vagón: Sajazarra, Galbarruli, Fonzaleche, Ochanduri, Cuzcurrita, Cihuri, Anguciana, Zarraton, Ollauri. Quiero decir con esto que, desde mi posición como mero aficionado a la cultura nabarra, “sólo” capto el origen vasco en los topónimos citados, por lo que no es descartable que algunos de los no citados también participen de ese mismo acervo cultural.

“No hay más cera que la que arde”; o “el algodón no engaña”; o, si lo prefieren ustedes, “Navarra es Navarra”. Me quedo con esta última máxima, escuchada allá por 1998 en Lizarra. Estudia entonces mi carrera de periodismo y llegué a la capital del Ega sin más armas que una libreta y una grabadora. Impulsado por mi profesora de Proyectos Periodísticos, mi objetivo era preguntar a los lizarratarras qué opinaban sobre el Acuerdo de Lizarra-Garazi. Hubo un poco de todo entre las respuestas que obtuve, pero me llamó la atención sobremanera una de ellas, quizá por su rotundidad, su apasionamiento, su firmeza y su espíritu identitario. En aquel entonces no la comprendí y suscitó en mí una cierta decepción y un cierto amargor. Me encontraba demasiado influido por las tendencias ideológicas del nacionalismo preconizado por Sabino Arana y proclamado desde hace décadas por Acción Nacionalista Vasca y el PNV y sus escisiones. La frase sonó como un aldabonazo en mi conciencia: “Navarra es Navarra”.

Han pasado 16 años desde entonces y, francamente, puede decirse que la expresión cobra para mí toda su autenticidad y vigencia. No se puede luchar contra lo evidente. Tenemos un sustrato socio-cultural cimentado a su vez sobre la “Lingua Navarrorum”. Y fueron esa sociedad y esa cultura las que sirvieron de soporte a una civilización que comenzaría tomando forma como “Ducado de Wasconia”; más tarde como “Reino de Pamplona”; y finalmente como “Reino de Navarra”.

Es por ello que Nabarra es Nabarra. Y lo es más allá de fronteras impuestas, parafraseando a nuestro buen camarada Tomás Urzainqui. ¿Por qué entonces habríamos de sorprendernos de que en la Comunidad Autónoma de La Rioja podamos encontrar tantos y tantos topónimos de origen vasco? Los datos están ahí, sobre ese vagón a las puertas de una bodega en Haro. Las conclusiones son enteramente suyas.

Hermano Templario