Hay que decirlo más: son unos miserables. Las personas presas en la cárcel de Pamplona han pasado de comunicar directamente con sus familiares tres veces al mes, a hacerlo una vez cada tres meses. La dirección de la cárcel aduce problemas de personal. Esto es, problemas de dinero. Unos problemas de dinero que llegan tras haberse gastado más de 100 millones de euros en la construcción de la nueva macrocárcel. Por lo tanto, ha habido dinero para que la UTE formada por Ferrovial-Agroman SA y Azysa -adjudicataria de las obras- y la empresa Serramar -encargada de la seguridad- hagan un negocio de cien mil pares de billetes de quinientos, pero no hay dinero para que Rafa -un chaval extoxicómano preso en la macrocárcel de Santa Lucía al que conozco- vea a su madre. Y que viva el pelotazo. Cuando se hizo público el proyecto, las asociaciones que trabajan por los derechos de los presos advirtieron que en Navarra no era necesaria una prisión de tan enormes dimensiones. Hoy es el día en el que la mitad de la cárcel está cerrada, por falta de dinero. La piscina está vacía. No hay villavesa hasta la cárcel. Etcétera. Ande o no ande ladrillo grande, y negocio mayor. Aunque sea a cuenta de quien más jodido está. Un detalle de lo más ilustrativo, que denuncia Salhaketa en un informe sobre prisiones: a los presos, y a las presas, les han prohibido llamar a cobro revertido. Movistar gestiona los servicios telefónicos de las cárceles. Y si se llama a cobro revertido, puede facturar la llamada otra compañía. Hay unas 55.000 personas presas. Cada una tiene derecho a cinco llamadas semanales de cinco minutos. Son 14 millones de llamadas al año. Unas llamadas a las que Movistar aplica tarifas especiales. ¿Más baratas? No, más caras: en horario normal el minuto de llamada metropolitana cuesta en el exterior 0,012 euros. En la cárcel, 0,04. Casi cuatro veces más. Las personas presas en la cárcel de Pamplona solo pueden ver a sus familiares una vez cada tres meses. Estos miserables -políticos, empresarios, usuarios muchos de la puerta giratoria- que se dedican a hacer negocio a cuenta de los más débiles no sé cómo se atreven a mirar a sus familiares a la cara.
Juan Cruz Lakasta
Noticias De Navarra









