Los populismos (I)

Yascha Mounk ha escrito recientemente un ensayo sobre si y cómo pueden los populismos amenazar las democracias liberales. Es una recopilación de ideas acertado y completo en cuanto a los datos pero opinable desde el matiz hasta la discrepancia. Lo que sigue es una reflexión sobre estas ideas que desde hace veinte años han cogido una fuerza y trascendencia que pueden resultar determinantes a corto y medio plazo para las sociedades occidentales, y no sólo desde la vertiente política sino también de la económica y la sociológica.

El populismo es en esencia la movilización de la población contra las élites políticas y económicas que se describen como corruptas y autosuficientes. El populismo nace con las elecciones, Tiberius Gracchus en Roma, los jacobinos en Francia en el XVIII y los Jacksonians en EEUU al XIX todos trataron de movilizar a las masas contra el poder. El crecimiento de la economía en Europa y EEUU desde 1945 hasta finales de los ochenta permitió a todas las democracias limitarse a un impacto testimonial el populismo. Ni el populismo de derechas ni el de izquierdas consiguieron mover de manera significativa los regímenes democráticos. La estabilidad política de las democracias liberales era en estos años casi absoluta.

Desde los noventa el populismo ha cogido fuerza y ha afectado a los partidos tradicionales que han perdido espacio electoral, los euroescépticos en el Reino Unido, la extrema derecha del Frente Nacional en Francia, el Tea Party en EEUU, el Movimiento Cinco Estrellas en Italia, el partido de Pim Fortuyn en Holanda… todos participan de los rasgos básicos del populismo a la derecha o a la izquierda pero siempre llevados al extremo. No es cierto, como podría pensarse, que la crisis económica desde 2007 es la que crea y refuerza el populismo. Este nace de la constatación por la ciudadanía que muchos de los problemas actuales pueden difícilmente resolverse desde la estructura democrática de los estados. Como ha demostrado el sociólogo holandés Mudde, el populismo ha tenido tanto éxito de 2005 a 2008, antes de la crisis, como de 2009 a 2013 en plena crisis…

La salida del problema está en dar respuesta a las demandas «populistas» demostrando que las soluciones propuestas por estos no resuelven en general los problemas, que a menudo son más complejos de lo que con una mirada superficial puede parecer pero que el populismo hace suyos. Las respuestas sencillas son siempre más fáciles de explicar que las complejas, pero la cuestión es demostrar que las recetas simples son incompletas y por lo tanto pueden resolver parcialmente unos problemas pero crean otros. Prohibir el aborto lo convierte en clandestino y por tanto en inseguro. Echar a los inmigrantes hace perder una mano de obra barata que no es sustituida por autóctona… El remedio puede ser peor que la enfermedad. Hay dos factores de largo alcance en el origen del populismo, la reducción de los niveles de vida de la población, «nuestros hijos vivirán peor que nosotros» y la percepción de una amenaza a la identidad nacional planteada por la inmigración.

Desde la revolución industrial y con la excepción de guerras y conflictos concretos todas las generaciones partían del convencimiento de que siempre sus hijos vivirían mejor y tendrían más recursos que ellos mismos, y eso ya no es cierto, no de manera coyuntural sino tendencial, como ha demostrado Thomas Piketty a partir de la globalización y del acceso al bienestar de una población que antes vivía en países emergentes en la más absoluta pobreza. El acceso a un trabajo de esta población por centenas de millones de nuevos trabajadores ha creado una fuerte e inesperada competencia en occidente que ha traido inevitablemente paro y salarios más bajos. La globalización ha incrementado la competencia en occidente en el mercado de trabajo, se ha incrementado también la inseguridad de la población que ve reducirse su nivel de protección y aumentar su nivel de incertidumbre en sus ingresos futuros.

Los inmigrantes en el período de la descolonización eran considerados una población ocasional que retornaría a sus países de origen una vez terminada ésta. Hoy ya se sabe que no es así y esto ha creado en una parte de la población un sentimiento de rechazo que el populismo impulsa pidiendo establecer diferencias de derechos entre los de aquí y los de allí. En EEUU la amenaza ha sido presentada como la pérdida del dominio blanco a largo plazo y en Holanda como el peligro de islamización del país…

EL PUNT – AVUI