Tres dictadores han caído en el norte de África en lo que va de año. Otros tiranos del mundo musulmán mantienen su poder con el ejército disparando contra las gentes que piden libertad y arriesgan sus vidas en las calles de Siria, Yemen y Bahréin. Es un auténtico vendaval en contra de los dictadores que ya no pueden controlar con la fuerza sociedades jóvenes y capaces de relacionarse en contra del autoritarismo.
La crisis económica de Occidente puede haber tenido que ver con la llamada primavera árabe. En tiempos de convulsiones económicas y financieras, la inestabilidad de los gobiernos se convierte en crónica. En este año de 2011 han dimitido o han cambiado de máximos dirigentes los gobiernos de Grecia, Irlanda, Dinamarca, España y lo más probable es que el exótico Berlusconi sea desplazado del poder en los próximos días o semanas. Sólo el Gobierno polaco ha conseguido mantenerse cómodamente repitiendo victoria el 9 de octubre.
La canciller Merkel va perdiendo elecciones regionales una tras otra y no sabe cómo salirse de la doble pesadilla de mantener la europeidad de Alemania y el descontento de muchos de sus paisanos que han perdido la confianza en ella. El presidente Sarkozy está valorado muy bajo en las encuestas y su continuidad en el Elíseo será difícil en las presidenciales del próximo mes de mayo.
Nunca habíamos conocido tantos cambios en tan poco tiempo en la Europa de la postguerra. Habría que remontarse a la gran crisis de 1929 para comprobar cómo todos los países cambiaron de gobierno y algunos de régimen en los cuatro años posteriores a aquel cataclismo financiero.
Estos cambios indican tanto malestar como incertidumbre. Son una consecuencia de que un cierto mundo se acaba y nace otro que no sabemos hacia dónde nos conduce. En el caso de las dictaduras, el camino es hacia la libertad, sean cuales fueren sus consecuencias. Y en los países democráticos nos llevará a ejercitar de otra manera la política y a que las relaciones entre gobernantes y gobernados sean más cercanas y decentes, menos cínicas y frívolas.
Preservar la libertad es fundamental. Fomentar una mejor preparación académica, también. Y, por fin, una sociedad un poco más justa y equitativa para que la nómina de excluídos vaya desapareciendo.
http://www.lavanguardia.com/opinion/articulos/20111108/54237632803/los-caidos-en-este-ano.html







