Libia

El 17 de marzo de 2011 la ONU hace pasar una resolución impulsada por el gobierno de EEUU que legitima la intervención militar en Libia. En palabras del presidente Obama: «Si se espera que un día más habrá un baño de sangre por la represión de la rebelión del gobierno libio contra su propio pueblo». La intervención se terminó en octubre con el asesinato de Gadafi por los rebeldes.

La intervención fue calificada por Francia, Reino Unido y EEUU como un
éxito para conseguir los objetivos de llevar la democracia en Libia, evitar un genocidio contra la población y erradicar el terrorismo. El éxito tres años después se ha demostrado un absoluto fracaso.

En julio de 2012 hubo elecciones libres. El primer ministro Mustafa AG Abushagur no duró un mes. En cuatro años Libia ha tenido siete presidentes… En mayo de 2014 había un estado real de guerra civil entre los islamistas y los liberales. Las elecciones en junio no resolvieron nada, sólo 600.000 ciudadanos votaron, mientras que en las primeras elecciones hubo 1.700.000 votantes. La población demostró total desinterés por una democracia que no le llevaba ni paz, ni estabilidad ni prosperidad.

El país pasa a tener dos Parlamentos y dos regímenes políticos que se reparten el país y se hacen la guerra. Al este, el Congreso Nacional General, y al oeste, el Congreso de los Representantes del pueblo… Los crímenes contra la población son constantes, 400.000 libios han huido. La producción de petróleo libio de 1,65 millones de barriles diarios, como base de la riqueza del país, no llega ahora a 0,5 millones. El nivel de vida de la población se ha reducido de forma drástica.

Cuando la revolución se inició el gobierno de Gadafi la reprimió. Se ha verificado que en las primeras semanas hubo 200 muertos por el conflicto, pero la propaganda de los rebeldes reportó la muerte de más de 10.000 libios para provocar la intervención de la OTAN. Fue una intoxicación informativa de los rebeldes para forzarla pero lo consiguió. El conflicto ha hecho ya más de 12.000 muertos, producidos por los enfrentamientos de las milicias rebeldes y los ataques de estas contra la población.

En los diez últimos años del régimen de Gadafi, este revirtió la ayuda del terrorismo que causó el accidente aéreo de Lockerbie en 1988 y combatió por la amenaza que Al Qaeda suponía para el Estado libio. Oficiales de EEUU afirmaron en 2004 que Gadafi era «un colaborador esencial para combatir el terrorismo internacional».

La guerra civil en Libia ha impulsado el terrorismo en la zona. En septiembre de 2012 los yihadistas mataron al embajador de EEUU. Qatar y Sudán han armado a los rebeldes islamistas, lo que ha potenciado la guerra. El terrorismo se ha extendido a Mali, Burkina Faso y Níger. De un arsenal de 15.000 misiles del ejército de Gadafi, las dos terceras partes han desaparecido y muchos han pasado posiblemente a grupos terroristas.

La situación en Siria como consecuencia de la intervención en Libia ha empeorado porque los rebeldes han pensado que la situación se podría replicar con idénticas razones, la protección de la población civil. Rusia autorizó la zona de vuelos prohibidos pedida por EEUU a la ONU pero el abuso hecho de esta resolución que ha llevado a la destrucción del régimen libio les ha opuesto a Occidente. El ministro de Asuntos Exteriores de Rusia, Lavrov, dijo: «Nunca más Rusia autorizará al Consejo de Seguridad nada similar a lo que se ha hecho en Libia». Irán ha tomado nota de la experiencia…

El hijo de Gadafi, Saif, era la voz liberal del régimen. Convenció a su padre de liberar, entre 2009 y 2010, casi todos los prisioneros políticos y convertido en heredero no declarado manifestó estar dispuesto a suceder a su padre pero siempre que se impusiera una constitución democrática y elecciones libres. Posiblemente nada hubiera sido así exactamente, pero es innegable que cuando comenzó la intervención había caminos menos cruentos que la guerra para transformar el régimen …

La guerra en Irak ha sido un error y en Afganistán también. Las razones de la administración republicana para iniciarlas eran presumiblemente una afirmación de imperialismo y una voluntad de controlar una zona políticamente inestable y rica en recursos naturales. Las razones de política interior derivadas del 11 de septiembre fueron un catalizador de la intervención. En el caso de Libia, estas razones no se daban con la misma intensidad. Se puede presumir la voluntad de proteger a la población y de reforzar el movimiento de la primavera árabe por parte de la administración demócrata, pero el error ha sido el mismo y los efectos para Occidente, similares.

EL PUNT – AVUI