Lecciones del referéndum lingüístico de letonia

Cuando en 1990 el pequeño país báltico de Letonia se proclamó independiente y logró escapar de la tiranía comunista, la comunidad rusófona interior representaba el 35 por ciento de la población. Esta parte importante de la población no sólo era rusófona, sino que no hablaba letón porque esta lengua no había tenido ningún estatus legal hasta el año 1988, es decir dos años antes de la independencia. Dicho de otro modo, la totalidad de la población sabía ruso por imperativo legal pero un 65 por ciento sabía, además, la lengua letona, transmitida de padres a hijos al margen de la ley.

Ante la posibilidad de dar la ciudadanía a todos los habitantes del país y consolidar una minoría lingüística y nacional con fuertes vínculos políticos y emocionales con Moscú, el gobierno letón vinculó la obtención de la nacionalidad con el conocimiento de la lengua nacional, que se convirtió en la única lengua oficial del país. El esquema era muy sencillo: si usted, señor ruso que lleva viviendo aquí 40 años, quiere nuestro pasaporte, apruebe un examen de letón. Si no lo aprueba no sufra, que no lo echaremos fuera pero no tendrá la ciudadanía.

La ley de ciudadanía no era racista, aunque algunos nos lo intenten hacer creer. Una prueba: todos los hijos de los rusófonos que nacen en territorio letón obtienen automáticamente la nacionalidad, dado que se da por hecho que aprenderán el letón en la escuela. Si la ley fuera racista, estos niños también serían excluidos. Sus padres, por cierto, también tienen acceso directo a la nacionalidad si aprueban un examen de letón. Que un 20 ciento de habitantes aún no lo hayan hecho es otro tema, que tiene más que ver con el nacionalismo ruso que con las dificultades de la lengua. Más de la mitad de los rusófonos ya han recibido la ciudadanía después de aprobar el examen. Faltan menos de 300.000, que representan menos de un 15 por ciento de la población. Dicho de otro modo, un 20 por ciento de la gente que tiene la ciudadanía letona es rusófona. Cuando este 15 por ciento restante se integre, los rusófonos serán el 35 por ciento de la ciudadanía, exactamente el mismo porcentaje de rusos que había en 1990, pero por el camino habrán aprendido la lengua. ¿Problemas? Yo no veo por ninguna parte.

Sobre los letones y su manera de administrar su país se han dicho muchas tonterías. Muchas han sido dichas en Cataluña, campeona mundial de dar lecciones a todo el mundo pero incapaz de resolver los propios problemas. A raíz del referéndum fallido para oficializar la lengua rusa, algunos periodistas, algunos de los medios públicos, han repicado estas tonterías como si fueran mantras, sin preocuparse de comprobar si eran ciertas o cuestionarse el lenguaje. Por ejemplo: se ha dicho que la minoría rusa no tuvo acceso a la ciudadanía letona en el momento de la secesión. Claro que tuvieron acceso, siempre y cuando fueran competentes en la lengua del país. Que hablaran ruso no era el problema; lo era el que no hablaran, también, letón. En TV3 incluso escuché la frase: «El gobierno letón impuso el conocimiento del letón para tener la ciudadanía». ¿Imponer? Me parece que hizo lo que es de sentido común y hacen la mayoría de países serios del mundo.

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