El pasado jueves Mike Hammer, secretario de Estado adjunto del gobierno de Barack Obama, hizo una rueda de prensa en Washington íntegramente en castellano. Era la primera vez. Informaba el viernes el corresponsal de La Vanguardia. Marc Bassets explicaba que Hammer, de madre española y que se crió en varios países de América latina, lo propuso a su jefe, Hillary Clinton, a quien le pareció «muy buena idea».
Tampoco es que fuera un capricho personal de Hammer. El hecho es que en Estados Unidos, según el último censo, hay más de 50 millones de ciudadanos de origen latinoamericano, que representan un 16,3 por ciento de la población. O sea, que también fue una muestra de sensibilidad hacia una parte importante de la población. También es cierto, y así lo señala Bassets, que puede haber un trasfondo electoralista en este hecho. La movilización de la población hispana fue decisiva en la elección de Obama a la presidencia, y ahora que se están haciendo las primarias republicanas para escoger el rival del actual presidente en las próximas elecciones, los demócratas hacen este gesto hacia a la población hispana para ir haciendo bolsa de votos.
Una vez dicho todo esto, es la hora de decir que no lo he explicado para hablar de política sino de lengua. Siempre que seamos lo suficientemente inocentes para creer que se puede hablar de lengua sin hablar de política, y más en este rincón del mundo donde vivimos nosotros. Ya me entienden. Les he hablado de la rueda de prensa en castellano del señor Hammer para hablar de las sentencias sobre la inmersión lingüística en Cataluña. Para venir a decir, o a poner en evidencia, cuán imposible sería que en Madrid algún día un ministro convocara una rueda de prensa en catalán por sensibilidad con buena parte de la población (un porcentaje similar al de hispanos en Estados Unidos) de del Estado. Eso sí, seguro que los españoles están orgullosos de esta conquista en territorio norteamericano.
Mientras tanto, aquí los catalanes estamos razonablemente satisfechos porque el TSJC no cuestiona de raíz la inmersión lingüística en la enseñanza. Pero no podemos negar que la ofensiva anticatalana ha abierto otra brecha, en este caso en la lengua. Fue el Tribunal Constitucional. Y aquí estamos, tratando de no retroceder o de minimizar los daños de cada retroceso. España está en la miseria económica. Pero progresa en su imperialismo lingüístico.







