La pregunta era de esas de las ruedas de prensa del Fondo Monetario Internacional que hacemos cuando el jefe quiere una respuesta determinada. “Perú viene ya proyectando crecimiento de la producción del cobre del 95% entre el 2014 y el 2018”, arrancó el periodista de la agencia peruana de noticias Andina durante la asamblea del FMI-Banco Mundial este mes en Lima. “Mi consulta es si esto va a acelerar la economía, y si permitirá financiar programas sociales y reducción de la pobreza”. Tras arreglarse un problema de la traducción simultánea al inglés, Adrienne Cheasty, subdirector estadounidense del equipo responsable de América Latina, residente de Washington, respondió: “¡Ah! Por supuesto que si … el cobre es muy importante, es el “input” que explica la recuperación de la economía peruana y de su crecimiento potencial a largo plazo”.
Días después, se convocó otra rueda de prensa más improvisada, en medio de los altos picos andinos de Apurímac en el sur del país, a ocho horas en 4×4 de Cuzco. Trataba también el impacto de la producción de cobre, y concretamente, de la enorme mina a cielo abierto de Las Bambas, un cráter gris en la montaña, vigilado por guardias armados, que iniciará producción a principios del 2016. Será la mina de cobre mas grande de América latina.
Al llegar la prensa internacional, -o sea yo- una decena de campesinos de la comunidad Allahua, una de 30 aldeas indígenas impactadas directamente por la mina, interrumpieron su trabajo levantando un edificio que seria un pequeño colegio al lado de sus casas de adobe. Se sentaron en la tierra color verde ocre, pasto de llamas y alpacas, ante un telón de fondo de montañas de entre 4.000 y 5.000 metros, ennegrecidas por los incendios forestales de la época del cambio climático. Su atuendo combinaba el tradicional sombrero de fieltro conocido como el “oveja” con chaquetas naranjas de la construcción y, en un caso, una camiseta del Barca.
Sería una rueda de enfoque más micro que la del FMI. No se hablaba de “inputs”, ni del crecimiento potencial del PIB, sino del temor de que el ácido sulfúrico en los pozos de relave de la mina acabe en el pozo de agua potable de la comunidad. El idioma era castellano al igual que en las reuniones con los directores de la minera, pese a que dos de cada tres de los 110 residentes de Allahua solo hablen quechua.
Cualquiera que sea el idioma, es difícil entender lo que ocurre detrás de la valla de seguridad, al otro lado de la montaña . A fin de cuentas, hasta hace cinco o seis años, Apurímac era una región sin tradición minera; rural, indígena , tranquila, eso sí con los peores índices de desarrollo humano del país. Ahora, con el 61,75%% de su territorio concesionada, es la nueva frontera del cobre.
El precio del cobre y otros minerales se ha desplomado el 50% en los últimos cuatro años conforme la demanda del gigante chino va cayendo. Es el fin del llamado súper ciclo de materias primas que ha desatado una auténtica fiebre de actividades extractivas en América Latina y África. Pese al bajón , Perú está apostando más fuerte que nunca por la minería. Pretende llevar a cabo 42 proyectos de expansión minera en los próximos diez años, -9 de ellos en Apurimac-, una inversión que rebasará los 50.000 millones de euros.
Hace 40 años, cuando Eduardo Galeano escribió Las venas abiertas de América Latina su famosa critica al expolio extranjero de los recursos latinoamericanos, el estado peruano había licitado concesiones por dos millones de hectáreas. Ahora las concesiones, principalmente multinacionales de China, EEUU y Canadá, acaparan nada menos que 25 millones de hectáreas (equivalente a una superficie ocho veces más grande que Catalunya).
El primer asunto para abordar en la mini rueda de prensa en Allahua era la planta de separación del cobre que , bajo el nuevo plan modificado sin consulta por la multinacional china MMG, se ha construido en la cabecera de los ríos Challahuhucho y Ferrobamba. Estos ríos, ya de caudal mermado, constituyen la fuente de vida de estas comunidades. Los campesinos se habían resignado a aceptar la mina pero con la condición de que la planta concentradora se ubicara en Espinar, un centro minero 200 kilómetros al norte. “Ya hemos tenido que bajar desde la sierra porque el agua ha bajado mucho allí arriba,” dijo Félix Agüero de 29 años. “Pero ahora la mina está desviando el rio y cuando comience la explotación habrá contaminación”, explicó en castellano con vocales de quechua.
La contaminación del rio ya es un hecho . La población de Challahuaco, la ciudad más cerca de la mina, se ha cuadruplicado hasta 18.000 y no hay infraestructura de saneamiento. “Ya han desaparecido las ranitas que usamos para hacer caldos, y hay muchas menos truchas”, dijo otro comunero de Allahua . El aire , ya enrarecido a 4.300 metros, se contamina también. Decenas de camiones que traen a diario materia de construcción “levantan una polvareda y ya no cultivamos nada”, dijo el vecino de otra comunidad cercana. Cuando se empiece a sacar el mineral, 250 camiones llevarán 500 toneladas de concentrado de cobre y molibdeno cada día por la carretera hasta el puerto pacifico de Mataría a 660 kilómetros de distancia.
Ya se sabe de otras comunidades en Cajamarca y la sierra central, como son secuelas de la mina “Nos han contado los comuneros de cerro de Pusuca (una mina de plata en los andes centrales de Perú) la contaminación que hubo allí. Lloraban, totalmente traumados estaban aquel año; ahora acá va a pasar igual”, dice Daniel Quispe, de 49 años, el máximo responsable de la comunidad. En las minas más viejas de zonas centrales como La Oroya se han descubierto niveles de plomo en la sangre de los niños 10 veces mayores del limite para la salud. “Todas las aguas van para abajo desde la mina hacia nuestras las comunidades”, continua.
Estas sociedades de indígenas comuneras no conocen la propiedad privada de tierras que pertenecen a la comunidad. Por eso quizás la compañía minera les ha convencido para que le vendan parte de sus tierras a veinte centavos de dólar la hectárea. No parece mucho si se tiene en cuenta que el año pasado, MMG compró Las Bambas por 6.000 millones de euros a la suiza Glencore Xstrata. “Hay una asimetría de poder y de conocimiento y la gente se siente engañada”, dice Henrry Vásquez organizador de la oenegé Cooperación en el pueblo de Tambobamas, a 10 kilómetros de la mina.
Cuando se hizo con la concesión en el 2004, Glencore Xstrata –de sede en el paraíso fiscal de Zug en Suiza y cuyo consejero Daniel Mate es uno de los hombres más ricos de España- pagó unos 10 millones a un fondo de desarrollo regional. Pero “la mayor parte del empleo y el negocio generado hasta la fecha ha beneficiado a gente de fuera”, dice Vásquez.
El segundo asunto para abordar en la improvisada conferencia de prensa era el destino de Berto Chahuallo de 24 años, uno de cuatro campesinos de Las Bambas muertos a tiros a manos de la policía hace tres semanas durante una protesta contra el nuevo proyecto modificado. “Yo estaba con mi sobrino; la misma bala que le mato a él me pasó por acá”, dijo Daniel Quispe, enseñando su pecho. “La bala venia como un clavito, alumbrando”.
La muerte de los cuatro ha trastornado una comunidad que tiene una conciencia colectiva y no individual de si misma. “Nos han matado”, dijo Beatriz que vendía zumos en el mercado de Tambobambas utilizando la primera persona plural.
Quizás no sea de extrañar la inusitada violencia de la policía aquel día de septiembre. Tras salir de Allahua , pasamos un convoy de seis o siete autobuses llenos de efectivos antidisturbios que se dirigió por la carretera dirección Cuzco. “Este transporte lo paga la empresa minera”, explicó Vásquez.
Es más, era palpable en Lima la impaciencia amenazadora ante la oposición a las minas. Cuando un foro alternativo al del FMI defendió un modelo “postextractivista” de desarrollo, Carlos Gálvez Pinillos, presidente de la Sociedad Nacional de Minería, Petróleo y Energía hizo el siguiente comentario: “¡Que no me hagan perder el tiempo! Nadie en su sano juicio quiere poner en juego una inversión tan grande”. Los manifestantes “quieren una economía de autoconsumo para asegurarse del máximo nivel de pobreza; porque donde no haya pobreza no habrá izquierdas”, llegó a decir. Los medios de comunicación se hacen eco de estas posiciones. “Los periódicos no vienen a ver lo que pasa sino que repiten lo que les dicen las empresas mineras”, dice , Rodolfo Abaco Quispe, líder de una de las comunidades campesinas de Apurímac.
En este sentido, el apoyo de las instituciones financieras de Washington viene de perlas. El Banco Mundial, a través de su filial , la Corporación Financiera Internacional (CFI), hasta invirtió 20 millones de dólares en la polémica mina de oro en Yanacucho en Cajamarca el norte del país.
Durante el foro alternativo de Rio, Elmer Campos, un campesino que había participado en las protestas contra una nueva mina de oro en la misma zona de Cajamarca conocida como La Conga, llegó en silla de ruedas para dar su testimonio. “La policía me disparó; se infectaron los riñones y los pulmones; ya no volveré a andar pero luchar es mi destino”, dijo. Máxima Acuña, una campesina de la misma zona que se ha negado a abandonar su casa en la zona de La Conga dijo que había sido intimidado constantemente por la policía y que temía por su vida. “Cualquier cosa puede pasar; estamos atropellados diariamente”, dijo. “No hay policía que defienda al campesino sino a las empresas”.
Los técnicos del FMI en Washington, tan desconectados de la realidad de esas zonas como los medios de comunicación, defienden a las empresas mineras también tal y como quedó claro en esa rueda de prensa en Lima. Pero otros economistas dudan de si la minería sea la respuesta adecuada a los gigantescos problemas sociales de Perú y América latina. “Esta estrategia de sacar todo lo posible en el menor tiempo posible no es sostenible; provoca conflictos socio ambientales y es muy vulnerable a los cambios del ciclo de precios”, dijo José Echave, ex vice ministro de gestión medioambiental en el primer gobierno del presidente Ollanta Humala (Humala fue elegida en el 2011 con un programa mucho escéptico respecto a la minería; luego dio un giro de 180 grados). En casos como Las Bambas, añade Echave, “la gente no está en contra de la mina en sí; solo quieren ser consultados; necesitamos instituciones estatales independientes de las empresas mineras”.
Gálvez Pinillos hasta se equivoca en su caricatura de la izquierda supuestamente anti minera. Desde Bolivia a Brasil, pasando por Ecuador y Venezuela, los gobiernos de izquierdas en la región también han aprovechado los precios altos de minerales y energía para extraer todo lo que puedan y, en el caso de Rafael Correa el presidente ecuatoriano y Evo Morales su homologo en Brasil, se enfrentan ya a una rebelión de las bases campesinas e indígenas que los ayudaron a llegar al poder. “En América Latina tenemos dos clases de gobierno, los neoliberales y los post neoliberales, más progresistas. Pero el extractivismo es común”, dijo Echave”.
Hasta el economista jefe del Banco Mundial, Kaushik Basu parecía cuestionar la lógica de las inversiones en minas de oro como la de La Conga del propio Banco Mundial. “Hay que hacer intervenciones para tener una economía mas diversificada”, dijo en una entrevista que le hice para La Vanguardia en Lima. “La extracción puede ser importante pero tienes que lograr mejores retornos mediante tributación de lo que han hecho en muchos países en América Latina; Israel es un ejemplo mejor”.
LA VANGUARDIA






