El martes el barril de petróleo Brent se había ya abaratado en un 25% respecto a los precios del verano. La última noticia que acentuaba la caída era que Arabia Saudí había decidido rebajar el precio del petróleo vendido a EE.UU. Una decisión interpretada como una evidencia más de que el reino no está por la labor de recortar su producción para impulsar al alza los actuales precios del petróleo, sino que, por el momento, su interés se centra en competir con otros productores para mantener su cuota de mercado.
Y a juzgar por las palabras del secretario general de la OPEP, Abdalah Salem el Badri, en una conferencia celebrada en Londres a finales del mes pasado, todo apunta a que el cártel tampoco decidirá un recorte de producción en su próxima reunión del 27 de noviembre en Viena. Si esto se confirmara, el mercado global podría encontrarse el próximo año con un exceso de oferta de alrededor de 1,3 millones de barriles diarios.
La OPEP no parece estar dispuesta a cargar con la tarea de equilibrar el mercado, ajustando la oferta a la demanda. Una posible explicación a esta actitud es que la OPEP está convencida de que los productores estadounidenses de petróleo no convencional por fracking (light tight oil o LTO) acabarán haciendo dicho trabajo. No en vano, El Badri afirmó ante los periodistas que, si los actuales precios del petróleo se mantienen, el suministro de LTO desde EE.UU. se vería recortado como mínimo en un 50% (más de 2 millones de barriles diarios). Algo que, de hacerse realidad, supondría para la OPEP una especie de revancha, ya que durante los últimos años el aumento de la producción de LTO ha erosionado la cuota de mercado de la OPEP, hasta el extremo de expulsar del mercado de EE.UU. a casi todos los productores de crudo ligero del África Occidental.
La pregunta es ¿está calculando bien la OPEP? Porque, ante la perspectiva de unos precios del petróleo más bajos, la lectura de la OPEP sobre la vulnerabilidad del suministro de LTO desde EE.UU. difiere de la de algunos productores y analistas. Estos sugieren que los precios tendrían que caer hasta los 50 dólares por barril para que la producción de LTO se viera afectada. En este sentido, la Agencia Internacional de la Energía asume que solo el 4% del suministro de LTO desde EE.UU. necesita para su producción un precio por encima de los 80 dólares por barril. Y algunas consultoras afirman que incluso a un precio de 50 dólares pasaría más de un año antes de que el suministro de LTO se redujera en 500.000 barriles diarios.
Al parecer la OPEP no se ha dejado impresionar por el mantra de que la producción de LTO constituye una revolución energética y un cambio de paradigma. Habrá que esperar al año que viene para saber el desenlace de este tira y afloja aunque, en el ínterin, la economía global puede ser la gran beneficiada.
La Vanguardia







