Los del Autobús de la Memoria no quieren que Barcina se vaya del Ayuntamiento sin cumplir lo que le ha mandado la mayoría de su ciudad: retirar la denominación de Conde Rodezno a la plaza y sustituirla por La Fuga del Fuerte de Ezkaba. Las asociaciones relacionadas con la Memoria Histórica llevan años intentando que se cumpla la Ley y, en este último tramo de la última legislatura de la líder de UPN al frente del Ayuntamiento, vuelven a poner el tema sobre la mesa.
Hace casi dos años, en marzo de 2009, los grupos municipales aprobaron por mayoría cambiar la placa, y dejar de homenajear públicamente a Tomás Domínguez de Arévalo, séptimo conde de Rodezno, cómplice de Mola en el golpe de estado de 1936 y famoso por ser el ministro de Justicia de Franco con más ejecuciones a su cargo. La alcaldesa sí cambió el nombre de la plaza, pero ignoró la propuesta mayoritaria, y dedicó la nueva placa al título nobiliario de conde de Rodezno. Ahora no es sólo la plaza del séptimo conde, es la todos los Rodeznos de la historia, entre los cuales -según escribe Jaime del Burgo- Tomás era un liberal comparado con su padre.
Esta tarde vuelven al Pleno los del Autobús de la Memoria, con 4.200 firmas y una nueva moción para renombrar la plaza. Si hiciéramos una encuesta, seguro que son bastantes más los miles de vecinos de esta ciudad que prefieren tener un recuerdo para los centenares de hombres que protagonizaron la fuga del fuerte de San Cristóbal, antes que para un solo conde con ese currículum: entre otros méritos, reinstauró la pena de muerte, reinventó los trabajos forzados para los presos y arrancó a las mujeres libertades ya ganadas. Un hombre que -con plaza o sin ella, con el apoyo de UPN o sin él- permanecerá en el imaginario popular no precisamente como noble, sino más bien como lo define Víctor Moreno en el libro La justicia al revés: «Como un fascista de una sola pieza».









