Ahora más que nunca la independencia es prioritaria porque el Estado español está llevando a cabo una política de empobrecimiento económico y desnacionalización sin precedentes en ningún país democrático.
Cataluña, además del expolio fiscal que ningún pueblo del mundo puede soportar, está sufriendo una progresiva pérdida de identidad nacional que puede ser muy difícil de parar y aún menos de recuperar si no se alcanza pronto la independencia.
Perdemos poder económico, perdemos empresas que se instalan en otras zonas del Estado con más facilidades fiscales y financieras, perdemos nuestros jóvenes más preparados que se ven abocados a marcharse al extranjero para encontrar trabajos mejores y mejor pagados. Según las estadísticas nuestra influencia en Europa y el mundo occidental ha caído notablemente.
Pero lo más grave es que esta situación de crisis social y nacional va acompañada de una pérdida de autoestima y de capacidad para convertirnos en una sociedad libre, inclusiva y cohesionada . Para el Estado Español es una prioridad «arrancar la costra catalanista» de nuestro país, convertir Barcelona en una capital subordinada y provinciana hasta que seamos una región volcada al turismo y sin personalidad propia.
Las actuaciones del Gobierno español en los últimos años responden a los objetivos mencionados. De los primeros recursos contra el Estatut de Cataluña, interpuestos hace más de cinco años por el PP y por el PSOE, los dos únicos partidos que tienen posibilidades de gobernar en España, se han derivado una serie de actuaciones judiciales encaminadas a destruir los signos de identidad más visibles de la nación catalana. Las diversas sentencias de los Tribunales Constitucional, Supremo y Superior de Justicia de Cataluña contra la definición de Cataluña como nación, contra el himno nacional o contra la lengua y cultura catalanas son la prueba.
De los Tribunales españoles, órganos ejecutores de los designios del Estado, ha salido especialmente mal parada la lengua catalana que quieren echar de la escuela, de los ayuntamientos y de las instituciones públicas y, ahora, le ha llegado el turno al aranés que seguirá el mismo camino que el catalán. España es consciente de que Cataluña no podrá cohesionarse socialmente sin la escuela en catalán, que no podrá integrar la nueva inmigración -ni en buena parte la vieja- si no dispone de mecanismos de protección de sus signos de identidad.
Pero España ya hace tiempo que se ha destapado y estamos viviendo una época de españolismo rancio y asimilador que comenzó con Aznar, ha continuado con Zapatero y vivirá el momentos más álgidos en los próximos años. Sabemos que llegado este punto sólo hay dos alternativas: o ganar o perder. O nos dejamos asimilar por la lengua y la cultura españolas o plantamos cara como lo han hecho varios países O nos
O nos dejamos asimilar por la lengua y la cultura españolas o plantamos cara como lo han hecho varios países europeos en los últimos años y entramos a formar parte de la Europa del siglo XXI..
«Si Escocia y Cataluña fueran independientes, Inglaterra y España perderían un inquilino molesto y ganarían un buen vecino»
El ex ministro de Empresa del gobierno escocés, Jim Mather, ha afirmado también que «hay una tendencia real hacia los países pequeños» y que ya no se necesitan grandes estados «para garantizar mercados internos».
Jim Mather, ex ministro de Empresa del gobierno escocés, ha pasado por Cataluña y, en una entrevista en la ACN, se refirió a las posibilidades y oportunidades que supondría tanto para Escocia como para Cataluña el hecho de ser nuevos estados Europa. «Hay un verso clásico de una de nuestras fundadoras, Winfried Ewing, que decía que cuando Escocia se convierta en independiente, Inglaterra perderá un inquilino molesto y ganará un buen vecino. Y eso creo que también sería verdad para España y Cataluña», explicó Mather. El ex ministro también dijo que el hecho de conseguir la independencia «es una oportunidad muy grande que tenemos que atrapar»: «¿qué significa para un niño catalán o escocés sentirse seguro con su nación, al igual que los niños de América u otros países exitosos? «, se ha preguntado.
Por otra parte, Mather también se ha mostrado convencido de la viabilidad de dos estados pequeños como serían el escocés y el catalán. «En 1945 había 74 países y ahora son 196. Hay una tendencia real hacia los países pequeños, ya no necesitamos ser grandes para garantizar mercados internos, ya no necesitamos ser grandes para conseguir objetivos de defensa».
Finalmente, sobre el actitud que adoptaría el Estado español ante un hipotético estado escocés, el ex ministro aseguró que la pregunta debería hacerse al Estado, pero que le gustaría «pensar que reconocerían a Escocia como Estado, como Inglaterra, si continuamos jugando por separado en Europa «.
Carme Forcadell
Vicepresidenta de la PDD
http://www.tribuna.cat/opinio/politica/la-independencia-es-prioritaria-21-09-2011.html