La desgracia de los eritreos

Situado en el noreste de África, a orillas del mar Rojo, Eritrea es un país de poco más de seis millones de habitantes tratados como esclavos en una dictadura comandada por Isaias Afewerki desde la independencia proclamada en 1993. Trabajando en condiciones penosas, obligados los hombres a un servicio militar indefinido, condenados a la pobreza, controlados, perseguidos, encarcelados y torturados por la más mínima disidencia, muchos de los habitantes de Eritrea, sobre todo los más jóvenes, intentan huir. Más que por mar, lo hacen por tierra, exponiéndose al terreno minado próximo a las fronteras. Una vez atravesada la frontera, su periplo continúa y, en Sudán, pueden ser capturados por traficantes de personas que, trasladándolos en el desierto del Sinaí, los maltratan mientras piden un rescate exorbitante que, al no poder ser pagado, es una condena a muerte. También pueden naufragar en barcazas, como en el caso de los más de trescientos eritreos que, en octubre de 2013, murieron cerca de la isla de Lampedusa. Pero no desfallecen. Hay más de trescientos mil eritreos refugiados y cada mes intentan huir del país tres mil más esperando ser asilados.

He hablado de Eritrea. También lo podría haber hecho de Siria o de Sudán. De estos tres países, con unos conflictos terribles, provienen buena parte de las tres mil personas que ahora están en Calais con la idea de atravesar el túnel bajo el canal de la Mancha para llegar al Reino Unido. Algunos han muerto en el intento. Francia y el Reino Unido se recriminan mutuamente por no saber afrontarlo. Europa no sabe qué hacer y cada vez está menos a la altura de los principios que declara. Muchos países europeos rechazan acoger refugiados. Y no es sólo que el UKIP, la extrema derecha británica, compare esta «invasión migratoria» (sic) con la de Hitler y pida que el ejército inglés ocupe Calais. También hay que ser pérfido para decir que el Reino Unido debe hacerse menos atractivo para los que «quieren trabajar ilegalmente» (sic). Lo dijo David Cameron y, en consecuencia, se ha retirado la ayuda social a los refugiados con hijos en caso de ser desatendida la demanda de asilo. ¿Sólo existe capacidad para responder con medidas inhumanas?

EL PUNT – AVUI