Si alguien representa para mí lo que podríamos llamar la «virtud republicana», es el historiador, periodista y político Antoni Rovira i Virgili. Un intelectual que concibió cualquiera de sus acciones como medio de combate político, como herramienta útil para la regeneración nacional.
El ‘Teatro de la naturaleza’ y su crónica del éxodo, ‘Los últimos días de la Cataluña republicana’, son dos libros que me han acompañado siempre. Lo encuentro un hombre excepcional: el máximo exponente de la civilidad republicana. Un hombre virtuoso, escaso valor en los tiempos que corren, y ejemplo de ciudadano. Me da la impresión de un ser de una integridad que da miedo. Un gigante. Por eso lo leemos poco, porque nos interpela. Por eso nos angustia conocerle mejor, porque duele.
Su obra maestra, la crónica de la caída de Cataluña, termina con un juramento, el del exiliado:
«Ahora que Cataluña ha caído, rota, aplastada, vencida por la fuerza; ahora que quieren borrar su nombre de la geografía, su idioma de la literatura, su amor de los corazones; ahora que Cataluña parece que se deshace y desaparece en el agujero negro de la persecución y del odio; ahora que cientos de miles de catalanes deben salir de la patria invadida por los viejos enemigos y por enemigos nuevos; ahora que es una hora de dolor y de amargura, mi pensamiento nacional se afirma con mayor vigor. En medio del presente desolado y trágico, pongo mi esperanza en los días que vendrán, en el derecho que triunfará, en las libertades que se restablecerán, en la lengua que persistirá. No me desanimo, no renuncio, no deserto. Y sueño en la mayor Cataluña, la mayor por el territorio, la mayor por la libertad, la mayor por la civilización. De la máxima desdicha, saldrá el definitivo resurgir de nuestra historia, si los catalanes sabemos aprovechar las durísimas lecciones que hemos recibido.
Trabajar en todo lo que yo pueda, para que resurja –más sólida, más próspera y más noble aún que antes– la patria caída. Éste es, mientras el tren en marcha me aleja de Perpiñán, mi juramento de catalán nacional. Que todos los catalanes exiliados hagan y cumplan el mismo juramento y vendrá el día que podremos levantar sobre la recobrada tierra de Cataluña nuestras voces, nuestra bandera y nuestro ideal”.
En estos momentos de máxima desolación en las bases independentistas, cuando incluso parece que hayamos olvidado –porque quieren que lo olvidemos– que fue el pueblo catalán quien derrotó a todo un Estado y que hayamos borrado –porque quieren que lo borremos– un referéndum de independencia que ganamos; en estos momentos, repito, conscientes de los errores, omisiones, medias verdades e incluso engaños que nos han llevado hasta donde estamos, no podemos quedar paralizados en el pantano de los odios, ni dejarnos arrastrar por la fatalidad ni por los que hacen del desánimo su victoria, al contrario, hay que volver al juramento de Rovira con más fuerza, reformado si lo quieren:
«Ahora que Cataluña parece que se deshace, ahora que es un momento de desolación y tristeza, mi pensamiento nacional se afirma con más vigor. Pongo mi esperanza en los días que vendrán, en la lucha que triunfará, en la independencia que vamos a conseguir, en la lengua que va a persistir. No me desanimo, no renuncio, no deserto de la causa justa de la nuestra independencia.
Trabajar en todo lo que yo pueda para que resurja la independencia que supimos ganar. Que todos los catalanes que creen en este ideal hagan y cumplen el mismo juramento y vendrá el día que podremos celebrar nuestra tierra libre”.
Feliz verano.
*131º Presidente de la Generalitat
EL PUNT-AVUI










