La Audiencia ‘Nacional’ Española ha denegado la nacionalidad española a un ciudadano chino que ha sido incapaz de aprender a hablar castellano en los once años que lleva en España. La sala de Madrid considera que el solicitante de nacionalidad española no ha justificado suficientemente el grado de integración en la sociedad ‘madrileña’ o castellana, a pesar de que está casado con una ciudadana del Estado español desde 2001 y se expresa en valenciano. El solicitante, que trabaja en la cocina de un restaurante, alegó que podía comunicarse también en valenciano, pero no le ha servido de nada. Porque para los jueces madrileños, el valenciano o catalán del Valencia, aunque en su Constitución diga, sin mencionarlo, que la nuestra es también lengua oficial ‘en las respectivas comunidades autónomas’. Es evidente, sin embargo, para los discursos políticos, por la prohibición de que se hable en el Parlamento de Madrid, en el Congreso y el Senado, por la ley Wert, por el cierre de RTVV, la censura de las TV en catalán y por algunas de estas impresentables sentencias y prácticas concretas, la realidad es que el catalán (vasco o gallego) es mucho menos que el castellano. Se dice y se proclama que es oficial, pero en realidad es sólo ‘cooficial’, una cooficialidad que considera el castellano objeto de prioridad, privilegio y preeminencia y al catalán (euskera y gallego) de consideración mucho menor, subalterna, subordinada y perfectamente prescindible. A excluir del todo. A eliminar.
La sentencia contra el chino que sólo sabe valenciano advierte que la ‘nacionalidad’ concede un estatus y unos derechos superiores a los derivados de la mera residencia legal en España por lo que las leyes exigen los solicitados un grado de adaptación mayor. En realidad la sentencia es una vez más, un insulto contra los valencianoparlantes o catalanohablantes, euskaldunes o gallegohablantes, porque, desde Madrid, se considera que el valenciano no tiene ningún valor, como si todavía viviéramos en una dictadura castellana.
Desde ‘Valencia Acoge’, recurrieron la denegación de la solicitud de nacionalidad presentada el 4 de febrero de 2009 y denegada el 22 de abril de 2013 porque decían que «puede mantener una conversación pero con dificultades, y le cuesta bastante entender y responder», diagnostica el magistrado del Registro Civil, en 2009. Sin embargo, desde Valencia Acoge, en recurso, indican que por su trabajo como cocinero «conoce y habla el valenciano», además de que cumple el requisito legal de residencia legal al haberse casado con una persona de nacionalidad del Estado español en 2001. Consideran los jueces de Madrid, que la falta de conocimiento del castellano justifica y es causa suficiente para la denegación de la nacionalidad española, y no consideran que al saber valenciano baste porque entienden que el valenciano es una lengua que no tiene valor jurídico para la integración social en España. En mi opinión, es un ‘patada’ a los catalanohablantes en el culo del chino que sabe valenciano. ¿Todavía hay quien se pregunta por qué queremos el derecho decidir para ejercitar la independencia? Desde Madrid nos dicen que las clases de valenciano-catalán, euskera o gallego no tienen ningún valor jurídico para la integración en España.
De nada vale tampoco que Valencia Acoge diga que desde 2013 asiste «con provecho a cuatro horas semanales a las clases de castellano de nivel inicial desde abril de 2013». La integración en el País Valenciano en valenciano-catalán no la contemplan los jueces de Madrid, ni tendrán preparado personal competente para comprobarlo y certificarlo. Catalanofobia. Como podemos ver que incluso los jueces valencianos progresistas, cuando llegan a jueces dejan de utilizar su propia lengua en los espacios públicos y privados y utilizan -única y exclusivamente- el castellano. La mentalidad en la judicatura de todo el Estado, salvo en casos excepcionales, es que eso de «las otras lenguas», no sirve para nada. En España sólo se reconoce el castellano o español, las otras lenguas, innominadas, los jueces las lanzan al estercolero, aunque sin un reconocimiento igualitario de la diversidad lingüística que hay en España no hay democracia que valga. Hay quien dice que han faltado «afectos», lo que ha sobrado y sobra es la opresión, un odio infinito e inmenso que nos tienen desde Madrid; un odio y autoodio que se ha inoculado tras siglos de opresión lingüística, cultural, jurídica y nacional y que llega hasta todos los medios de comunicación en español y afecta incluso las cloacas sucursalistas periféricas; un odio inconmensurable contra las otras lenguas y culturas distintas al español, desde un monolingüismo castellano continuador de la idea de la España castellana del franquismo.
Por último, si dejar de hablar y entender el español es objeto de pérdida de nacionalidad española, la independencia de los países de habla catalana tiene fácil solución: hablemos siempre y sólo nuestra lengua; hagamos como el valenciano de origen chino: mostremos dificultades para entender el español, hablemos sólo en el catalán de Valencia. No es una solución ideal porque saber lenguas es muy positivo, pero nos fuerzan a ello, a desaprender el castellano como manera de sobrevivir. En defensa propia.
LA VEU DEL PAÍS VALENCIÀ








