No existe ninguna duda de que el bilingüismo, el solo, es capaz de matar cualquier lengua, en nuestro caso la catalana. Convertir a una persona en bilingüe es bastante fácil, pero convertir a todo un pueblo, desde el siglo XVIII, ha sido bastante más difícil; seguramente durante el siglo XXI sería mucho más sencillo. El bilingüismo es un proceso. Y el bilingüismo no se ha conseguido hasta finales del siglo XX, después de generalizarse la educación a todos y que en todas las casas hubiera aparatos de radio y de televisión; y en muchas de ellas, también diarios, como mínimo en todos los establecimientos donde se pudiera ir a tomar un café. Mis dos abuelos que he conocido no llegaron a ser bilingües, nunca les oí hablar en español. Seguramente lo entendían, pero no lo tuvieron que usar nunca. Ahora se puede decir que el pueblo catalanoparlante de las Islas Baleares es bilingüe, pero el proceso de bilingüización continúa. De hecho al partido más interesado en hacer desaparecer la lengua catalana, el PP, se ha llenado la boca constantemente con la palabra bilingüismo, que regía para todos menos para ellos; la ha usado tanto como ahora usa la palabra trilingüismo, que no es más que una fase del proceso bilingüizador para matar la lengua catalana.
Cuando el pueblo bilingüizado convive con monolingües de la lengua dominante, se entra en otra fase, que ya iba produciendo sus efectos hacía tiempo, sin darse cuenta, es la de la catañolización. Es el momento de usar la mayor parte de trucos posibles, como son el de intentar minorizar la lengua, negándole la unidad con otros lugares donde se habla, cambiándole el nombre, e intentando dividirla, trocearla y desmenuzarla, para que sea más fácil su desaparición. También ataca el corazón de la lengua intentando destruirla, desfigurándola, haciendo que la gente vaya perdiendo las palabras genuinas de la lengua y las vaya sustituyendo por otras de la lengua dominante, lengua que encuentran en la mayoría de periódicos, en la radio, en la televisión y en la calle. Mientras esto ocurre, los defensores de la lengua intentan que se use en la escuela y en todos los medios que pueden utilizarla. Pero en un momento determinado surgen ‘botiflers’ (traidores) y personas que ejercen ese papel, y quieren depurar la lengua, dicen que la quieren acercar al pueblo, quieren modificarla, quieren introducir neologismos que no son más que españolismos, y no se dan cuenta, o sí, de que éste es el camino para terminar el trabajo del bilingüismo, que es ir desfigurándola hasta que llegue el momento en que, aun sin darse cuenta, los bilingües en lengua dominante y subordinada se conviertan en monolingües de la lengua dominante. Cuando esto ocurre en todos los hablantes, la lengua ha muerto, aunque se continúe enseñando en las escuelas, como el latín. Esto ya lo decía el añorado Josep Maria Llompart.
DIARIO DE BALEARES








