El 15 de febrero de 2003 más de un millón de personas recorrían las principales calles de Barcelona con un grito unánime: «Paremos la guerra». No sirvió de nada. Tampoco el hecho de que los inspectores de la ONU no encontraran nunca las célebres armas de destrucción masiva que el entonces presidente estadounidense George Bush decía que tenía Irak, ni que en el seno del Consejo de Seguridad hubiera voces contrarias a la intervención. La cumbre de las Azores entre Bush y sus homólogos español y británico, Jose M. Aznar y Tony Blair, conllevó la creación de una coalición para atacar el Estado iraquí de manera unilateral.
Cuatro días más tarde de este entendimiento, el 20 de marzo de 2003, los primeros misiles Tomahawk hacían blanco sobre edificios estratégicos de Bagdad. Comenzaba una invasión considerada ilegal por los expertos en derecho internacional porque no contaba con un mandato del Consejo de Seguridad y cuyas consecuencias aún hoy marcan el día a día de un pueblo iraquí sumido diez años después en una guerra civil. ¿Pero alguna vez Saddam Hussein fue una amenaza real?
De la monarquía al régimen del Partido Baas
Para entender la guerra sectaria en la que hoy se encuentra el país hay que mirar atrás hasta llegar a la Primera Guerra Mundial y la desintegración del imperio otomano. El tratado de Sèvres supuso que toda la región de Mesopotamia pasara bajo control del Reino Unido. A pesar de una fuerte rebelión en 1920, Londres no terminó cediendo el territorio hasta 1932, cuando Irak obtuvo su independencia.
La revuelta de Egipto liderada por Nasser, que en 1952 terminó destronando al rey Faruk, fue un espejo para muchos países árabes y el panarabismo socialista empezó a arraigar con fuerza. Durante la guerra del Sinaí de 1956, Irak apoyó la intervención armada del Reino Unido contra Egipto, lo que aumentó el rechazo popular contra el rey Faisal II. Finalmente, en 1958 un grupo de oficiales del Ejército perpetró un golpe de estado asesinando al monarca y a los miembros de la dinastía hachemita, e Irak se convirtió en república.
El Partido Baas fue fundado en 1947 con una base ideológica laica, árabe nacionalista y socialista, y con un peso muy destacado en Siria e Irak, donde asumieron el poder en 1963 mediante sendos golpes de estado. El primer ministro iraquí Abdel Karim Qasim fue derribado y el Consejo del Mando Revolucionario Nacional tomó el control de un gobierno de unidad nacional formado por el Baas y otros partidos árabes socialistas.
Los baasistas iraquíes situaron al frente del ejecutivo a Abdul Salam Arif, pero progresivamente se distanciaron porque la facción más izquierdista del Gobierno trató de imponer una política basada en la planificación económica y el control de los medios de producción.
En noviembre de 1963 Arif, con el apoyo de diferentes mandos militares, expulsó del Gobierno a los ministros del Partido Baas. Al mismo tiempo, Damasco eliminó la facción nasserista del Gobierno y poco a poco las dos ramas del partido fueron distanciándose hasta producirse la ruptura total en 1966. Finalmente, en 1968 se produjo un nuevo golpe de estado baasista y Ahmad Hassan al-Bakr se convirtió en presidente.
Saddam Hussein alcanza el poder
Saddam Hussein, pariente lejano de al-Bakr, había escalado posiciones en la cúpula militar y fue el encargado de organizar el aparato de seguridad e inteligencia del nuevo régimen. Convertido en hombre de confianza de al-Bakr y con la vista puesta en la presidencia del país, Sadam se deshizo de los ministros de Defensa e Interior, que representaban una amenaza para sus aspiraciones de poder.
En 1979 Saddam quitó a al-Bakr de todas sus funciones y se proclamó presidente de la República, secretario general del Baas y comandante en jefe de las Fuerzas Armadas. Con el apoyo de sus familiares y paisanos de Tikrit y la minoría suní a la que pertenecía -el 25% de la población-, Sadam implantó una dictadura y trató de erigirse en el nuevo líder de la nación árabe tras la muerte de Nasser en 1970.
Saddam lideró un régimen laico que fomentó el nacionalismo iraquí y el panarabismo por encima de cualquier diferencia étnica o religiosa. Para llevar a cabo esta homogeneización ideológica el régimen reprimió con dureza cualquier disidencia, protagonizando tristes episodios como la masacre de Halabja el 16 de marzo de 1988, donde murieron cerca de 5.000 kurdos tras ser atacados con armas químicas. Los kurdos pagaron su alianza con Irán durante la guerra que enfrentó con Irak de 1980 a 1988.
Durante la guerra fría, el dictador iraquí apoyó a diferentes grupos terroristas que operaban en Occidente. En este periodo, la URSS buscó alianzas para expandir su área de influencia en Oriente Medio y en 1972 firmó un tratado de amistad y cooperación con Irak. El acuerdo se enmarcaba principalmente en el campo militar, energético y de materias primas: el Estado árabe exportaba petróleo y fosfatos a cambio de importar trigo soviético, maquinaria industrial y armamento.
En este contexto, pues, la invasión de Hussein a Kuwait sí representaba una amenaza real para el nuevo orden mundial que se estaba gestando tras la desintegración de la URSS. Pero después de la contundente derrota en la guerra de 1991, el dictador en realidad sólo era una amenaza contra su propio pueblo, cuyas condiciones de vida empeoraron drásticamente a raíz del embargo internacional.
La violencia sectaria actual es, sin duda, el peor legado de la ocupación. El ejecutivo del primer ministro Nuri al Maliki ha ido acumulando poder con el apoyo de milicias radicales como la del clérigo chií Muqtada al Sadr y de un ejército nacional que los suníes perciben como una fuerza sectaria al servicio de la mayoría chií -el 60% de la población-. El hecho de que desde la independencia del Reino Unido hasta la invasión de 2003 el poder estuviera en manos de la minoría suní dificulta la reconciliación nacional.
La pugna por la hegemonía musulmana en el Oriente Medio que protagonizan Irán y el Arabia Saudita también se ha trasladado al territorio iraquí mediante el apoyo a facciones chiíes y suníes respectivamente. En un momento en que la Siria de Bashar al Asad está fuertemente debilitada, el régimen iraní de los ayatolás trata de ganar influencia entre la cúpula chií del Gobierno de Bagdad.
Cronología
1932 Iraq deja de ser un protectorado británico y consigue la plena independencia.
1958 Un golpe de estado perpetrado por el Ejército destrona la monarquía y el país se convierte en una república.
1968 Definitivamente el Partido Baas toma el poder mediante un golpe de estado liderado por el general Ahmad Hasan al-Bakr.
1979 Saddam Hussein es proclamado presidente de Irak.
1980-1988 La guerra con Irán deja más de un millón de víctimas.
1990 Irak invade el emirato de Kuwait, rico en yacimientos petrolíferos.
1991 Con la operación Tormenta del Desierto la coalición militar encabezada por EEUU derrota el régimen iraquí, que abandona Kuwait.
2003 La coalición liderada por EEUU lanza la operación Libertad Iraquí y derrota el régimen de Saddam Hussein. Comienza la ocupación extranjera.
2010 Los segundos comicios democráticos de la historia iraquí sitúan el chií Nuri al Maliki como primer ministro.
2011 Retirada de las últimas tropas estadounidenses. La primavera árabe también llega a Irak.
Bibliografía
RAMONET, Ignacio. Irak, historia de un desastre. Madrid: Debate, 2005.
CHANDRASEKARAN, Rajiv. Vida imperial en la ciudad esmeralda: Dentro de la zona verde de Bagdad. Barcelona: RBA, 2008.
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