Los mensajes de apoyo de la pareja real española al empresario López Madrid, acusado en varios casos de corrupción, han elevado a evidencia la sospecha de que la monarquía española comparte la conducta y el código ético de las elites depredadoras de Madrid. No sólo eso, de la actitud de Felipe VI y su esposa se desprende que la Casa Real es una pieza clave que se sitúa en el vértice de todo el entramado opaco de tratos de favor, inmunidad y comisiones que ha convertido el Estado español en un lodazal ético y un desastre económico y financiero.
Las raíces de todo esto llegan muy lejos. Después de todo, Felipe VI no se sitúa en un magma cortesano muy diferente al de Juan Carlos I o Alfonso XIII, por no ir más allá. El hecho es que la impunidad que los Borbones heredaron de Franco se ha extendido a todo su círculo de influencias, permitiendo hacer todo tipo de negocios fáciles a la sombra protectora del Estado. Siempre sin normas, siempre sin competencia.
Esta actitud borbónica es la que les ha generado caídas periódicas, cada vez que la censura ha sido desbordada por la realidad. Pero ahora internet acorta los tiempos. La fotografía de un elefante muerto terminó con el reinado de Juan Carlos I y, ahora, el asunto #CompiYogui ha dejado muy tocado a un Felipe VI que, aún así, ha reaccionado exactamente igual que todos sus antepasados. «Merde», decía la reina. Y tiene razón, estamos de mierda hasta arriba. La diferencia es que ahora twitter esparce su hedor hasta hacerlo insoportable.
EL MÓN








