Incoherencias de izquierdas
Joxerra Bustillo
El presidente de Venezuela dijo hace unos días que no se podía hacer caso a los testimonios de los ciudadanos vascos Xabier Atristain y Juan Carlos Besunze sobre supuestos entrenamientos militares en aquella república, ya que se trataba de criminales sanguinarios sin moral y sin calidad humana. A todo esto, los dos ciudadanos vascos han denunciado haber sufrido torturas durante el periodo de incomunicación al que han sido sometidos por las fuerzas de seguridad españolas. Por lo tanto, Hugo Chávez, en vez de llamar la atención en que esas supuestas declaraciones ante la policía habían sido realizadas de forma forzada y en que estas dos personas no han sido juzgadas y se les debe respetar la presunción de inocencia, se atreve a lanzar graves acusaciones no probadas. Es cierto que poco después el embajador de Venezuela en Madrid observó una postura mucho más digna que la de su máximo responsable, pero esa aclaración no quita responsabilidad a lo dicho por Chávez.
Gente cercana a quien escribe trata de disculpar al líder bolivariano argumentando que dichas declaraciones son un escudo para quitarse presión de la ofensiva diplomática que se le avecina. Puede ser, pero si el señor Chávez se porta de este modo en coyunturas que nos son tan conocidas, por repetidas, las dudas sobre su comportamiento en cuestiones de las que no tenemos tantos datos, tenderán a crecer.
Digo todo esto por la vieja costumbre asentada en nuestro país de simpatizar con gran facilidad con revoluciones lejanas, especialmente latinoamericanas, sin conocer al detalle su desarrollo. ¿Alguien se acuerda hoy de los zapatistas y el Subcomandante marcos? ¿En qué ha quedado el sandinismo de los hermanos Ortega? ¿Es el actual presidente de El Salvador un líder de izquierdas? ¿De qué pie cojean Lula, Múgica o Lugo?
Líbreme Dios de caer en operaciones de acoso y derribo contra el régimen de Venezuela como las encabezadas por diarios como «El País», partidos como el PP o políticos trasnochados como Anasagasti e Iturgaiz. Todos sabemos el interés que tienen las multinacionales hispanas en socavar a los gobiernos de ese país o al de Bolivia. Pero una cosa es brindar el apoyo a los nuevos caminos de la izquierda latinoamericana y otra muy diferente otorgarle un visado de progresismo para todas sus iniciativas. Todo el mundo se equivoca y a veces conviene resaltar esos errores para que no se vuelvan a repetir en el futuro. El papanatismo, aunque se vista de izquierdas, sigue siendo papanatismo.
He traído a colación el caso de Venezuela a propósito de algunos pequeños grupos que se denominan socialistas o comunistas revolucionarios vascos, que se mueven sobre todo en internet y que no tienen empacho en criticar con dureza los valientes pasos que está dando la izquierda abertzale, tildándolos de «reformistas» y otros epítetos que prefiero no reproducir, a la vez que pretenden dar lecciones de izquierdismo apoyando la convocatoria de huelga general en España realizada por CCOO y UGT el pasado 29 de septiembre. Si no secundabas la huelga de esos dos sindicatos te tachaban de «esquirol». Parece que todavía no se han enterado de que la huelga general en Euskal Herria se hizo tres meses antes, en junio, y que apoyar todas las convocatorias de protestas que se hagan, en aras a una supuesta unidad de la clase obrera (española), es un argumento que estaba ya caduco en los primeros años setenta.
Todas las opiniones son respetables, faltaría más, pero el ejercicio del oportunismo político no es el mejor método para aunar criterios en pos de una izquierda vasca que debe aspirar en un futuro a liderar el cambio en Euskal Herria. Una izquierda que tenga los pies en su tierra y que no se deje enredar por quienes se sienten más empeñados en marcos ajenos que en el marco nacional propio.
Unea iritsi da
Urtzi Urrutikoetxea
Berria
Berrehun urte dira Ameriketako kreoleek, kolonizatzaileen ondorengoek, metropoliarekiko loturak eten zituztela. Bertako biztanleak berdin-berdin zapaldu zituzten, baina metropolietara bidali ordez aberastasun guztiakkreoleentzat izatea erabaki zuten. Salbuespena Haiti da, inoiz ez diete barkatu beltzei kateak apurtzea. Eta ia bi mende behar izan dituzte benetako amerikarrek agintea lortu arte, Bolivian. Esklabotza, arrazismoa, nekazariek lurrik ez eta oligarkek landu gabeko lur sailak, gringoen atzeko patioa… gurekin zerikusirik ez daukan errealitatea da.
«Kalitate humano eta moralik gabeko bi kriminal odoltsu». Irakurri nahi adina aldiz. Bai, Hugo Chavez Friasek horixe dio bi euskalduni buruz. Apurtu.org helbidean artikulu bat, presidenteari kritika egiteko eta Venezuelarekiko elkartasuna berresteko. Beste inork ez du ahotsik altxatu. Xabier Atristain eta Juan Carlos Besunce Aznarren gobernuak torturatu balitu, bestelako erreakzioa izango zukeen Caracaskoak. Baina Zapateroren aurrean uniforme antiinperalista utzi eta estratega abil bihurtzen da. Inperialismo yankia salatu baina Espainia, Errusia zein Irango torturatzaileen lagun da, bost axola txetxeniarrak, kurduak edo euskaldunak. Espainia internazionalistak espetxeratzen eta Caracaskoa euskaldunak iraintzen. Tortura basatienaren konplize bihurtu da Hugo Chavez. Eta abertzaleak, isilik. Horrelakoak gara. Guk ez dakigu geopolitikaz, guk elkartasuna ematen eta muturrekoak jasotzen baino ez dakigu.
Independentisten martxa berdea sor dezagun. Etzi Iruñean, eta larunbatean Ordizian eskoziarrekin. Baina ahaztu behingoan Latinoamerika. Handik ez daukagu ezer ikasteko. Diaspora aktibatu eta kitto, Boisen zein Buenos Airesen. Independenteak garenean bidaliko ditugu guk ere medikuak Caracasera; bitartean, guk geurea. Unea iritsi da. Urrunera begiratuta, independentzia dago. Baina ez hain urrun… Katalunian, Eskozian. Zerbait ikasi nahi duena, doala Kosovora.
Lo que debería saber Chavez
Pittu
Apurtu.org
«6931 kilómetros separan la Audiencia Nacional de Caracas, la capital venezolana. Muchos kilómetros, que sin embargo, se hacen nada cuando este Tribunal descendiente del Tribunal de Orden Público franquista acusa al gobierno bolivariano de colaborar con ETA. La nueva escalada de criminalización ha provocado una sonora salida de tono de Hugo Chávez, que ha asegurado que «no se puede dar crédito a declaraciones de dos criminales sanguinarios desprovistos de calidad humana y moral».
De un buen gobernante se espera su conocimiento de la realidad internacional. Conocer los países con los que se mantienen relaciones y negocios es básico. Por ello se debe concluir que Chávez conoce de buena tinta que en los últimos 50 años en Euskal Herria más de 10.000 personas han sido torturadas por las policías españolas, y que en manos de la Guardia Civil cualquiera puede llegar a inculparse de haber sido el autor de la muerte del mismísimo Julio Cesar. Debería saber Chávez que las dos personas que supuestamente confesaron haberse entrenado en Venezuela fueron incomunicadas durante 5 días a manos de la Guardia Civil. Que en esos 5 días no pudieron tener contacto con su abogado de confianza, ni siquiera antes de declarar ante el juez de la Audiencia Nacional. Debería saber que el mismísimo Relator de los derechos humanos de la ONU Martin Scheinin ha exigido a España que ponga fin a la incomunicación y cierre la Audiencia Nacional, y que Amnistía Internacional, año tras año, da credibilidad a las denuncias de torturas. Chavez debería haberse informado mejor, porque en esta ocasión también, los detenidos han denunciado salvajes torturas.
La respuesta del gobierno venezolano debería haber ido encaminada por otros derroteros. Chávez debería haber sido más valiente, denunciando que unas supuestas declaraciones realizadas durante un periodo tan opaco como la incomunicación que denuncia hasta la ONU no pueden ser utilizadas para generar un conflicto diplomático. Debería haber sido redactada sobre criterios de respeto hacia las partes enfrentadas: el pueblo vasco y el Estado español. Hoy, Euskal Herria vive una situación muy especial. Mientras una de las partes en conflicto apuesta por abrir un escenario de paz y democracia, el Estado español continua realizando operaciones de castigo con redadas políticas y sigue alardeando de que seguirá por esta vía de negación. Debería haber lanzado un mensaje a las partes para que se sienten a dialogar, como lo han hecho otras personalidades internacionales, y no ofrecer su cooperación policial y judicial al Estado español para acosar a refugiados políticos. Debería de haber contenido su lenguaje, porque no se puede calificar de «sanguinarios terroristas» a unas personas que ni siquiera han sido juzgadas. Un buen revolucionario lo hubiera hecho. Un buen revolucionario rectificaría.
Es evidente que Venezuela ha caído en la trampa de los grandes medios de comunicación y de la caverna españolista, y que ha encajado el golpe de la peor de las maneras. Y es cierto que este país y su gobierno revolucionario están soportando crudas presiones internacionales en todos los ámbitos para que abandone su senda revolucionaria. Desde Euskal Herria apoyamos la política bolivariana con el convencimiento de que es lo mejor para la gran mayoría de los y las venezolanas. No es mucho pedir que el gobierno venezolano sea recíproco y apoye lo que la mayoría de la sociedad vasca solicita: un escenario de paz y libertad para nuestro pueblo, sin violencia ni represión.»









