El groenlandés es la lengua propia de Groenlandia y oficial junto con el danés. Es una lengua que pertenece a la familia esquimo, la cual quedaría englobada dentro de una macrofamilia llamada euroasiática (Ruhlen, 1994). El groenlandés o kalaallisut es una lengua aglutinante, esto hace que tenga unas palabras muy largas (habría que aclarar, no ahora, ¿qué entendemos por palabra). Las lenguas aglutinantes tienen la habilidad de concentrarse en una palabra lo que nosotros decimos en toda una frase. Para aquellos más entendidos, puedo deciros que el groenlandés es una lengua de tipo ergativa, o sea, que pone una marca al agente de una oración transitiva, y trata de la misma manera el argumento de una oración intransitiva y el paciente de una oración transitiva. Además, es una lengua emparentada con las lenguas del norte de Canadá, como el inuit.
Tecnicismos aparte, pasemos a la cuestión práctica. El título de este artículo está escrito en groenlandés y quiere decir, exactamente, leche entera ecológica, y lo sé porque hace dos días que compré un cartón de leche proveniente de Dinamarca, etiquetado, entre otras lenguas, en groenlandés. Ignoro cuál es la legislación en cuanto a etiquetado de Dinamarca, del que Groenlandia es parte, pero sea como sea en Barcelona se puede comprar un producto etiquetado en groenlandés, y eso que no llegan a una población de 60.000 habitantes. Os tengo que decir que el resto del cartón contiene todas las especificaciones, también, en groenlandés. En cambio, sí que os puedo decir la legislación vigente que tenemos en Cataluña en cuanto a etiquetado. En concreto hay una ley, que pronto hará un año, que es la determinada en los artículos 128-1 y 211-5 de la Ley 22/2010, de 20 de julio, del código de consumo de Cataluña, la cual dice que todos los productos de venta en Cataluña tienen que ir, como mínimo, etiquetados en catalán (esto incluye manuales de uso, etiquetas, especificaciones, etc.).
En resumen, sin problemas de interpretación. El resultado de casi un año después es que la ley sigue sin cumplirse por la gran mayoría de empresas que siguen viviendo de espaldas a la lengua. Bueno, cabe decir que de espaldas a la lengua catalana, porque claro, como ya veis es más fácil encontrar un producto en groenlandés, islandés, kazajo o turco que en catalán. Si bien hay que decir que el sector lechero es de los que más cumple la normativa.
Claro que ya hace días que siento una canción que hace demasiados años que dura, una canción, la de nunca acabar, que dice que la culpa es siempre de Madrid. ¡Pobrecitos nuestros políticos catalanes que no pueden hacer nada! ¿Pero es que a estas alturas no sabemos, todavía, de qué pie calzan en las españas? Cambiar que todo no sea una excusa de mal pagador, porque el único responsable de la citada Ley del etiquetado es la Generalitat de Cataluña, el mismo responsable que no la hace cumplir. Los mismos que dejan «entretenidas» y no tramitan la mayoría de denuncias que llegan a Consumo por motivos de incumplimiento de legislación lingüística. Mientras tanto, los catalanes no tenemos más remedio que ir practicando todo tipo de lenguas cuando compramos un producto. ¡Eso sí, con ilusión!







