La idea de que la universidad, en lugar de ser un centro de sabiduría, lo es de propaganda, la leí por primera vez en un texto de Noam Chomsky. Me resultó realmente chocante. ¿Esta institución nos hace cortos en vez de listos? WTF. Todavía la recuerdo, la información que daba: se había pedido a la gente que dijera a dónde creía que el gobierno de EE.UU. destinaba más dinero. Los universitarios, que leen libros, prensa, y tienen estudios, respondían ‘ayuda al tercer mundo’. En cambio, la gente sin carrera, que no leía libros, ni prensa, ni tenía estudios, respondía ‘presupuesto militar’. La realidad es que tenía razón la gente sin estudios. Y que los universitarios de la muestra se equivocaban.
La explicación que daba Chomsky a este fenómeno paradójico (¿no son los universitarios, quienes saben más?) Es que los libros, la prensa y los estudios no sólo están por donde circula el conocimiento. También viaja la propaganda. Las mentiras. Las declaraciones de ayuda. Los estudios que lo avalan. Y la gente cayendo en ella a cuatro patas. Por otra parte, decía Chomsky, quienes no han leído los libros, ni la prensa, ni tienen estudios, no han leído la propaganda. Y simplemente aplicando sentido común, aciertan.
Estos días el fenómeno se ha vuelto a explicar. Lo hacía el diario The New York Times, en un artículo alarmante que iba en la misma dirección: el conocimiento científico muchas veces no es tal. Decía que muchos estudiantes de doctorado, o postdoctorado, pero también científicos de renombre, dependen de la cantidad de artículos que tienen publicados. Cuanto más artículos, más posibilidad de tener plaza. O renombre. El problema es que la prensa científica (y mencionaba expresamente ‘Science’, ‘Nature’ y ‘Cell’) quiere vender ejemplares, no descubrir grandes teorías aburridas. Quieren temas espectaculares, ideales para poner en una portada, y no verdades grises. Y por eso muchos de los artículos son cojos científicamente. No se sostienen. ¡¿Pues quiere creer que precisamente estos son los artículos que ayudan a conseguir la plaza al estudiante, o el renombre al científico?! Increíble, pero cierto.
El artículo termina con el conocido y dramático caso Rogoff y Reinhart. Los profesores de economía que no hace mucho teorizaban sobre la deuda. Gobiernos, sobre todo europeos, esgrimieron su estudio ‘científico’ para aplicar las políticas de la deuda. Los famosos recortes. Pues la teoría Rogoff y Reinhart se descubrió con errores de cálculo. Él mismo aceptó el error (http://www.scholar.harvard.edu/files/rogoff/files/faq_on_hap.pdf). Las políticas de austeridad, en cambio, continúan.
El fútbol, ¿opio del pueblo? ¡Ja!
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