Hobsbawm, una visión del siglo XX

El historiador Eric Hobsbawm murió en Londres a los 95 años.

Fue marxista y comunista hasta el día final de su trayecto que ocurrió ayer. Eric Hobsbawn ha sido uno de los historiadores más influyentes del siglo XX. Con su muerte desaparece una manera de entender lo que él mismo describía como el siglo más corto de la historia, un mundo que nacía después de la Gran Guerra y terminaba con la caída del Muro de Berlín en 1989.

 

Hobsbawm fue uno de los historiadores marxistas más respetados. En sus memorias tituladas Años interesantes, cuenta que por la naturaleza de su ideología, el comunismo pretendía ser juzgado por su éxito pero no tenía un plan alternativo en caso de fracasar. El sistema soviético no se derrumbó por las teorías intelectuales sino por la fuerza de los hechos.

 

Era un marxista que pasó por la Escuela de Viena después de la Gran Guerra. Nació en Alejandría en 1917, estaba en Berlín cuando Hitler llegó al poder y se trasladó a Cambridge donde el pensamiento marxista tuvo gran aceptación intelectual, nido de espías y de toma de posición respecto al nazismo rampante en los años treinta. De Cambridge salieron los espías más notables del siglo que sirvieron a Stalin y al comunismo. Pero también salió una concepción materialista de la historia que ha tenido gran influencia en el mundo. Por historia, Hobsbawmn entiende el proceso de cambio en la vida humana y en la sociedad y el impacto de las personas en el entorno global, que se ha acelerado a un ritmo vertiginoso. Acepta con cierto pavor que la historia avanza hoy a una velocidad que amenaza el futuro de la raza humana y del medio natural.

 

El balance del siglo XX, el de las ideologías, es devastador. Habsbawn dice que “ha sido el más sangriento en la historia conocida de la Humanidad. La cifra total de muertos provocados directa o indirectamente por las guerras se eleva a unos 187 millones de personas, un número que equivale a más del 10 por ciento de la población mundial de 1913”.

 

Tropieza con la realidad y acepta que “Estados Unidos encarna la gran éxito de la civilización”. Los americanos han sabido más que los rusos , los chinos y los europeos. Estados Unidos no pretende ocupar el mundo entero, lo que pretende hacer es ir a la guerra, instaurar unos cuantos gobiernos amigos y volver a casa. Pero esto no funcionará, decía en su gran obra Guerra y paz en el siglo XXI.

 

Su cinismo hacia Estados Unidos era el de la sutilidad del intelectual perdedor. Estados Unidos, dice, cuya existencia nunca se ha visto amenazada por ninguna guerra aparte de la civil, sólo tiene enemigos ideológicos: cuantos rechazan la forma de vida americana, estén donde estén.

 

Me interesaba de Hobsbawmn su visión de la historia del siglo XX y las razones que ofrecía para explicar el fracaso de sus ideas. No fue un trepa ni un maniobrero. Se mantuvo fiel a sus convicciones a pesar de que muchos de sus colegas cambiaron de camisa y de pensamiento. Criticó duramente la guerra de Iraq y el fracaso de Bush en Oriente Medio.

 

Era un admirador desconcertado de Estados Unidos. En sus memorias cuenta que “es el único país que he conocido en mi vida en el que tres presidentes bastante capaces -F.D. Roosevelt, Kennedy y Nixon- han sido sustituidos de la noche a la mañana por hombres que no estaban cualificados para el cargo ni se esperaba que lo ocuparan, sin que ello supusiera una diferencia notable en el curso de la histoia tanto del país como el del mundo entero.”

 

Tony Judt asegura que abandonó el marxismo en los últimos años. Pero no salió de su boca esta deserción. Es el producto del Cambridge de los años treinta que fabricó grandes pensadores, espías notorios y dirigentes de la elite que ha gobernado siempre Gran Bretaña.

 

Para estudiar el siglo XX no bastará con Hobsbawn. Pero su aportación será imprescindible porque certifica la historia del fracaso de las ideologías totalitarias, explicada por un personaje que fue estalinista y se movió en la elite de la inteligencia occidental.

 

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