Hitler y Barcina

La señora Barcina me ha dejado atónita una vez más. Después de ignorar los restos de una valiosa muralla en Iruña, tras denostar de un idioma muchas veces milenario y propio de Nabarra y de tantas cosas más, pensaba que la Historia no era materia de su incumbencia. Resulta que sí. Tras la pérdida de votos y poder, en vez de analizar las causas de semejante adversidad de modo introspectivo, Barcina se ha puesto a analizar los tiempos presentes de Nabarra y, siendo su presidenta en funciones, tras cuatro años de mandato, los compara ni más ni menos que con los antecedentes de la guerra europea, que luego fue mundial, citando a Hitler, y en un periplo verbal delirante sigue mencionando a Perón y Maduro, con el desparpajo propio de quien no atisba sus mundos, Argentina y Venezuela, en los que ejercieron y ejercen su maldad.

No me extraña que los representantes de las víctimas del Holocausto le llamen a mandamiento porque les está afrentando su lacerante memoria histórica. Quizá lo hagan las madres de la Plaza de Mayo y la oposición venezolana. No se puede tocar estos cadentes temas sin sensibilidad, precaución y, sobre todo, respeto. Le recomiendo en relación a Alemania que lea el diario de Ana Frank, que revise las fotos de la Alemania nazi de 1941 publicadas recientemente por la revista Life y, de entre medio, revise la muy amplia bibliografía tanto escrita como cinematográfica de la 2º Guerra Mundial. Y que se estudie, aunque sea un poco, la historia de América del Sur. Lea a sus maravillosos poetas, estudie sus luchas reivindicativas, la primera de ellas, su independencia de España.

Lo que mucho me extrañó de su discurso fue que se vaya a países lejanos cuando podía hablar de algo más cercano para denostar a sus enemigos -no conoce la presidenta en funciones la palabra adversario-. Por ejemplo, de Franco, su rebelión militar contra un régimen legal como lo era la 2ª República y que, a causa de ello, hubo una guerra civil de tres años que produjo miles de muertos, miles de exiliados, miles de hombres y mujeres presos en los campos de concentración. Hambre, penuria, muerte, desolación. Y durante mucho tiempo.

De un régimen que, invocando la unidad de España, dejó morir en las cámaras de Manthausen a miles de españoles, que restó sus Fueros a Gipuzkoa y Bizkaia denominándolas provincias traidoras por 40 años, que fusiló a los evadidos de San Cristóbal y mató, sin haber resistencia al alzamiento pues Mola era dueño de Nabarra el 18 de julio de 1936, a más de tres mil nabarros, entre ellos cargos electos como el alcalde de Lizarra, que enarboló la bandera de la Cristiandad para despojar a los ciudadanos de los derechos humanos mínimos, que convirtió en un bunker el territorio peninsular.

Como soy hija de exiliados vascos exijo también una reparación para semejante olvido y semejante ofensa. Porque mi padre fue obligado a la expatriación, reo de fusilamiento, confiscados sus bienes y despojado de la nacionalidad, y aun perseguido en América, como a sus demás compatriotas que en numero de 250.000 dejaron el Estado, por las activas embajadas franquistas, para evitarles obtener empleo. Menos mal que en América se antepuso el de palabra de vasco a la de rojos, separatistas y masones.

No es que crea que los nuevos tiempos que vamos a vivir en Nabarra van a ser fáciles, no lo han sido nunca en la historia de los hechos humanos. Pero comparar o invocar, y creo que va por esto último, sucesos tan graves para amedrentar el ánimo ciudadano, para nublar su derrota como gestora de una administración, sí que lo veo peligroso. En libertad y en democracia no deben tener cabida las amenazas, y menos desde el poder ostentado durante años como alcalde de Iruña y luego presidenta de Nabarra y de su partido. Ha tenido el tiempo suficiente como para labrar y abonar el campo de su discurso y quehacer, y debería tener la humildad necesaria como para aceptar que ha perdido. No salió de la alcaldía de Iruña ni saldrá del Gobierno de Nabarra con el honor intacto en sus reivindicaciones y el respeto por mantenerlas ante sus adversarios políticos, como lo ha hecho Uxue Barkos del Congreso de los Diputados de Madrid.

Porque nuevas generaciones más cultas han podido analizar su gestión y desear que vengan otros administradores, con representantes más jóvenes y abiertos, ninguno empañado por años de corrupción y mentiras. Que una nueva generación sin trabajo pero preparada esperó en balde que se les resolviera el problema acuciante del desempleo. Que los colectivos que sufren penurias en salud y educación reciban las ayudas necesarias, que crecido el nivel de pobreza en nuestra comunidad, sea atendido… Pero la señora Barcina miraba para otro lado, amenazando con ETA, con el discursito de que vienen los vascos y ahora espantando con el nombre de Hitler.

Resulta patético su discurso desde Madrid, con su sarta de invocaciones malsanas y plañideras ante la voluntad ciudadana de cambio. Ante la emergencia social que espera soluciones inmediatas de su administración local, respeto a sus valores culturales y armonía en sus relaciones sociales y políticas.

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