Gramsci y los fenómenos morbosos

Ha quedado bastante claro que C’s había sido “fabricado” desde arriba, como complemento y, a la vez, como recambio hipotético del PP, de modo que, cuando el PP activó alarmas y mecanismos de poder para evitar la hecatombe, las fuerzas económicas y sociales que habían promovido el recambio naranja apretaron el freno. Ciudadanos, sin embargo, no es un experimento fallido: queda en la recámara para ser usado en el momento que convenga. Las generaciones digitales y regeneracionistas de la derecha pueden esperar. La derecha es ecléctica y tradicionalista vez: activará a C’s si le vuelve a convenir. No se puede descartar una reconstrucción del centro derecha con materiales de Rivera: si lo hizo Aznar, lo puede volver a hacer alguien que, por supuesto, no será Rajoy.

En cuanto a Podemos, supera las expectativas. Pero no consigue culminar el primer capítulo de su estrategia: dar el sorpasso al PSOE (condición necesaria para iniciar el proceso de sustituirlo). Le será muy difícil a Podemos generar dinámicas nuevas en Andalucía y Extremadura, territorios que corren el peligro de convertirse en peronistas a la española. Podemos, gracias a las alianzas con fuerzas genuinas de cada territorio (Colau y todo lo que ella representa es el caso más claro), tiene futuro. Cuenta con un arraigo real, que no procede de arriba como le ocurre a C’s, sino de abajo: de las jóvenes generaciones digitales, preparadísimas y, al mismo tiempo, castigadas duramente por el reparto injusto de los costes de la crisis.

Los jóvenes universitarios que lideran Podemos son lectores de Gramsci. Errejón y Domènech han estudiado el concepto hegemonía, que no equivale, como se suele creer, a jerarquía, ni tampoco a dominio. Hegemonía es el arraigo moral y cultural de una visión de las cosas. Podemos es el mejor situado para desplegar su hegemonía. El resultado le permite construir una trinchera de ataque para seguir avanzando, mientras que las trincheras de PP y PSOE sólo pueden ser defensivas. No creo, por consiguiente, que Iglesias quiera pactar politiquería. Preferirá consolidar la trinchera del cambio hegemónico. En cambio, la presión internacional a favor de la gran coalición será fortísima: el PSOE puede ser tentado al suicidio.

Vienen tiempos de incertidumbre. Catalunya, como siempre, más que cambiar la relación con España, ha abierto el camino de los cambios en España. Cambios que se han esbozado, pero que culminarán en las próximas elecciones, que se harán pronto.

Hablando de Gramsci, en sus Cuadernos de prisión dice: “La crisis consiste precisamente en el hecho de que lo viejo muere y lo nuevo no puede nacer: en este interregno se verifican los fenómenos morbosos más variados”. No creo que pueda haber una definición más precisa de lo que pasó ayer: la vieja política ha muerto (a pesar de la inercia del poder y las formas cautivas de activar el voto), pero la nueva política, aunque asoma la nariz, todavía no ha nacido.

LA VANGUARDIA