Gramática del estupor

Cada vez que reencuentro la frase, siento un escalofrío: «Los soldados volvían mudos del campo de batalla». La expresión, conocida, fue formulada por Walter Benjamin en varios de sus textos, sobre todo en ‘Experiencia y pobreza’, una de las obras fundamentales, a pesar de su extrema brevedad, de la filosofía del siglo XX. Benjamin se refería a la experiencia de los soldados que volvían de las trincheras de la Gran Guerra. Con esta formulación, el filósofo rememoraba, años después, lo que consideraba «una de las experiencias más tremendas de la historia». Lo escribía en 1933, ignorando entonces lo que estaba a punto de llegar.

He vuelto a leer la frase en el libro, más que recomendable, de otra filósofa, Carmen Pardo, que acaba de llegar a las librerías: ‘En el silencio de la cultura’ (Sexto Piso). Arranca del recuerdo del cuadro estremecedor de Goya ‘Saturno devorando a sus hijos’, y recorre el inquietante silencio que se despliega alrededor de las visiones insoportables de los horrores del siglo XX, desde la Guerra del 14 hasta la Guerra del Golfo. ¿Por qué Goya? Muy simple: porque «esta escena, tantas veces repetida, muestra la aniquilación de la experiencia de lo humano». Las imágenes que no podemos dejar de ver, pero que no podemos mirar. Y, a partir de la Gran Guerra, la experiencia fundamental: el ruido ensordecedor, que «llena ojos, oídos, nariz y boca hasta hacer, de uno mismo, puro ruido». El horror visto y escuchado que hace que los soldados vuelvan mudos y no puedan hablar, de tanto que han visto y oído, que les ha dejado los ojos con cristales, el alma estéril y la boca muda. ¿Qué podrían decir, de lo que han vivido?

Desde entonces, varias cuestiones atravesaron todo el siglo, y llegan hasta nuestros días. ¿Cómo podemos mirar lo que no queremos ver? ¿Cómo podemos hablar de lo que pone a prueba la capacidad significativa de las palabras e, incluso, del pensamiento? ¿Qué imágenes ha generado la cultura visual de nuestro tiempo, a partir de 1914, para mostrar todo lo que nos duele mirar? Desde la mirada -usada por primera vez en una guerra- de los pilotos de la aviación, que lanzaban sus bombas sobre objetivos que no veían del todo, hasta las imágenes nocturnas de la Guerra del Golfo, contemplada a distancia, o incluso a las filmaciones, retransmitidas a menudo en directo por las pantallas de televisión, de los bombardeos anónimos de máquinas creadas sólo para matar, se ha generado una cultura visual del horror de nuestro tiempo que «oscurece el ver, ciega la mirada», por decirlo con palabras de Pardo, «escamoteando el dolor, la atrocidad» y los efectos de la violencia.

Pardo analiza el papel de la música en todo ello, a partir de la Novena sinfonía de Beethoven, contemporánea de Goya, y a partir del uso político de la radio en las primeras décadas del siglo XX, y muestra paralelismos inquietantes entre los usos perversos de la música y de la propaganda radiofónica. Y trata de analizar de qué manera la cultura vehicula la civilización y a la vez la barbarie. De qué manera muestra y esconde. De qué manera habla y de qué manera calla, generando silencio a su alrededor. Y se pregunta cómo y de qué manera, a partir de entonces, «en el imaginario de los hombres del siglo XX, el horror y la diversión comparten el mismo espacio», desde la animación Disney hasta los parques temáticos, herederos de las Exposiciones Universales del XIX en la configuración del imaginario global de nuestro tiempo y que son, en el fondo, «fármacos de los miedos y los peligros que produce el mismo proceso civilizador». El libro deja en el aire muchas preguntas pertinentes que nos son, hoy, insoslayables y urgentes: ¡cómo es nuestra experiencia, de qué está hecha?, ¿qué hacemos con las imágenes que nos hablan de lo que pasa en el mundo?, ¿cómo nos llegan las voces, y cuáles no nos llegan?

El Diccionario de la lengua catalana del Institut d’Estudis Catalans (IEC) define estupor como una «fuerte disminución de actividad de las funciones intelectuales, que parecen aniquiladas». Hay experiencias que nos dejan sin palabras. Y hay experiencias de las que no tenemos imágenes ni nos podemos hacerlas. Rescatar la experiencia es salir del estupor, resistirse a este silencio impuesto: poner palabras e imágenes allí donde el silencio quisiera hacerlas desaparecer. Francesc Grau i Viader, soldado vencido de la Guerra Civil, tiró su dietario entre los escombros de una casa derrumbada. Décadas después lo reescribió en el libro ‘Dos líneas terriblemente paralelas’. Frente al estupor, sólo vale la dignidad de quien recupera la experiencia con palabras. Una lección. Actual, como muy pocas.

ARA