Josep Fontana, hablando del libro de Paul Preston sobre el ‘Holocausto español’, decía: «No se puede permanecer indiferente ante tanta crueldad, tanto sufrimiento y a la vez heroísmo.» A todos aquellos a quienes la historia -por la guerra, el odio, las dictaduras- ha colocado al margen de una sociedad, pueblos sin derechos, ciudadanos sin palabras, inocentes represaliados, han tenido que luchar contra todo tipo de manipulaciones para conquistar la memoria histórica. Porque un pueblo sin memoria es un pueblo sin acceso a la verdad.
El pasado viernes, 20-N, conmemoramos un acto unitario bajo el lema «Justicia por los crímenes del franquismo». Nos reunimos para ejercer el derecho del reconocimiento de un pueblo de la historia de su opresión. Para acompañar a las familias de las víctimas con todo nuestro apoyo y solidaridad. Para reclamar la verdad por encima de todo. Y para pedir que se haga justicia.
Antoni Batista suele recordar que el último mensaje político de Josep Benet fue que había que impulsar una campaña para declarar a Franco culpable de crímenes de guerra. 40 años después de su muerte, el dictador y sus crímenes siguen sin ser condenados.
Hasta ahora el 20-N sólo salían los fascistas en acto de nostalgia. A partir de este año los demócratas hemos tomado la calle en acto de reivindicación y homenaje.
Tantas personas que nos han dejado sin poder ver cómo se hacía justicia. 40 años y todavía nadie ha pedido perdón, aunque no se ha condenado el franquismo, ni se han anulado los juicios que sirvieron para asesinar a nuestro presidente, nuestros jóvenes, nuestros alcaldes, nuestros vecinos, los nuestros intelectuales, nuestros hijos. Consideramos una vergüenza que España no haya sido capaz de ajustar cuentas con su pasado totalitario.
Y frente a la cárcel modelo, uno de los símbolos de la represión, los que nos reunimos explicitamos tres claros mensajes:
El primero: un mensaje de calor y de agradecimiento a los luchadores. El país, la cultura, la lengua siguen existiendo porque no se rindieron nunca. Somos deudores de su valentía y coraje.
El segundo mensaje, dirigido al Estado: exigimos justicia. Acumulamos una transición impuesta, con una ley de amnistía tramposa y, más recientemente, una ley de memoria histórica que ha llegado tarde y mal y no ha servido ni para condenar el franquismo ni para reparar el dolor de las víctimas. Denunciamos la impunidad de que han gozado sus responsables y la vigencia, aún, de elementos del franquismo (ideología, legislación, aparatos del estado…). Y recordamos que la legislación internacional no ampara la ley de amnistía de España como una ley válida de punto final.
Y el tercer mensaje, dirigido a los partidos e instituciones catalanas. Les pedimos que en las bases de la política del futuro Estado catalán en materia de memoria histórica, se condenen los crímenes contra la humanidad y se haga un reconocimiento a las víctimas. Sólo podremos construir un país con unos cimientos democráticos sólidos con la verdad y la justicia.
Cuarenta años después seguimos pidiendo justicia para las víctimas del franquismo.
EL PUNT-AVUI







