Editorial
La salida de los restos del genocida Mola del Mausoleo de la Plaza de la Libertad, responsable de la matanza de más de 3.200 navarros y navarras en apenas unas semanas de 1936, salda otra deuda, con 40 años de retraso, con aquellas víctimas
la exhumación de los restos del genocida Mola de la cripta del Mausoleo ubicado en la Plaza de la Libertad es un paso más en la eliminación de los vestigios de exaltación de la dictadura franquista que aún permanecen en Pamplona-Iruña y en el cumplimiento, con años de retraso, de la Ley Foral de Símbolos y de la Ley de Memoria Histórica. Y supone seguir la senda iniciada hace un año, cuando el Ayuntamiento aprobó sustituir el nombre de la plaza dedicada al conde de Rodezno, el exministro de Franco que más sentencias de muerte firmó de su puño y letra, por el de Plaza de la Libertad. La exhumación, en la que interviene la Sociedad Aranzadi, afecta también al general Sanjurjo, otro militar golpista contra la Segunda República, y a otras ocho personas muertas en la guerra enterradas en la cripta del Mausoleo, donde aún hoy se celebran misas de homenaje a Franco. Según explicó Asiron, la decisión ha sido tratada tanto con los familiares de las personas cuyos restos están en la cripta como con el Arzobispado. Este paso pone fin a la humillante permanencia de un espacio público dedicado a Mola, responsable de la matanza que siguió al golpe militar de 1936 y a su bando en el que ordenaba extender el terror y asesinar a todos aquellos que no pensaran como los golpistas. En Navarra, aquella terrible orden dio lugar a un genocidio planificado que se cumplió a rajatabla, con complicidad política, policial, militar, social y religiosa, y en apenas unas semanas más de 3.200 personas fueron asesinadas y muchas hechas desaparecer -aún hoy cientos siguen ocultas en fosas y cunetas- sin juicio alguno en un territorio en el que no hubo frente de guerra. Han tenido que pasar más de 40 años desde la dictadura y la llegada del cambio político y social a Navarra para comenzar a cerrar definitivamente esta deuda histórica -UPN y PP han optado habitualmente por votar en contra o por una abstención indigna en las cuestiones que afectan a la memoria de las víctimas del franquismo- con aquellos navarros y navarras asesinados y con sus familiares represaliados luego durante décadas. No se trata de revanchismo, sino de justicia y reconocimiento a esas víctimas, y también de denuncia de la verdadera personalidad y de los crímenes de los responsables de aquellos hechos que durante años han sido homenajeados como héroes, en un hecho excepcional impensable en Alemania, Argentina o Camboya respecto a sus genocidas. Se acaba con una anomalía democrática y una infamia histórica para miles de navarros.
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