Esto era que, hace muchos años, en una larga conversación o entrevista con uno de los más grandes historiadores de la cultura, el pensamiento y la civilización que ha dado el siglo XX, yo le preguntaba qué hay de común, cuál es el motivo subyacente o el motivo dirigente, de la cultura europea o de Europa, desde los siglos XIII o XIV hasta el XVIII, o hasta nuestros días. Y el gran Miquel Batllori respondía: «Cuando se habla de Europa, hay que tener en cuenta una cosa: una idea de Europa no existe, antes del primer Renacimiento. Antes estaba la Cristiandad, pero no Europa. Es precisamente el avance de los turcos lo que hace pensar que Europa es algo más que una unidad religiosa: que tiene una unidad cultural. Los turcos son alógenos no sólo por ser islámicos, sino porque tienen otra cultura. No en vano el primero que habló de Europa como unidad cultural fue el humanista Enea Silvio Piccolomini, que luego fue el Papa Pío II «[gracias, por cierto, a la intervención del cardenal Rodrigo Borja en el cónclave, pensé yo después…]. Pero ¿qué hay de común en esta cultura europea?, insistí. ¿La idea de poder, la idea de la ciencia, de la racionalidad, de la libertad? Y respondía él, que había pensado en ello durante más de sesenta años: «Todos estos temas juntos. Y no considerar como única unidad la religiosa. Al principio nos unía la lengua latina, sobre todo el latín humanístico, que mantiene una cierta unidad intelectual tras la ruptura religiosa del protestantismo. Y también un concepto continuado de reforma, que viene desde entonces, un concepto de progreso. Y luego, la idea geográfica de Europa, que se acaba de formar en la edad moderna: ya se conocía que había una diferencia por el sur, con el mundo islámico; pero luego coincide el avance de los turcos por el este con el descubrimiento de América: esto acaba de concretar una idea geográfica de Europa. Existen, por tanto, el contraste con culturas alógenas, el humanismo, la búsqueda de nuevas disciplinas… todo eso es lo que va haciendo Europa». Y después, el historiador recordaba un congreso en San Francisco, donde «uno de los temas centrales fue el de los derechos del hombre, que aparecen en América como derechos del ciudadano (americano), pero en Francia como derechos del hombre como tal, estrictamente unidos a la idea de libertad». Europa, pues, podría ser eso: la razón, los derechos humanos, la libertad… y mirar por donde vienen los «turcos». Los turcos de Recep Erdogan, los del Estado islámico, o los de Putin.
El País







