Llevamos un tiempo en que los tambores anunciadores de elecciones en el estado español tocan a rebato. Es año de diversas elecciones. Son elecciones ajenas para nosotros, como las que se realizan en otros estados como Alemania, Inglaterra, Suiza, etc. Pero desde fuera y desde dentro nos empujan a participar en ellas.
El voto que cada vasco deposita en las urnas tiene consecuencias políticas muy importantes, contrarias al motivo de su voto, su forma de pensar y a su sentimiento y, por ello, debemos proceder al análisis pormenorizado de las consecuencias de dicho voto.
En nuestro caso, las elecciones son la vía para acceder a las instituciones del sistema político del estado español o, en su caso, a las del sistema político del estado francés. Responden a las estrategias de dichos estados, son el medio de control político de las aspiraciones de independencia de nuestro pueblo, y tienden a convertirnos en ciudadanos españoles o franceses.
Fortalecen y legitiman a los estados imperialistas que nos invadieron a sangre y fuego y nos ocupan en la actualidad; refrendan sus legalidades impuestas; disimulan y ocultan la violencia que de forma ininterrumpida ejercen sobre nuestro tejido social, y les ayudan a travestirse de estados democráticos.
Aprovechan la oportunidad de las elecciones y vierten una serie de términos políticos para crear enfrentamientos y una mayor confusión entre los vascos, además de generar una situación más alienante. Términos tales como “sociedad vasca”, “ciudadanía vasca”, “convivencia pacífica”, “democracia”, “normalización”, “paz” y demás, que se contraponen a otros términos que definen la realidad cotidiana en que vivimos, es decir, “pueblo”, invasión, ocupación, imperialismo, totalitarismo, derecho de autodeterminación, independencia, lucha, etc.
Es refrendar la división territorial impuesta frente a los que, como pueblo, siempre hemos defendido el territorio como del estado de Nabarra.
Reitero la palabra, el voto se convierte en el único fin de preocupación y lucha, y las movilizaciones se realizan en función de ganar unas votaciones a un mal llamado Gobierno Vasco, que es prolongación de la estructura del sistema político del estado español.
El votante considera el acto ante las urnas extrañas como la única exigencia política a cumplir, y el consecuente trabajo de militancia se reduce a realizaciones para alcanzar la mayoría. Cumplimentados estos requisitos, la actuación posterior es depositada en los elegidos quienes, fieles a la legalidad española o francesa, acatan políticamente sus constituciones, que no contemplan ningún trazado que pueda conducir a la independencia, al igual que el trazado de las vías de ferrocarril de los cuales el tres no puede salir (si no descarrila) y que, indefectiblemente, conducen a Madrid y París.
Por tanto, el voto en un territorio ocupado, ha sido y es un mecanismo muy eficaz para los imperialistas, y letal para los ocupados, si no responde a una estrategia acordada de antemano y que responda a un interés exclusivo para la independencia.
En una situación de ocupación, el voto perpetúa la ocupación. El voto en una situación de independencia, es una manifestación política de libertad y democracia.
La delicada situación que atravesamos nos emplaza al compromiso y movilización política organizada de cada persona en la medida de sus posibilidades, como responsabilidad ineludible para el logro de la reactivación del estado de Nabarra.
Limitarse exclusivamente a la activación política a través del voto, o no comprometerse en la acción política por nuestra libertad es contribuir a la situación de ocupación.
Independencia o integración son las dos únicas alternativas.
Pueblo, territorio y gobierno propio son los tres exponentes que conforman un estado propio.








