Una angustia inesperada sacude a las élites madrileñas que controlan todos los mecanismos del Estado: la soledad. La crisis de Ceuta ha dejado la diplomacia española en la indigencia, sustentando argumentos de que nadie se ha creído. La teoría más utilizada -y más espectacular- es que Ceuta y Melilla son una parte de España indistinguible de las demás, ambas españolísimas y europeas. Una forma de mirar los mapas que sólo convence con las gafas gruesas del nacionalismo español porque salta a la vista la anomalía que representan estas plazas africanas.
Otro argumento curioso se basa en un truco español que lleva décadas durando sin ningún resultado práctico. Cuando hubo una ola de descolonizaciones a mediados del siglo pasado, en Madrid decidieron que Guinea Ecuatorial, Sidi Ifni y el Sáhara pasaran a tener la consideración de provincias españolas. Tal cual. Creían que así podrían retener la soberanía. Repartieron DNI’s a los habitantes locales y añadieron otras cuatro provincias al listado: Sidi Ifni, Sahara, Fernando Poo y Río Muni. ¿Descolonizar? No, son provincias españolas como las demás.
A la hora de la verdad no les sirvió de nada. Y cuando Madrid dio la orden de retirada, adiós. Y por si alguien se había creído que el DNI significaba algo, el Tribunal Supremo se encargó de dejar muy claro que el Sáhara -el caso más inmoral- nunca formó parte del territorio español a efectos de nacionalidad de origen. Nacer allí durante la administración colonial no confiere la nacionalidad española. Punto. Por eso a los refugiados políticos saharauis España los considera apátridas. Qué pone en tu DNI, dicen.
En cualquier caso, a la hora de la verdad, Madrid ha descubierto que no engaña a nadie. Ceuta y Melilla son creaciones del Estado, con la mitad de población ocupada cobrando un sueldo público -especialmente militares y fuerzas de seguridad- y la otra mitad de origen magrebí. Dos macrocuarteles carísimos que molestan a todo el mundo. Y que pueden generar una crisis política de gran tamaño cuando sigan el mismo camino de las otras posesiones africanas.
EL MÓN









