El sentido de Europa

Regresar a las raíces ayuda a recobrar el sentido de las cosas. Si le parece que la Unión Europea no es lo que había creído, haga una visita a las playas de Normandía, en las que desembarcaron los aliados en junio de 1944 para liberar la Francia ocupada por el ejército alemán. El entorno está repleto de lugares llenos de historia. Entre los menos recreados en documentales y películas están cementerios de militares alemanes, como el de Mont de Huisnes, y ­sobre todo­ el de Le Cambe, en el que reposan más de 21.000 soldados alemanes. En la entrada a este cementerio se puede ver una placa que indica que muchos de los soldados allí enterrados murieron en una guerra que no respondía a sus ideales ni a sus deseos. Que en suelo francés se encuentren cementerios y mensajes como estos da mucho que pensar, sobre todo a quienes vivimos en un Estado en que no se han cerrado bien las heridas causadas por la Guerra Civil, y en que todavía existen números cuerpos sin localizar, prolongando el dolor de sus familias.

La UE, con los diferentes nombres que ha tenido, se implantó en la década de 1950, con un objetivo concreto: expandir el comercio y los intereses compartidos para lograr una paz prolongada. La visión de la relación entre el comercio y los conflictos bélicos difiere entre la tradición liberal y la marxista. En la tradición liberal, el comercio genera beneficios a sus protagonistas, por lo que disminuye la probabilidad de conflicto entre socios comerciales al aumentar su coste económico y de bienestar. En cambio, en la tradición marxista el comercio es interpretado como una vía por la que los poderosos explotan a los débiles, por lo que aumenta las probabilidades de conflicto bélico. La evidencia empírica disponible avala la visión liberal: el aumento de las relaciones comerciales disminuye las probabilidades de conflicto armado entre los socios comerciales, y con mayor intensidad si se producen procesos de integración económica como el europeo.

En los años 1930 muchos países respondieron con proteccionismo a las consecuencias de la Gran Depresión. Esto hizo caer los intercambios comerciales, y fue uno de los factores que llevaron a la II Guerra Mundial. Especialmente en el caso de Alemania, cuya pendiente de autarquía económica con el régimen nazi condujo a las conquistas militares como medio de expansión económica. Esto es lo que recuerdan muchos europeos, y muchos alemanes, que sufrieron la II Guerra Mundial. Por eso son firmes partidarios de realizar las reformas económicas necesarias para mantener Europa abierta al mundo. Porque una Europa a la defensiva, replegada sobre sí misma (como defienden los grupos en ambos extremos del espectro político) quizás podría proteger durante un tiempo los intereses de algunos perjudicados por la globalización. Pero sería también el germen de conflictos violentos. Es mucho mejor profundizar en el camino que ha ayudado a superarlos en las siete últimas décadas, con un tesón y un acierto que se perciben de forma conmovedora al visitar un cementerio de soldados alemanes en Normandía.

LA VANGUARDIA