El retorno del poder a la geopolítica: el caso de Ucrania

¿Y si, más allá de los horrores, la guerra entre Rusia y Ucrania, intensificada en 2022, no fuera el acontecimiento “nuevo” que se presenta, sino la brutal revelación de leyes geopolíticas fundamentales que Occidente había decidido olvidar?

La guerra que actualmente asola Ucrania es una geopolítica concentrada, que moviliza todos los marcos analíticos desarrollados durante más de un siglo, recordándonos que los grandes dramas del mundo contemporáneo (Bosnia, Chechenia, Georgia, por citar sólo el continente europeo) son sólo iteraciones de un juego de poder con reglas inmutables.

Más allá de la ansiedad cortoplacista, este es el enfoque que debe tenerse presente para descifrar las constantes militares, económicas, digitales y narrativas que rigen la geopolítica moderna.

La huella indeleble de la geografía y la historia

La guerra en Ucrania es, ante todo, un asunto de largo plazo. Reactiva dos fuerzas fundamentales que la modernidad creía disueltas: la geografía y la historia.

Este conflicto es un duro recordatorio de lo que es la guerra de alta intensidad, un concepto que creíamos relegado a los archivos de la Guerra Fría (Corea, Vietnam, Irán-Irak…).

El río Dniéper vuelve a convertirse en un obstáculo estratégico; el relieve natural dicta funciones defensivas; el mar Negro, arteria vital para la evacuación del trigo, es una zona de fricción económica y militar.

Las ciudades no son meras coordenadas numéricas, sino bastiones por conquistar, símbolos cuya pérdida o captura impacta directamente en la moral de los beligerantes. Si bien la tecnología puede innovar (el uso generalizado de drones), simplemente se adapta a la implacable realidad del terreno. Esta realidad reafirma una constante que los debates sobre la guerra cibernética e híbrida han tendido a ocultar: el terreno configura las operaciones.

El peso de los relatos

El equilibrio de poder es inseparable de estas narrativas. Ucrania se define por su soberanía, mientras que Rusia aún se considera la heredera legítima de un espacio imperial que se niega a ceder. Este choque de percepciones históricas, donde un bando se niega a perder y el otro a ser absorbido, es una trágica constante de la geopolítica.

Vladimir Putin, como tantos antes que él, cometió el clásico error de ignorar que el equilibrio de poder no se juzga por el desprecio que se siente por el adversario, sino por sus verdaderas fortalezas y debilidades. La resistencia ucraniana, apoyada pero no liderada por sus aliados, es una amarga prueba de que los rusos han subestimado enormemente a su adversario.

La incapacidad de anticipar

Una de las lecciones más crudas de este conflicto reside en la incapacidad de los actores occidentales para anticipar los acontecimientos. A pesar de las constantes advertencias geopolíticas, fue necesario el acontecimiento, la conmoción de 2022, para forzar un rearme acelerado de Europa y una reevaluación de sus dependencias.

En Ucrania, la guerra es un laboratorio de innovaciones (drones, adaptación táctica en tiempo real), pero esta innovación no puede ocultar el regreso de otra constante: la masa (1).

A pesar de la tecnología digital y la guerra electrónica, la calidad no reemplaza a la cantidad. La cantidad de tanques, piezas de artillería y soldados importa más que nunca. Los métodos de operación rusos lo confirman trágicamente: un enfoque donde la preservación del capital humano se subordina a la idea de un capital considerado cuantitativamente inagotable.

Occidente descubre, atónito, la primacía de las reservas sobre la sofisticación, aunque esta lógica ha sido un pilar de la estrategia militar desde los albores de las guerras.

Postura nuclear

La escalada debe evitarse a toda costa, y esta moderación está dictada por la constante más aterradora de la modernidad: la disuasión nuclear.

La lógica de la «destrucción mutua asegurada» está más vigente que nunca, lo que explica la relativa reticencia de estadounidenses y europeos. Rusia está utilizando y abusando de la postura nuclear —declaraciones ambiguas, anuncios de nuevos equipos— para disuadir cualquier intervención significativa de Occidente. Esta demostración es a la vez una fortaleza y una debilidad, pero reafirma el papel central de las armas nucleares como el árbitro definitivo de los conflictos de alta intensidad.

Intereses perennes, nuevas alianzas

Aunque el conflicto parece estar confinado geográficamente, sus efectos son globales, pero sobre todo revelan la naturaleza profunda y egoísta de las alianzas globales.

Para Vladimir Putin, la guerra ha provocado fracasos estratégicos con consecuencias duraderas:

– la transformación de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) con la incorporación de Finlandia y Suecia;

– el desacoplamiento duradero de Europa, que obliga a Rusia a orientar su energía de bajo coste hacia Asia (China, India), aumentando así su dependencia de un pequeño número de países;

– la transformación del «Sur Global», del que Rusia depende tanto .

El fracaso más flagrante es la constatación de que el llamado «Sur Global» solo apoya a Rusia en función de sus propios intereses. Estos países se aprovechan de las sanciones occidentales para comprar petróleo ruso barato, demostrando una forma de no alineamiento formal y una de las mayores constantes de la geopolítica: el interés propio siempre prevalece sobre la ideología.

El largo plazo frente al miedo

En Ucrania, la guerra por sí sola moviliza muchas constantes de la geopolítica contemporánea.

Esto es lo que «El Retorno del Poder en la Geopolítica: Bienvenidos al Mundo Real» (L’Harmattan, 2025) busca transmitir a través de sus 20 temas independientes, con el objetivo de abarcar gran parte del espectro geopolítico, cuyas palabras clave son el poder, el equilibrio de poder y el interés propio. Comprender esta guerra implica aceptar que el mundo obedece a reglas antiguas y que la única verdadera sorpresa reside en nuestra incapacidad crónica para anticiparlas.

(1) https://www.defense.gouv.fr/actualites/guerre-haute-intensite-cest-retour-normalite-general-vincent-breton

*Doctor en Ciencias de la Gestión, ex oficial, profesor de geopolítica en ESDES Business School, ESDES – UCLy (Universidad Católica de Lyon)

*Profesor de geopolítica en ESDES, ESDES – UCLy (Universidad Católica de Lyon)

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