Hace tiempo que hablo con mis muertos. Con que el charlo más es con mi tatarabuelo: Francisco Canosa Albardané. El tipo es una anomalía del sistema. Revienta las estadísticas del siglo XIX de esperanza de vida: vivió 86 años y ahora, aún, de aquí a allá, está en todas partes, nunca sabes dónde encontrarlo, jugando partidas de tresillo con el triunfo de desazón de quien quiere vivir siempre y tomando copitas de botella de coñac del presente continuo. Nació en 1817 y murió en 1903. Esto dice cosas. La que me alucina es que vio pasar las tres guerras carlistas. Por eso hablo con él: el futuro es carlista. Neocarlista, tuningcarlista o carlista ‘take away’. Llámenle como quieran, que el nombre no hace la cosa. Carlismo ‘is coming’.
Hay criaturas que creen que la vida es una entrada de diccionario. El carlismo no es que muera el rey Fernando VII, el pantagruélico que estalló de carnívoro y alcohólico, y jodió a su hija Isabel II poniéndola como reina, y saltó el hermano del monarca, Carlos María Isidro, con un trabuco legitimador, con que él debe ser el rey. El carlismo no es el marketing de «Dios, patria y rey». El carlismo no es un estereotipo de bestias polvorientas disparando con crucifijos y boinas bomba rojas. Como monstruos barbudos surgidos del vientre de la prehistoria. Primarios, rústicos, analfabetos. Porque si creemos que esto es el carlismo, lamento decirles que vivimos en un Estado carlista. Tenemos una monarquía que es la de Felipe VI (que viene de Fernando VII) y que es la primera familia desestructurada de España. Que se clavan los puñales entre ellos como si vivieran en un ‘Gran Hermano’ a navajazos. Que las sucesiones reales, el trabajo del futuro, tiembla más que un mueble de autoengaño montado por ti mismo y pagado, vaya, que en la carnicería cuando vas a comprar el cordero ya te lo han matado, no te dan el cuchillo para que lo peles tu. Si esto es así vivimos en un país totalmente carlista porque hoy el «Dios, patria y rey» es «Fútbol, sofá y cerveza-sociedad líquida». ¿Realmente es esto? ¿De verdad? ¿Qué es el carlismo? ¿Qué nos quiere decir el carlismo? Marramiau.
Vean cómo se lame los bigotes el animal. Como en el siglo XIX, en el siglo XXI, la pandemia actúa de ‘coolhunting’ (1). Cazadora de tendencias. Pim, pam, pum. Carnicería. El virus nos ha hecho saber que el único lugar seguro es casa. Casa es el bunker, la cueva, la casilla del parchís. Casa es ser de un sitio. Importante tener un lugar en la vida. El carlismo es un ‘coolhunter’. El carlismo es casa. Si tienes cabaña, eres. Identidad. Yo. Tienes derechos. Los fueros. Los tienes. Porque la pandemia nos ha dicho que los gobiernos son autoinsuficientes y sólo puede ser autosuficiente. No nos han resuelto los problemas ni individuales ni colectivos. La pandemia es despertar de un sueño: las ciudades no son el lugar donde todo es maravilloso y fácil. En las ciudades también se sufre y se muere. Las ciudades no son una utopía. Son una distopía. Voy a gritar con ‘dolby surround’ con la BSO de la industrialización: todos hacia las metrópolis y era todos hacia el cementerio. No es mejor urbano que rural. No es mejor burocracia que aldeanocracia. No es mejor cemento que naturaleza. No es mejor la socialización desniveladora que la individualización pluralizadora. Un caserío conectado con otros caseríos es la sociedad red. Una ciudad no es un país. Un jefe renacuajo no es un organismo pluricelular. Sin conexión no hay libertad. Este es el pollo.
La pandemia es un matadero de libertades. Una hamburguesa vegana, vegetal, de encefalograma plano hecha para que comas y pienses con queso. Lo dice Josep Pla, carnívoro: «Las libertades concretas que predicaban los viejos carlistas eran, quizás, más sólidas que la libertad que postulaban los liberales. Eran las libertades entendidas a la antigua usanza. No era la libertad con mayúscula, abstracta y vaga, escrita en un papel siempre más inconsistente que la violencia de los temperamentos; sino las libertades concretas, garantizadas por organismos, instituciones, costumbres y hábitos antiguos, vivientes, de escamoteo imposible. No de otro modo se gobierna Inglaterra». Amén, hermano lobo. Y una pregunta: ¿hay algún partido catalán que no sea carlista? Catalán, ¡eh! No de obediencia comprada, pagada, de pegamento, de Loctite español. Porque este es el tema: la libertad. Ya lo dijo el carlista Bob Dylan: «Mirad que lo que hoy es lento / Será rápido mañana / El orden se ha dado la vuelta / Por la misma eterna ley / Por la que el presente de hoy / Será el pasado mañana / Y el que hoy es el primero / Será el último en llegar / Porque los tiempos están cambiando». Nada muere. Todo continúa. Se han creído lo que no es. Ya lo dice mi tatarabuelo inmortal cuando hablo con él.
(1) https://es.wikipedia.org/wiki/Coolhunting
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