El profesor Pablo Iglesias declaraba, hace algunos días, que si llega a la Moncloa intentará sacar a España de la OTAN y romper los convenios de defensa con Estados Unidos que rigen el uso de las bases de Rota y de Morón: «Soy patriota», dijo, «y no me gusta que haya militares extranjeros en territorio español». Yo nunca he sido como aquel patriota de la canción «Ay, Che, camino, / patria o muerte es mi destino», que se supone que es cosa de patriotismo guerrillero y fatal, ni como el de los miembros del FRAP, Frente Revolucionario Antifascista y Patriota, o como el de los militares y militantes que en Venezuela jurarán aquello de «Patria, socialismo o muerte». Ningún patriota de estos (ni siquiera el del antiguo lema romano: «Dulce et decorum est pro patria mori»), sino de la clara, humanísima y noble condición de «quien defiende o es celoso de la libertad o los derechos de su país» («One who defends or is zealous for his country’s freedom or rights”), tal como dice la definición del Oxford Dictionary, o de «Qui aime sa patrie, qui s’efforce de la servir», como afirma sintéticamente el Larousse. Ya se sabe que nación, país y patria son conceptos de precisión muy dudosa, de límites a menudo variables o concéntricos, y de definición regularmente arbitraria: la patria de los atenienses era Atenas, la de los romanos era la urbe o el imperio, la de los cristianos medievales era la cristiandad, y Pessoa escribía «mi patria es la lengua portuguesa». Se puede ser patriota de una ciudad, de una religión, de un idioma y en el peor de los casos de un Estado, que suele ser una patria con ejército, al menos con suficiente ejército como para desfilar el día de la fiesta nacional. Y en todo caso, como yo soy amante de los diccionarios, sobre todo los de las lenguas de crédito universal, me quedaría con las pocas palabras simples del Larousse y del Oxford, tales como derechos, libertad, amar y esforzarse en servir. Las otras variantes posibles son: a) «Por Dios, por la patria y el rey / lucharon nuestros padres», y b) «Oigo, Patria, tu aflicción, / y escucho el triste concierto / que forman tocando a muerto / las campanas y el cañón». Yo soy un simple patriota de prosa de diccionario y, por tanto, los «militares extranjeros en territorio español» me molestan poco, a diferencia del profesor patriota Pablo Iglesias.
EL PAÍS
Quadern [CV], núm. 690 | 12/04/2014








