El más patriota de todos

Las elecciones siempre las gana el partido que logra convencer a más ciudadanos de que representará y defenderá mejor el interés general. Y por interés general se entiende que se habla de los intereses nacionales. Por ello, creo que se puede afirmar con rotundidad que si Marine Le Pen ha ganado la primera vuelta de las elecciones regionales francesas no es tanto porque los franceses se hayan vuelto de extrema derecha como porque la mayoría de los que han ido a votar han identificado el Frente Nacional con quien representa mejor el patriotismo francés en unos momentos en que, por razones obvias, el electorado ve el país amenazado.

Vale decir, por no hacerla demasiado grande, que Marine Le Pen ha obtenido el 30 por ciento de los votos con una participación del 50 por ciento. Esto quiere decir que sólo la ha votado el 15 por ciento del censo electoral. No queda justificado, por tanto, pensar que el resultado describe el estado de ánimo ni el pensamiento político de todos los franceses. Pero es claro que los atentados de París, y la sobrerreacción hiperpatriòtica de François Hollande, todavía han dado más empuje al Frente Nacional. La inmediata réplica militar, el pretendido liderazgo internacional en los ataques a Daeix en Siria -con entrevistas al más alto nivel- o la magnificencia de los funerales de Estado, queriendo dar respuesta al miedo, paradójicamente, no han hecho más que justificarla. Si Hollande ha situado la respuesta en la recuperación del orgullo nacional, ¿por qué no votar a los que hacen del mismo más bandera?

En cualquier caso, los resultados de las regionales francesas nos pueden ser útiles para reflexionar sobre las próximas elecciones generales. Y es que también en España -como en cualquier otro país- ganará el partido que sea capaz de exhibir el mayor patriotismo. Por ello, ante el 20-D, todos los partidos «nacionales» ya hace tiempo que compiten para ver quién lo es más. Desde la gran bandera española que ha decorado los actos políticos de Pedro Sánchez hasta la sobreactuación del PP -gobierno y partido- en defensa de la unidad de España, siempre con Cataluña como el burro de los golpes. Y, por supuesto, con el «nuevo» aspirante a ser el más patriota de todos, Albert Rivera, que no cesa de proclamar su adhesión obsesiva al más viejo y conocido modelo de nación española, unitarista y homogeneizador. En este sentido, me temo que el modelo federal de Pablo Iglesias, que acepta a Cataluña como nación y a España como país de países, a pesar de querer presentarlo también como un modelo avanzado de patriotismo, no será reconocido como tal y quedará arrinconado por el empuje patriótico más tradicional de los otros tres.

Para evitar confusiones terminológicas, hay que volver a recordar que el patriotismo no es otra cosa que el nacionalismo de los que ya tienen reconocido un Estado, mientras que el nacionalismo es el patriotismo de quienes reivindican uno propio. Un hecho que explica muy bien por qué los primeros se pueden permitir el lujo de decir que el patriotismo es el amor a lo propio, y el nacionalismo el odio a los demás. Pero los hechos son tozudos, y la realidad muestra que el desacomplejamiento patriótico de los estados, con todos sus atributos, multiplica por mil la expresión del nacionalismo reivindicativo, inevitablemente a la defensiva y siempre expuesto a ser calificado de xenófobo o de males aún peores.

En definitiva, si queremos saber quién ganará las elecciones españolas, dejémonos ser de derechas e izquierdas, de viejas y nuevas políticas, y prestemos atención a las muestras de patriotismo español. Quien exhiba el orgullo nacional español más hinchado, quien garantice más fuerza en la defensa de la unidad de España, es el que ganará las elecciones. Los programas económicos y sociales sólo hacen de relleno.

ARA