El episodio bíblico de David y Goliat ( Samuel 17,1-58 ) es el paradigma de una lucha “aparentemente” desigual en la que el débil acaba ganando al fuerte. Su temática de la fe superando al miedo ha tenido gran influencia durante siglos, y nos habla de que para alcanzar la victoria no importa tanto la fuerza y el poder, cuanto la astucia, el coraje, la voluntad y la inteligencia, que son las que nos permiten afrontar exitosamente los desafíos y cruzar las metas que la vida nos depara.
Goliat es caracterizado por su fortaleza física (monstruosamente fuerte) con una actitud e imagen ganadora, arrogante, dominante y avasalladora; protegido por una malla de metal de 50 kilos de bronce así como portador de armas pesadas y resistentes (espada, jabalina, lanza y escudo) que causan graves daños a los contrincantes en el cuerpo a cuerpo. Por contra, David es de talla pequeña, delgado, ágil y fibroso, viste ropas livianas, lleva armas ligeras (una honda y un zurrón con piedras), evita el contacto físico y su plan de lucha está en relación al entorno y a las circunstancias utilizando la astucia.
En tanto Goliat busca la confrontación directa aprovechando la fuerza bruta y sus armas pesadas, David la rehuye y busca colocar a su contrincante a una distancia adecuada desde donde pueda enviar una piedra con su honda a un lugar vulnerable y descubierto del cuerpo de su enemigo gruesamente protegido por una malla de bronce. David lleva a Goliat a su estilo de combate; éste impelido por su arrogancia no advierte que las fortalezas y debilidades de ambos se han invertido. Y así, lo que constituye la mayor fortaleza de Goliat (fuerza física, armas pesadas, arrogancia…) se convierte en su mayor debilidad, y lo que es la mayor endeblez de David (poco peso, armas ligeras…) viene a ser su mayor fortaleza y la clave en la resolución del combate.
Si el débil sigue las reglas del fuerte, pierde; pero si reflexiona y piensa serena e imaginativamente, sus posibilidades de ganar aumentan de manera notoria. EEUU con todo su poderío fue derrotado por un pueblo pequeño, Vietnam, y sigue los mismos pasos en Irak, Afganistán…, abundan estos episodios en la historia de la humanidad.
Pero no obstante, el filósofo canadiense Malcolm Gladwell pone en duda que esta historia sea un ejemplo de batalla en la que el débil gane al fuerte porque, en su opinión, ni Goliat era tan fuerte ni David tan débil. Veamos.
La Biblia nos cuenta que Goliat necesitaba de un escudero para desplazarse en el campo de batalla; del mismo modo, al dirigirse a David desafiante, “crees que soy un perro que vienes a mí con estos bastones” , afirma que veía bastones y David sólo llevaba un solo bastón. Por lo tanto es muy probable que Goliat tuviera problemas de visión, lo que unido a su gigantismo nos llevaría a la conclusión de que sufría acromegalia; enfermedad crónica rara debida al desarrollo de un tumor benigno de la hipófisis, que en su expansión comprime las estructuras adyacentes –quiasma óptico – (lo que explica las alteraciones de la visión) y también da lugar a una excesiva secreción de la hormona de crecimiento (de ahí el gigantismo). Por todo ello podemos llegar a la conclusión de que Goliat no era ese gigantón fiero e invencible que nos pintan, sino que más bien se trataría de un pobre enfermo medio ciego, torpón y con problemas de movilidad.
Por otra parte, David tampoco era tan débil e inexperimentado. Es un joven astuto muy familiarizado y adiestrado en el lanzamiento con honda por su condición de pastor, que lo utilizaba para espantar a los lobos y demás fieras que amenazaban a su rebaño. Se sabe que en aquel tiempo los honderos adiestrados podían hacer blanco a una distancia de 180 metros, y que haciendo girar la honda a 6-7 revoluciones por segundo el proyectil salía a una velocidad de 35 metros /segundo , es decir a 126 km/h. Las piedras que David utilizó como proyectiles fueron recogidas en el valle de Elah, lugar en el que se celebró tan singular combate, y resulta que las rocas de dicho valle son de sulfato de bario, mineral que tiene doble densidad que las rocas normales. Malcolm Gladwell, teniendo en cuenta la densidad de la piedra, la velocidad a la que gira la honda y la distancia aproximada, llega a la conclusión de que la fuerza de impacto del proyectil disparado equivaldría a la de una bala del calibre 45. David no requirió de fuerza ni de contacto físico, llevó a su contrincante a un estilo de combate que le desconcertó, supo esperar el momento oportuno y la distancia adecuada para disparar la piedra, horadarle el cráneo y derribarle para después cortarle la cabeza con su propia espada.
Al analizar científicamente el porqué David le ganó a Goliat, podemos llegar a la conclusión que este último nunca tuvo ventaja sobre el primero; al contrario, la razón aparente de su poder (su gran tamaño) era su talón de Aquiles. La evidencia científica indica que Goliat, por su gigantismo, sufría de visión doble y poca agilidad, lo cual David aprovechó, como tirador experto que era, para ganar la batalla. “Lo mismo que le había hecho crecer tanto, a la vez, era la causa de su debilidad”.
El pasado 25 de Septiembre el president de la Generalitat Artur Mas en un discurso público describió el proceso catalán con esta frase : “David no venció a Goliat por su fuerza sino por su habilidad y astucia”, utilizando un símil que equipara a Cataluña con David y a España con Goliat.
España aparenta poder y fortaleza desmesurada. Como el gigante filisteo está armada con su Constitución, su ejército, su policía, sus tribunales, su prensa… Su arrogancia se basa en las amenazas chulescas de los dirigentes del PP augurando a los catalanes todo tipo de plagas y desgracias, acompañadas de actitudes despreciativas y desconsideradas azuzando la catalanofobia. Pero España no es fuerte ni poderosa, más bien es un país enfermo y medio ciego que, al rechazar cualquier tipo de negociación y pacto, ilustra su enorme fragilidad y debilidad. La falta de diagnóstico sobre la realidad catalana es notabilísima y no parece preparada para enfrentarse a ella hasta que no sea del todo inevitable (se moverá torpemente y demasiado tarde).
Por otra parte Cataluña no es tan débil. Además de astucia e inteligencia, tiene un arma muy poderosa que será decisiva y le dará la victoria final: la ilusión, determinación y voluntad de los 2,3 millones de ciudadanos que votaron el 9 de noviembre.
Hasta ahora la lógica nos indicaba que el poder, y aun por su etimología, debía de estar siempre relacionado con la tenencia o la posición de ventaja frente a los demás. Pero en la actualidad vivimos en un mundo en que las redes sociales están haciendo que un sinnúmero de causas sociales y locales se conviertan en movimientos mundiales demostrando claramente que el poder ya no tiene que ver con el tamaño o la cantidad de recursos disponibles.
En su obra “El fin del Poder”, el escritor Moisés Naím, afirma que “el poder ya no es lo que era; tal y como lo conocíamos, llegó a su fin”. Ahora estamos ante un nuevo concepto del Poder, es decir, se está reconfigurando hacia lo que, en justicia, debería ser:
-un espacio donde se gana o se pierde en base al talento, esfuerzo, trabajo y dedicación,
-un espacio donde la inteligencia, sagacidad y la gran fe del pequeño, triunfan sobre el poder, el avasallamiento y la fuerza del grande.
-En suma , un espacio donde los “utópicos”David triunfan ante los “impositivos legalistas” Goliat.









