Caja Navarra

Juan Kruz Lakasta

Can

Noticias de Navarra

 

DICEN que los canes se acaban pareciendo a sus dueños. No diría yo que José Antonio Asiáin es dueño de la Can. Más bien al contrario. Pero sí que diría que la Can y él se parecen. La ocurrencia no es mía. Se la leí a alguien en Twitter. Y me parece que está muy bien traída. Se parecen en más cosas. Pero el principal parecido radica en que sobre los dos se proyecta la sombra de la sospecha. Sobre los dos hay un sinfín de dudas por resolver.

 

¿Qué relación ha habido entre el bufete de abogados de Asiáin y la Can desde que él la preside? ¿Hasta qué punto exonera de responsabilidad al presidente de la Can que fuera su hijo quien se encargara de los trabajos para la caja si lo hacía en el seno de un bufete de abogados de su propiedad? ¿Es eso legal? ¿Es eso lícito?

 

¿Por qué es en la actualidad presidente de la Can una persona afín al PSN? ¿Por qué se niega el PSN a crear una comisión de investigación sobre la Can en el Parlamento de Navarra? ¿De verdad alguien piensa que no hace falta explicar a la ciudadanía navarra cómo es posible que en cuatro años la Can haya pasado de valer unos 1.700 millones a prácticamente desaparecer? ¿Quién es responsable de esa gestión?

 

Asiáin dice que han intentado chantajearlo y que él es la única víctima. Pero ser presunta víctima de un hipotético chantaje no te exculpa de unas supuestas irregularidades. Y víctimas hay muchas, cientos de miles, una por cada navarro que ha visto cómo desaparecía su caja. Disipar la sombra de la duda es fácil. Basta con dar explicaciones sacando a la luz todos los datos que hagan falta.

 

Acabo la columna sin hablar de Cervera. Por un lado, me parece que ya se ha dicho todo lo que había que decir sobre él, y que el nudo de la cuestión no está en su actuación sino en la de los gestores de la Can. Por otro lado, la verdad es que esta columna no la he escrito yo. Recibí un correo electrónico anónimo en el que se me comunicaba que me dejarían un texto de contenido periodístico relevante en el interior de un sobre oscuro, introducido en una rendija de la cisterna del segundo baño de caballeros empezando a contar por la izquierda de los servicios públicos de la plaza del Castillo. Si no te gusta, tira de la cadena.

 

 

Javier Dori

Ascenso y declive de una caja

El Pais

 

Cuentan los mayores que en la década de los cincuenta todas las familias navarras tenían algún miembro en la Iglesia católica. Medio siglo después, ocurría lo mismo, pero ya no con la dedicación religiosa, sino con la financiera en Caja Navarra.

 

En 2002 “La Caja”, como es conocida popularmente, gozaba de una posición casi de monopolio en la comunidad foral y exhibía una fama de seriedad y solvencia que la situaban a la par de las principales entidades españolas de mucho mayor tamaño. Hoy, 10 años después, la entidad ya no tiene capacidad financiera y se limita a gestionar la cuantía de la obra social que le permite su participación del 1% en Caixabank. El valor de Caja Navarra en 2009, según sus propias cuentas, era de 1.200 millones. A comienzos de 2012 su informe de auditoría lo cifraba en 258 millones, y el acuerdo de absorción en marzo pasado adjudicaba a la entidad navarra 180 millones dentro del accionariado de Caixabank. En paralelo a esta pérdida de valor, las retribuciones que percibían los miembros de su dirección aumentaron entre 2004 y 2011 un 216%.

 

La gestión de Caja Navarra de la última década va unida al nombre de Enrique Goñi, director general primero, copresidente de Banca Cívica después y actualmente integrado dentro de la dirección de Criteria, la corporación industrial de Caixabank. Con Goñi al frente, la entidad navarra apostó por una agresiva estrategia de expansión fuera de Navarra, incluyendo el desembarco en Euskadi con 40 sucursales y rompiendo así el acuerdo no escrito entre cajas de ahorro limítrofes de no introducirse en el área de negocio del vecino. Muestra del afán expansivo de Goñi es la inauguración en 2010 de la denominada “sede central en Estados Unidos”, en el número 1775 de la avenida de Pennsylvania de Washington, a pocos metros de la Casa Blanca y frente al Banco Mundial. La oficina sigue existiendo hoy, con rótulos y luces, pero sin personal. Solo en la imagen corporativa, con tres cambios de logotipo en 4 años, trabajaban 24 personas de una agencia externa, Bermer, que facturó una media de 600.000 euros anuales durante aquella época.

 

Una de las ideas estrella de Goñi fue la creación del programa Tú eliges, tú decides que permitía a los clientes mostrar su preferencia para dirigir los fondos de la obra social de la caja hacia un proyecto concreto. Caja Navarra quiso abanderar entonces un nuevo modelo financiero “transparente y participativo” que exportó después a Banca Cívica, el banco surgido de su fusión con la andaluza CajaSol, Caja de Burgos y Caja Canarias. “Que me digan qué hacen con mi pasta”, es uno de los lemas que se encontraban hasta hace poco en las paredes de las oficinas de Banca Cívica.

 

Otro de los debates era el de la remuneración de los cargos públicos que se sentaban en los órganos de dirección. Hasta 2010, los estatutos de Caja Navarra marcaban que su presidente era el propio jefe del gobierno foral. Fue Miguel Sanz (UPN) quien propuso a Goñi para liderar la entidad, avalado por un consejo de administración en el que se sentaban miembros del ejecutivo, parlamentarios o cargos municipales, como la entonces alcaldesa de Pamplona y hoy presidenta de la comunidad, Yolanda Barcina, que ejercía como vicepresidenta de la caja. En 2010, el entonces presidente Miguel Sanz percibió 90.000 euros en dietas de Caja Navarra, más que sueldo como jefe del Gobierno, fijado en 69.354 euros. Yolanda Barcina, entonces regidora, declaró unos ingresos totales de 143.000 euros, de los que un 55% procedía de la caja. Por su parte, el líder del PSN, Roberto Jiménez declaró públicamente haber percibido 40.000 euros.

 

El cambio de estatutos para “despolitizar” la entidad llevó a presidir la caja al abogado José Antonio Asiáin, exvicepresidente foral, y llevó al consejo de administración al presidente de la patronal, José Antonio Sarría, al director general de Diario de Navarra, Luis Colina, o al expresidente navarro Juan Cruz Alli. Además, creó un nuevo órgano sin funciones ejecutivas llamado Junta de Entidades Fundadoras, en el que se sentaron cargos públicos de UPN y PSN hasta que hace ahora un año la polémica sobre las dietas percibidas obligó a eliminarlo. Por cada una de las reuniones a las que acudían cobraban 1.700 euros, que subían hasta 2.600 en el caso de la presidenta. Reuniones sin función concreta en un edificio, la sede central de la avenida Carlos III de Pamplona, que fue vendido en 2010 a un grupo de clientes para obtener liquidez y será abandonado ahora por Caixabank, que quiere ahorrarse los dos millones anuales del alquiler.

 

 

Juan Kruz Lakasta

Leyendas forales

Noticias de Navarra

Si pasas con el coche cerca de la rendija del baluarte de San Bartolomé se te aparece Santiago Cervera en el asiento de atrás, y te dice «En esta rendija me maté yo políticamente».

Si introduces una tarjeta de crédito de la Caixa en la rendija y tecleas en los bloques de piedra contiguos su contraseña, te da 25.000 euros.

Hay un túnel subterráneo que comunica la rendija con el agujero insondable de las arcas forales de Diputación.

En las manchas de musgo de los bloques de piedra de alrededor de la rendija se aprecian claramente las caras de Urralburu y Asiáin, con los rasgos de sus tiempos de presidente y vicepresidente foral.

Si gritas fuerte a la rendija «Navarra» a los pocos segundos un extraño eco te responde «Siempre p’alante, siempre p’alante, siempre p’alante…».

Simón Santamaría no hace públicas las imágenes de la cámara de seguridad que apunta a la rendija porque en ellas aparecen Yolanda Barcina y Roberto Jiménez paseando por el entorno del baluarte de San Bartolomé cogidos de la mano como dos enamorados.

Simón Santamaría no hace públicas las imágenes de la cámara de seguridad que apunta a la rendija porque en ellas aparece Miguel Sanz haciendo un calvo y gritando «¡Arriba el quesito!».

Las reuniones de la Junta de Fundadores de la Can las hacen en una cámara acorazada secreta situada en el interior del baluarte de San Bartolomé, a la que se accede mediante una puerta camuflada en la muralla. La rendija en realidad es un detector de voz. La contraseña que los dietistas tienen que decir alto y claro para que se abra la puerta secreta es «Son 10.000».

Iker Jiménez ha investigado el caso y, tras colocar una grabadora al lado de la rendija durante toda una noche, ha conseguido unas sicofonías en las que se escucha a García Adanero y Roberto Jiménez declarando, respectivamente, «La integración de Caja Navarra en la Caixa es buena y positiva para los intereses de la Comunidad Foral» y «¿Qué ha pasado en Caja Navarra que no haya pasado en el conjunto del sistema financiero español?».