El Anuario que presentamos aspira a ser fiel continuador de los que hemos publicado en los años anteriores 2011 y 2012. Como se podrá comprobar, incluimos una larga lista de análisis, reportes y cronologías que buscan abarcar una gran diversidad de conflictos. Los casos abordados se han desarrollado durante el pasado año o en años anteriores, pero con consecuencias que todavía perduran en el momento actual.
Los artículos están agrupados en diferentes secciones en función de regiones o de los ejes de conflicto que abordan: el devenir de los procesos de democratización –y desdemocratización- en Oriente Medio, Turquía y la generalmente “olvidada” África Subsahariana (Sección 1); el estado actual de los movimientos de indignación en el Estado español (Sección 2); las paradojas y estridencias de la acción colectiva en la crisis social en Europa: las revueltas urbanas en los contextos específicos de Estocolmo e Inglaterra y la emergencia de la extrema derecha en Grecia (Sección 3); las protestas estudiantiles y su impacto político, con sus variantes en Chile, México y Quebec (Sección 4); el curso particular de la protesta social en Euskal Herria y, sobre todo, la relevancia de la revuelta soberanista en Catalunya: principalmente, esta última merece una atención especial en el Anuario, tanto por la novedad que significa como por la necesidad de cubrir las diversas perspectivas del proceso (Sección 5); las luchas sociales y el proceso de paz que se desarrollan en Colombia, la polarización que se está dando en la sociedad venezolana y las formas relativamente nuevas que está tomando la violencia colectiva en Argentina (Sección 6); los conflictos relacionados con el género concentran también una especial cobertura en esta edición, con contribuciones sobre la escalada del acoso sexual en Egipto, las respuestas a las violaciones en India y la movilización transnacional de las empleadas del hogar (Sección 7); el movimiento obrero y las diversas movilizaciones populares frente a lo que convencionalmente se denomina “la crisis”, destacando las movilizaciones sindicales en México (maestros) y en el Estado español, incluyendo las luchas en defensa de la educación pública y de la lengua en las Illes Balears (Sección 8); los conflictos socioambientales en Colombia y Chile, profundizando en el choque cultural que supone (Sección 9); las políticas de la memoria en Argentina, Chile y en el caso español (Sección 10); finalmente, en el último apartado (Sección 11) se ofrecen balances generales sobre los orígenes y la evolución de los conflictos y la posible crisis de hegemonía progresista que se vive en América Latina, sobre un cierto declive de la protesta en Estados Unidos en relación al auge del período 2011-2012 y sobre sus nuevos actores en escena, y además acerca de la crisis del movimiento sindical y de la socialdemocracia en Europa, destacando los desafíos que representa para la izquierda una Unión Europea cada vez más autoritaria y neoliberal.
Algunas reflexiones de uno de los artículos que aparecen en este Anuario nos parecen reveladoras del momento en que nos encontramos a escala mundial y, sobre todo, europea: “No es la pura razón -escribe Asbjorn Wahl- sino las relaciones de poder presentes en el seno de una sociedad lo que determina la ‘solución’ que finalmente se elige” y, efectivamente, así es. En ese sentido se podría decir que nos encontramos en un período de bifurcación histórica: o bien se sigue caminando hacia lo que se está ya convirtiendo en una “Gran Involución” (o, también, “chinización” del mundo), con el riesgo de que la etapa de progresiva, aunque desigual, conquista de derechos sociales –y, con ellos, de libertades políticas fundamentales- se convierta simplemente en una “anomalía histórica” derivada de las relaciones de fuerzas resultantes de la Segunda Guerra Mundial (bastaría remitirse a películas como “El espíritu del 45”, de Ken Loach, para recordar las esperanzas generadas entonces); o por el contrario -recordando a Karl Polanyi- se produce una respuesta creciente de autodefensa de la sociedad civil frente a la “dictadura de los mercados”, capaz de ponerle atajo, pero también -como propone Nancy Fraser- dispuesta a ir más allá, en un sentido autoemancipatorio, de todo tipo de despotismos y garantizando la preservación de los bienes comunes y la sostenibilidad de la vida en el planeta.
Dentro de esa disyuntiva, el año 2013 se ha cerrado en un momento particularmente distinto al del año anterior: la desafección ciudadana hacia la política institucional y el retorno al primer plano de la acción colectiva y la protesta siguen en pie; y con ellos se va abriendo paso una reivindicación de otra política y de otra forma llevarla a cabo. Pero vemos también en distintas partes del planeta que muchas de las revueltas y conflictos sociales no han llegado a provocar cambios sociales y políticos de envergadura. No son pocos, entonces, los síntomas de desánimo y desgaste. En este escenario se identifican -como en el caso de Europa- discursos desesperanzadores como “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”, el “sálvese quien pueda” de la cultura del “emprendimiento” o la estigmatización de las capas más afectadas por la crisis como “perdedoras”.
Parece así que los imperativos neoliberales impuestos como “sentido común” en las últimas décadas, tienen todavía la fortaleza suficiente para -a pesar de la crisis de legitimidad y los agravios comparativos que suscita (acentuados, más si cabe, con la corrupción sistémica global)- seguir adelante en sus “terapias de choque” y en el proceso de desdemocratización de nuestras sociedades. El resultado es, como estamos viendo, una agravación mayor de las desigualdades sociales -y de todo tipo- y el ascenso de amenazas autoritarias y de extrema derecha en el corazón mismo de Europa.
Resulta tentador, y posiblemente consolador, sostener que mientras en Europa se desmantela el Estado de Bienestar y se desdemocratiza la política, en varias regiones del Tercer Mundo se reinventa y fortalece -desde abajo- la democracia y el control político sobre el mercado. Ciertamente, se está lejos de un juego de suma cero donde el mercado se desregula en el Norte tanto como se controla en el Sur, o donde la democracia del Sur se fortalece de manera inversamente proporcional al avance del autoritarismo de “La Troika” en Europa. En la presente edición de este anuario se evalúan sin romanticismos, por ejemplo, las derivaciones de la “Primavera Árabe” y el curso de los proyectos “progresistas” en América Latina. Se reconoce la necesidad de identificar las particularidades de los diversos procesos, evitando las gruesas generalizaciones; sin embargo, los análisis y los vaticinios exigen cada vez más mesura y autocontrol del entusiasmo frente a la capacidad transformadora del conflicto social.
En el Sur, efectivamente, se están dando señales contra las arbitrariedades económicas y políticas propias de su condición de dependencia: la prolongación de los proyectos progresistas y las derrotas electorales generalizadas de la derecha en América Latina, la persistente demanda democratizadora en el mundo arábico (con la nueva Constitución de Túnez como respuesta institucional concreta), la disminución cuantitativa del conflicto en África y el rol que comienza a jugar la Unión Africana, como ejemplos de gran escala. No obstante, estos procesos enfrentan grandes limitaciones y desafíos que este Anuario intenta iluminar a los ojos de quienes se interesan o se implican en el conflicto social. Más que grandes expectativas, hoy un análisis riguroso de los conflictos sociales del 2013 nos alerta sobre la arremetida de un mercado desbocado y campeante en el Primer Mundo, pero también desde “abajo” y desde el Sur nos indica que -aun siendo limitadas las reivindicaciones conseguidas- no estaría todo perdido frente a las arbitrariedades del capital. Ciertamente, seguimos en una “era de fuerte presión desde abajo” -como escribía nuestro colega Salvador Aguilar en su Introducción a la edición del anterior Anuario- a la búsqueda de alternativas y de los recursos necesarios para hacerlas realidad.
Concluimos con los agradecimientos a todas las personas que han colaborado en este Anuario, a quienes han coordinado las respectivas Secciones y, en especial, a María Trinidad Bretones, sin cuyo esfuerzo no habríamos podido cerrar este trabajo colectivo.
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