“Libres o muertos, jamás esclavos”
La vida (y la muerte) de Andrés María Armendáriz Leatxe (Nabarra 1948-Argentina 1977) constituye un episodio más de la historia silenciada por el terrorismo de estado.
La proximidad del 38° aniversario del golpe genocida del 24 de marzo de 1976, caracterizado por la desaparición y asesinato de más de 30.000 personas, nos obliga a una reflexión de memoria, verdad y justicia para dar testimonio de una certidumbre irrefutable ante el horror.
Andrés M. Armendáriz Leatxe emigró muy joven, junto a su familia, hacia Argentina, estableciéndose en la ciudad de Río Gallegos, en la patagónica provincia de Santa Cruz. Durante esos años fue aficionado a la fotografía y al periodismo. Cuando concluyó sus estudios secundarios decidió vivir en la ciudad de Buenos Aires para estudiar la Licenciatura en Relaciones Humanas en la Universidad de Buenos Aires UBA. Según testimonio de su amigo Oscar A. Bidabehere, en referencia a su amigo Andrés, en esa época, “se nos había hecho carne la búsqueda de un camino que libere a los oprimidos, que borre la injusticia de un mundo dividido entre ricos y pobres”. Semejantes inquietudes de justicia social llevarían a Armendáriz Leatxe a militar en la Juventud Trabajadora Peronista, brazo sindical de la organización Montoneros. El 27 de marzo de 1977 fue ejecutado en Buenos Aires por fuerzas militares “asesinado en medio de esa orgía de sangre que sumió a la Argentina. Una muerte violenta, atroz, una juventud robada” (Bidabehere).
Para una mejor comprensión de esta historia considero que una breve contextualización no se juzgará inapropiada. El derrocamiento del gobierno democrático del General Juan D. Perón en 1955 por un golpe militar y la represión que le siguió, son antecedentes de un progresivo ascenso de las luchas obreras y la incorporación al bloque de resistencia popular de sectores medios. Este periodo se caracterizó por la inestabilidad institucional, movilizaciones y la implantación de dictaduras genocidas, funcionales a la extranjerización y privatización de la economía que exigía el imperialismo capitalista estadounidense.
Así fueron surgiendo organizaciones sociales, que bajo la bandera de la justicia social, protagonizaron las alternativas de la resistencia obrera y la demanda de derechos sociales que el pueblo argentino reclamaba. Podemos mencionar a Resistencia Peronista (1955/56), Uturuncos (1959/60), Ejército Guerrillero del Pueblo (1963/64), Fuerzas Armadas Revolucionarias (1966/73), Fuerzas Armadas de Liberación (1969/73), Ejército Revolucionario del Pueblo (1968/76), Descamisados (1968/72) y Montoneros (1968/79). Estos últimos manifestaban que, para el retorno del pueblo al poder había que derrotar al ejército de la oligarquía, la burocracia sindical y el imperialismo. Para ello no bastaban las movilizaciones, las huelgas y la lucha electoral sino la guerra popular, porque sólo un ejército derrota a otro ejército. La estrategia política de montoneros determinó el accionar en el ámbito sindical y a este objetivo responde la creación, el 1° de mayo de 1973, de la Juventud Trabajadora Peronista. Uno de sus delegados fue el navarro Andrés M. Armendáriz Leatxe, que siendo muy joven se incorporó a montoneros para luchar por un país con mayor equidad e inclusión social. Sus consignas fueron “Patria sí, colonia no”, “Libres o muertos, jamás esclavos”, “Patria o muerte, venceremos”.








