ENTREVISTA a l’acadèmic, polític i escriptor amb motiu de la seva darrera novel·la, ‘Escolta, Sefarad’
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-¿Considera que se ha mitificado en exceso la figura de Jaume I?
-Creo que, como tantos otros personajes legendarios, lo tenemos mitificado. Pero tenemos mucho menos mitificado que otras culturas con sus personajes.
-¿Cómo por ejemplo?
-Los Reyes Católicos, sobre todo Isabel la Católica. Aunque no sale en la novela, ella y Ferran son los responsables finales de la expulsión de la comunidad sefardí, y nos la han presentado como una persona muy poderosa. Que seguramente lo era, más que el marido, pero también nos la presentan como una persona que hacía ir a Ferran como un calzonazos, y eso tampoco es cierto, porque en aquella época era impensable que las cosas fueran así. También la presentan como una persona muy inteligente, pero realmente era una fanática religiosa. Si rascas un poco, también ves que era una persona con cierto tirón por los celos extremos, y eso está tipificado psicológicamente. Como de hecho tuvo también una de sus descendientes, Juana, llamada la Loca, y su madre también, que acabó encerrada en un convento. Debía de haber un gen en aquella familia que hacía que fueran tremendamente desconfiadas, inseguras, posesivas… Creo que el trabajo de mitificación que ha hecho el nacionalismo español de Isabel la Católica es tan bestia, que aunque cojamos la figura de Jaume I, la sumemos a la de todos los reyes juntos e intentemos promocionarlos. Creo que de Jaume I hemos hecho una mitificación modesta.
-¿Y es importante mitificar nuestras leyendas?
-En cierto modo es recomendable, porque los mitos son lo que hace buenos libros, hace buenas películas… Es lo que llega a la masa de gente. Luego estarán los historiadores que se encargarán de centrar las cosas, pero yo creo que los mitos forman parte indisociable del orgullo de pertenecer a una comunidad. Los catalanes no hemos tenido la capacidad de fabricar tantas leyendas como otras culturas. Los reyes de estas operaciones son, evidentemente, los anglosajones, tanto estadounidenses como británicos. Nos han construido unos mitos que además los arrastramos todos. ¿Quién no conoce a Lincoln, Washington, o a la reina Victoria? Cada día aparecen dos o tres películas sobre cada uno de éstos [se ríe]. Nosotros nunca llegaremos a este nivel. Por tanto, dentro de este trabajo mitificador modesto que podemos hacer nosotros, yo creo que, si queremos existir como nación, es del todo recomendable que hagamos un cierto trabajo de mitificación. Que tengamos nuestros mitos.
-¿Existe, de alguna manera, miedo entre los catalanes a mitificar figuras del pasado?
-Más que miedo hay complejo. Es un complejo de autoodio, que nos hace destruir a nuestros mitos. Yo, cuando enseñaba historia, siempre les decía: ‘Primero, que desmitifiquen los grandes, que se carguen sus mitos, y entonces ya iremos nosotros detrás’. Cuando vea que se están cargando el mito de Isabel la Católica, que están intentando desmontar a otro personaje incuestionable, como Carlos V o Felipe II, entonces ya diré que nosotros podemos ir detrás. En cambio, creo que lo hemos hecho a la inversa. Hemos ido a desmitificar a los nuestros, y la historiografía catalana es un esfuerzo brutal por desmitificar, mientras que nuestros vecinos poderosos no lo han hecho. Los franceses no lo han hecho.
-¿Cómo desacomplejarnos como sociedad?
-Creo que la sopa de ajo ya se ha inventado. ¿Qué hacen los ingleses con series como ‘The Crown’? ¿O los americanos? Pues cogen sus mitos, los ponen allí, se rien de ellos y los humanizan. Y esto llama la atención. Y lo hacen, evidentemente, a través de las herramientas más modernas y masivas que existen hoy en día: las redes, en las plataformas, medios de comunicación. Y los que hacemos libros, también asumiendo la responsabilidad que nos corresponde, debemos hacer cada vez más libros, que pueden ser muy profundos, y pueden ser, si quieres, incluso experimentales. Yo creo que, en este caso, lo es, porque no creo que sea muy común hacer un libro contado por un libro. Yo estoy convencido de que los libros deben ser muy visuales, cinematográficos… Que enganchen, y que enganchen por las vísceras. Jaume I era una persona de carne y hueso, ¡retratalo! Y, ya que no estás haciendo una tesis doctoral, puedes permitirte el lujo de inventar la persona que crees que era.
-Hacerlos atractivos para el público…
-Presentarlos como lo que seguramente eran, humanos muy complejos, con sus fortalezas y debilidades, con su coraje y ridiculez. Creo que es una receta interesante para potenciar todo lo que son nuestros referentes y, de rebote, lo que podría ser una cultura potente apelando a los intereses y los instintos de la población. En ‘The Crown’, los espectadores tienen la sensación de estar hablando con la reina de Inglaterra como quien está hablando con la tía o con la vecina del tercero. Pues esta proximidad creo que motiva al lector más normal a leer un libro que, de entrada, puede pensar que es un ladrillo. Yo, que he estado en política, creo que los grandes momentos tienen siempre momentos ridículos. Las grandes decisiones siempre pasan por casualidades, incluso hilarantes. Creo que plantear la comunicación en términos emocionales hace llegar el mensaje con mucha más fuerza. Mi objetivo es entretener con historias que enganchen. Si esto funciona, creo que hacemos un gran favor a lo que puede venir después, que es la creación de una cultura compartida.
Gerard Mira








